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23 de May de 2022

  • Redacción Digital La Estrella

Opinión

Los cambios que he vivido

H ay días en los que me siento a reflexionar sobre los cambios que he vivido a lo largo de mi vida. Quizás entre los cambios más dramáti...

H ay días en los que me siento a reflexionar sobre los cambios que he vivido a lo largo de mi vida. Quizás entre los cambios más dramáticos que he conocido, están los de la Iglesia, recuerdo la misa en latín, de espaldas a los fieles, los sacerdotes con sotana, y las Iglesias en los barrios más pudientes. Un cambio dramático comenzó a darse tras la muerte de Pío XII y hoy la Iglesia, que pasó por una Iglesia popular revolucionaria, llegó finalmente a la actual, más cerca de los fieles, con mucho más trabajo social y en los idiomas de los países donde se encuentre. Vimos el surgimiento de Caritas, de los programas en las escuelas católicas de una experiencia en comunidades pobres. Todavía hoy existen presiones para más cambios, donde el celibato está fuertemente cuestionado y de igual forma se confrontan con los que aceptan el aborto y el matrimonio entre el mismo sexo. La Iglesia lucha por modernizarse frente a la popularidad de los evangélicos cristianos, cuya membrecía sigue creciendo llevándose católicos mayormente.

Luego reconozco el cambio en los empresarios, que en las décadas hasta los setenta eran inversionistas buscando utilidades, donde el trabajador recibía un salario y no tenía derecho a más y el empresario no sentía compromiso con la sociedad ni la comunidad donde operaba. Apoyado por un Código de Trabajo aprobado en 1947 y totalmente de ‘la patronal’, el sindicalismo era casi inexistente. No existían décimo tercer mes ni bonificaciones, la empresa era para enriquecer a los dueños. Hoy los empresarios aceptan su responsabilidad social, las empresas tienen muchas guarderías, comedores y hasta trabajadores sociales atendiendo a los empleados. Muchas han adoptado el pago de bonificaciones según las utilidades.

Cerca de los cambios en los empresarios, están los cambios en el mundo laboral. Con el Código de 1972 cambiaron todas las reglas, gracias a la revolución. Se fortaleció el sindicalismo al establecer el descuento obligatorio de la cuota sindical, se balanceó el Código para que hubiese más justicia laboral. Hoy el sindicato es el mejor amigo de la industria, la relación con los empleadores, ya no patrones, es más fluida. Hay que entender que el empleado tenía que aceptar todas las condiciones del empleador, porque no había mucha oferta de trabajo y su renuncia era igual que desempleo. Como muestra, por años el comercio y luego la industria de la confección, que estaba en manos de comerciantes, te daban dos semanas de prueba, sin sueldo, para luego decidir si te contrataban. Hoy los empleados perfectamente salen de un trabajo mal remunerado y obtienen en poco tiempo otro.

Otro cambio vivido fue en el comercio. Panamá hasta los setenta se rigió por el cierre obligado a las 6 de la tarde. Primero los supermercados abrieron hasta las 9, al aprobársele a ellos, estos empezaron a vender otros artículos fuera de los comestibles, lo que forzó a levantar el cierre a las 6 del comercio. Los súper incorporaron farmacias y abrían entonces hasta la medianoche, al incluirlas como farmacia ‘de turno’ y abrir entonces hasta medianoche. Otras farmacias lograron que las igualaran en el horario a las de turno y al abrir de noche incluyeron vender otros productos, porque aún el comercio cerraba a las 6. Por eso nuestras farmacias son más tienda que farmacia. Eventualmente se derogó la ley del cierre a las 6.

Resaltó igualmente el cambio en las rutas al interior. Hasta ayer, (1961), ir al interior significaba o cruzar en el ferry, cuya ruta era exactamente bajo el ahora Puente de las Américas, o cruzar por el puente de Miraflores, solo que este se abría con el paso de barcos por el canal. Hoy dos majestuosos puentes nos conectan con el oeste.

Y luego, por supuesto, el cambio de un Panamá sin Zona del Canal. Yo siento que los panameños no objetábamos tanto la presencia de bases militares norteamericanas, como sí objetamos la presencia de un territorio fuera de nuestra soberanía y sistema legal. Una Zona con correo propio, placas de circulación propias, policía propia, juzgados propios, su propio gobernador. La salida el 31 de diciembre de 1999 de todo ese enclave transformó totalmente nuestra ciudad y las oportunidades de desarrollo urbano. Si sumamos el manejo del Canal por Panamá vemos la dimensión del cambio logrado.

En el mundo también hemos presenciado gran cantidad de cambios. La muerte extraña de un papa Juan Pablo I, la renuncia de otro, Benedicto XVI, la escandalosa salida de un sacerdote para casarse, el padre Alberto. Vivimos la lucha fallida de un pueblo por su libertad, en Hungría, así como el movimiento que logra liberar Polonia dirigido por un obrero, Lech Walesa. Vimos 28 años de cárcel de Mandela y su presidencia al lograr la libertad, acabando el apartheid. Vivimos la Perestroika, preludio al final de la Unión Soviética y el fin de la Guerra Fría, luego la caída del muro de Berlín y la unificación de Alemania. Vivimos las décadas de los setenta y ochenta con más de 16 dictaduras en América, todas eliminadas antes de culminar los ochenta, salvo Cuba que busca modernizaciones en el siglo 21. Vimos a la República Popular China recibir a Hong Kong y mantener una política de un país dos sistemas, vivimos el esplendor del imperio norteamericano por su poderío militar, y sus derrotas en Viet Nam, Somalia, Afganistán, indicando ya su salida de líder para ser reemplazados pronto por China. La verdad, hemos vivido.

INGENIERO INDUSTRIAL Y ANALISTA POLÍTICO.