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14 de Apr de 2021

Redacción Digital La Estrella

Opinión

Experiencias de banquero (I)

E mpecé mi carrera con el Chase en mi David, como técnico agrícola en el exitoso Programa de Crédito Agrícola, iniciado en los años 1950...

E mpecé mi carrera con el Chase en mi David, como técnico agrícola en el exitoso Programa de Crédito Agrícola, iniciado en los años 1950 en David, mi ciudad natal. Ese Programa, producto de la visión de un gran banquero, don James Edward Healy, no solo fue importante para nuestro país por su positiva contribución al desarrollo de la agricultura y ganadería nacional, si no por ser medio de desarrollo profesional de una grupo de notables banqueros panameños que luego continuaron contribuyendo al desarrollo del país en otras ramas ejecutivas de la banca local y en el extranjero, como han sido Enrique Real, Luis H. Moreno, jr, Carlos Dutari, Olegario Barrelier, Joseph Salterio, Pedro Barragán, Didier Moreno, Roberto Miranda, Carlos Alvarado. Además, el Programa fue exportado a: Honduras, Colombia, Venezuela, Brasil y Trinidad-Tobago.

Por mi formación académica en Producción Avícola, fui trasladado a Trinidad-Tobago en 1964, donde el Chase había abierto la primera sucursal de banco extranjero en Trinidad, luego de su independencia en 1963. Fui seleccionado debido a que ese país cuenta con una de las industrias avícolas más desarrolladas del Hemisferio Occidental; de hecho, la de pollo sigue siendo la única carne fresca de fácil acceso al público.

Hoy me gustaría compartir con Uds. breves anécdotas de mis múltiples experiencias en el exterior, sobre todo porque ilustran diferencias en la manera de pensar y actuar en otras sociedades.

En el ámbito de trabajo de banco en Trinidad se consideraba que los hombres no eran aptos para ser cajeros; las mujeres eran más meticulosas, exactas y con mejor trato al público. Curiosamente, en esa misma época en Panamá se creía que las mujeres no eran aptas para el puesto de cajero. En Trinidad fui instrumental en nombrar el primer cajero, un ‘trini’, así llaman a los trinitarios. Fue éxito total.

Cuando regresé a Panamá, en la década de los 70, se mantenía el criterio de que el trabajo de cajero era muy duro para una mujer, que ‘era trabajo de hombre’. No fue fácil lograr colocar mujeres como cajeras, es más, si mi memoria no me es ingrata, el primer nombramiento de cajera en el Chase no fue exitoso, seguramente fue víctima de la profecía autorealizable de que ‘cajero, es trabajo de hombre’. Felizmente, la historia ha reivindicado a la mujer, como lo demuestra el superior número de cajeras en todos los bancos que operan en Panamá y su excelente servicio.

Mi segunda experiencia en el Caribe en la década de los 80 me llevó a St. Thomas, Islas Vírgenes Americanas con responsabilidades en St. Maarteen y Tortola, cinco islas, tres jurisdicciones; estadounidense, británica y holandesa. Cada isla representaba una cultura diferente, lo que hizo muy interesante mi segunda permanencia en el Caribe.

A propósito, en las Islas Vírgenes Inglesas, (Tortola) a los nacidos en ese país le llaman ‘belongers’, encuentro simpático la designación a sus ciudadanos de ‘pertenecientes’. Volaba a Tortola en un viejo hidroplano conocido como ‘The Goose’, (el Ganso), experiencia inigualable.

Una de las impresiones que me queda de esa época es la diferencia en actitudes ante el concepto de calidad de servicio entre los isleños, los turistas y los extranjeros residentes en las islas.

El turista y el extranjero residente exigía trato expedito; el isleño era menos exigente en ese sentido. La mayoría del isleño consideraba su visita al banco como una oportunidad de encuentro y amena conversación con amigos y conocidos, aparte de realizar una transacción. En cierta medida era una ocasión para socializar y contribuía a un relación amena entre banquero y cliente. Se procuraba crearles un ambiente amigable y buen trato personal.

Recuerdo en St. Maarten observar en bancos canadienses, quienes considero los mejores conocedores del negocio de banca en el Caribe, tener pantallas de TV enfrente de cada fila de cajero. Chase ofrecía buen ambiente y café. Constantemente, tuve que lidiar con las dos actitudes conflictivas. Por un lado, el visitante y residente extranjero enfáticamente exigiendo filas más rápidas, lo que no era prioritario para la mayoría de la clientela local. Interesante ejemplo de diferencias en criterio de calidad de servicio.

Mi experiencia como banquero del Chase está plena de enseñanzas y anécdotas, tanto en Panamá como en el exterior. Viví periodos históricos interesantes en Panamá, como por ejemplo, el cambio a jurisdicción panameña en la antigua Zona del Canal y su impacto en el Sistema Bancario Doméstico y el proceso de automatización a los que pienso referirme en futuras entregas. Como también anécdotas sobre mi experiencia en Europa.

BANQUERO Y EXDIPLOMÁTICO.