18 de Ago de 2022

  • Redacción Digital La Estrella

Opinión

Alegrías y frustraciones

La vida no es más que una cadena de alegrías y frustraciones. Llegas a ser feliz cuando tus alegrías superan tus frustraciones, máxime c...

La vida no es más que una cadena de alegrías y frustraciones. Llegas a ser feliz cuando tus alegrías superan tus frustraciones, máxime cuando aprendes a controlar tu estado emocional frente a las frustraciones. El hombre maduro sabe que el secreto es no darse por vencido ante un fracaso, sino levantarse con más ánimo para corregir y triunfar. Hay miles de anécdotas de triunfadores en el mundo que fracasaron inicialmente, pero no desmayaron y continuaron su lucha. Una de las luchas más hermosas que conozco fue la lucha de todo un pueblo por un siglo casi por lograr su soberanía total. Muchos fuimos parte de esa lucha generacional, David frente a Goliat, el pequeño istmo de Panamá frente al imperio norteamericano.

Hoy, como espectador, sigo la carrera política de los presidentes. Me fascina estudiar su manejo en su gestión y comprender su estilo de enfrentar logros y fracasos. Ricardo Martinelli es un caso sin paralelo en nuestra historia. Al menos, no conocí presidente alguno, desde Remón en el 52 a la fecha, con estilo emocional parecido al presidente actual. Martinelli es un maestro de la publicidad estatal, su lluvia de cuñas publicitarias reflejan lo que pretende que el pueblo crea de sus esfuerzos. Siguiendo el estilo propagandístico nazi de excelentes resultados, cree que la repetición de una mentira se hace verdad en la mente del pueblo.

Con cada contrato asignado para una obra, la publicidad estatal, usando las presentaciones virtuales y las maquetas, inician a veces hasta antes de puesta la primera piedra, a repetirle al pueblo la obra en ejecución como obra realizada. Así, si vemos la publicidad, tenemos cinco hospitales nuevos, decenas de MINSA-CAPSI, un complejo hospitalario nuevo, una cadena de frío aliviando el costo de la canasta básica, un Metrobús perfecto en su funcionamiento, por supuesto un Metro de 18 km y una ciudad sin tranques.

No dudo que la intención del gobernante es que todo lo anterior sea realidad, además que sea realidad antes de terminar su mandato. La frustración, sin embargo, nace cuando llegando casi a la mitad de año, es decir, a un año de entregar el poder, empieza a ver que no se terminarán las obras o bien pudieran terminarse demasiado cerca de las elecciones.

Hoy, frustrado, empieza a presionar a ministros y contratistas, ya empezamos a oír duras críticas del frustrado presidente contra los colombianos del Metrobús, o bien contra FCC por los entronques de Calle 50 y el de vía Israel, aparte de frustrarse con los cinco hospitales de IBT. Martinelli empieza a ver que estas obras y ni hablar de la cadena de frío y del complejo hospitalario, aunque las ve un ciego, no las está viendo él.

Ya en una ocasión, un presidente, Mireya Moscoso, jugó con la imaginación del pueblo, pero con algo concreto: inauguró un puente, el Centenario, pero sin carreteras de acceso. Pero el puente estaba allí, tocaría al próximo presidente hacer las carreteras para poder usarlo. Lo maravilloso del mundo de las frustraciones del presidente es que las obras, por completarse, las ha convertido en la tarjeta de presentación de su candidato presidencial. José Domingo Arias insiste en su campaña que vistas estas obras ofrece seguir con más.

Entender a Martinelli no es fácil. Sus alegrías están puestas en las obras, los subsidios (más de 1,200 millones anuales) y la popularidad del gobierno. Tiene una gran facilidad para desconocer los problemas que está creando, desde un aumento de deuda de 4,000 millones, casi el endeudamiento de los 13 años de Torrijos, cuando los opositores denunciaban alarmados el crecimiento de la deuda. Parece no preocuparle la herencia adicional de deuda con los contratos ‘llave en mano’, muchos de los cuales terminarán en el 2014 y sumando cerca de 3,200 millones más.

Tampoco parece preocuparlo lo que digan convenios, tratados ni la Constitución. Pretende vender las compañías de comunicaciones en un 51%, mientras la Constitución dice que el Estado nunca podrá tener menos del 51%, o aprobar la ley propuesta por Yassir Purcait, que obliga a las empresas de servicio marítimo a tener un 75% en manos de panameños, violando convenios de inversión y acuerdos con naciones extranjeras.

El presidente tiene una característica muy especial. En su caminar, o se presenta relajado y feliz, o molesto y ‘bravo’. No parece importarle que su molestia sea notoria, se aleja del formato histórico de los políticos de mostrar siempre amabilidad, sonrisa y aceptación. Pare él no hay por qué ocultar sus sentimientos, por lo que con frecuencia parece mostrar su disgusto hasta con periodistas entrevistadores.

Pero así como el presidente es transparente al electorado y manifiesta abiertamente sus sentimientos de alegrías y frustraciones, el pueblo es distinto. El panameño es difícil de definir. Puede perfectamente decir en una encuesta que aprueba la gestión del gobierno y ese mismo día, si fuese el caso, votar con la oposición. Lo puedes ver en una manifestación de un candidato y al otro día en la de su opositor. Predecir con quién votará se hace difícil por su discreción y secretismo íntimo. Lo más práctico para establecer la intención de voto, es medir su nivel de alegría y frustraciones. Un pueblo frustrado con su gobernante votará oposición, por eso generalmente vemos la alterabilidad del poder. En cualquier gobierno son más los frustrados que los felices. Los subsidios y regalos a los marginados solo sirven para un respaldo inmediato y breve, inmediatamente pretenden más. Al final, llegamos a las elecciones y toca a los candidatos ser más los frustrados que los felices.

INGENIERO INDUSTRIAL Y ANALISTA POLÍTICO.