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27 de Nov de 2020

Redacción Digital La Estrella

Opinión

Crecer no es suficiente

No pudo decirlo con mayor claridad. Crecer no es suficiente. La economía panameña puede batir todos los registros latinoamericanos en té...

No pudo decirlo con mayor claridad. Crecer no es suficiente. La economía panameña puede batir todos los registros latinoamericanos en términos de crecimiento, pero eso no basta, pues el gran reto es que la riqueza llegue a las áreas rurales y pobres del país.

‘Si el crecimiento no está acompañado de otras cosas, lleva a la concentración del ingreso y a la acumulación en los sectores altos de la sociedad y se deprimen los otros sectores que no tienen acceso’. Fueron palabras de Enrique Iglesias, quien dirigió el Banco Interamericano de Desarrollo y actualmente es secretario general iberoamericano.

La panameña no es una economía incluyente y eso amenaza su sostenibilidad. Aunque se publiciten cifras para demostrar que se ha logrado una notable disminución de la pobreza, los índices de marginalidad siguen siendo alarmantes.

No necesariamente el crecimiento económico es signo de disminución de la pobreza. Brasil que ha registrado importantes índices en materia de reducción de la pobreza, no está a la cabeza del crecimiento económico latinoamericano. Pero sí está a la vanguardia de políticas públicas audaces para enfrentar los desafíos del hambre y la pobreza y sus programas son modelo para todo el mundo.

Precisamente, la semana pasada el expresidente brasileño Luiz Inacio Lula da Silva desafió a los gobernantes latinoamericanos a poner en marcha políticas para erradicar la pobreza. A su juicio ese flagelo existe no por falta de dinero, de producción agrícola o de tecnología, sino por falta de vergüenza de los gobernantes.

Afirmó que está cansando de escuchar a los líderes latinoamericanos pedirle a los pobres tener paciencia. ‘Los pobres no tienen por qué tener paciencia, deben tener presencia y confianza en su gobierno’, recalcó.

Mientras Lula da Silva hacía esas agudas reflexiones, el Banco Mundial hablaba de crecimiento sin precedentes de la economía latinoamericana y de que ese crecimiento ha contribuido a disminuir la pobreza. ‘Latinoamérica viene de una década excepcional, 73 millones han salido de la pobreza la pasada década, es una cifra increíble’, dijo el vicepresidente del Banco Mundial para América Latina, Hasan Tuluy.

La preocupación de los organismos internacionales, dentro de una falta de sensibilidad ante el problema de la pobreza, son las políticas macroeconómicas y financieras.

El mejor ejemplo de la brecha existente entre las aspiraciones y la realidad lo da la economía de Estados Unidos. Un caso notable, lo acaba de revelar un informe de la administración de la ciudad de Nueva York. Bajo el brillo de los dólares de Wall Street se esconde la pobreza, que azota cerca de la mitad de los neoyorquinos, porque sus ingresos no les alcanzan para llegar al fin de mes. En contraparte, la fortuna de los billonarios de la ciudad creció 11 billones en un año, hasta alcanzar los 211 billones, lo que equivale a los ingresos anuales de cuatro millones de familias en la media de Nueva York.

‘No es que la movilidad social sea imposible, pero la movilidad ascendente se está convirtiendo en una rareza estadística en Estados Unidos’, escribió la semana pasada en The New York Times, el premio Nobel de Economista Joseph Stiglitz.

Planteó que una forma de avaluar la igualdad de oportunidades es preguntarse hasta qué punto las oportunidades de vida de un joven dependen de la educación y los ingresos de sus padres. ‘¿Es igual la probabilidad de que el hijo de padres pobres o con bajo nivel de educación obtenga buena educación y acceda a la clase media a la que tiene alguien nacido de padres de clase media con título universitario? Incluso en una sociedad más igualitaria, la respuesta es no’, aseguró Stiglitz, profesor de la Universidad de Columbia.

Pero la razón más importante de la falta de igualdad de oportunidades es la educación. Tanto en cantidad como en calidad. ‘Aunque la segregación racial disminuyó, la segregación económica aumentó. El resultado fue una diferencia cada vez mayor en el rendimiento educativo’, añadió Stiglitz.

Reconocido por su rechazo a la teoría económica del goteo, la que preconiza que el crecimiento económico permeará hasta llegar a los pobres, Stiglitz anticipó que si no se revierten las tendencias actuales en la educación, la situación empeorará. Una población más educada genera más innovación, una economía vigorosa y mayores ingresos, lo que significa una mayor base tributaria. El imprescindible que el gobierno panameño tome medidas al respecto.

PERIODISTA Y DOCENTE UNIVERSITARIO.