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25 de May de 2020

Redacción Digital La Estrella

Opinión

Autoestima maligna

El trastorno de personalidad narcisista, es un desorden que afecta al individuo, a los que están en su contacto. Reúne un patrón de cond...

El trastorno de personalidad narcisista, es un desorden que afecta al individuo, a los que están en su contacto. Reúne un patrón de conducta donde predomina la infatuación, la obsesión del ser con la exclusión de los demás, abunda el egoísmo, la ambición, el dominio, la autogratificación de los impulsos, al costo de los demás.

Narciso fue tomado por Sigmund Freud, quien admiraba las culturas clásicas antiguas, como término psicoanalítico para denominar el trastorno de la persona patológicamente enamorada de sí misma. Se origina en la mitología griega como otros términos psicoanalíticos: el complejo de Edipo, Electra.

Narciso era un joven bellísimo, rechazó a la ninfa Eco, despechada se ocultó en una cueva donde se consumió hasta que solo quedó su voz. Como castigo la diosa de la venganza Némesis lo condena a enamorarse del reflejo de sí mismo. Narciso al ver su imagen en el agua del estanque se acercó a abrazarla, ahogándose, de esta metamorfosis nace la flor del narciso.

Narciso no está enamorado de sí, sino de su reflejo. Imposible saber si esta imagen es real. Hay una gran diferencia entre nuestro Ser real y el reflejo nuestro.

El narcisista proyecta una imagen compatible con su autoimagen e invierte recursos y esfuerzos. Drena su energía mental en este proceso por eso no le queda ánimo para dedicarle a los demás. Incapaz de amar a otros en sus dimensiones y facetas, se transforma en un recluso mental. Su alma queda atrapada, encerrada en una fortaleza vacía. Todo lo que hace es para llamar la atención.

Egoísta, interesado en su bienestar personal, los de más son instrumentos, necesita una persona que se denigre ante él, para despreciarla, sentirse superior, precisa una audiencia sumisa que lo adore y alabe.

El narcisista es un actor en monodrama, detrás del escenario. Contrario a su reputación el narcisista, no se ama en el verdadero sentido de la palabra.

La ruptura de una relación con un narcisista (culminación de una larga cadena de humillaciones, sumisiones) es muy intensa, recargada emocionalmente. Al perder su poder sobre su víctima: explota, insulta, degrada, miente, devalúa, manipula, controla e ignora, utiliza todo tipo de abusos. Como vampiro se alimenta de las personas que reflejan la imagen que proyecta. La función de su víctima es adularlo, admirarlo, aplaudirlo para asegurar su existencia.

El narcisista condiciona su entorno para que se abstengan de criticar sus acciones o decisiones. Tiene que enseñar su poder, que no lo provoquen, si no quieren ser castigados. Experto provocando dolor, alecciona, si no te sometes a su dominio. Puede aceptar valores familiares, sentirse elegido, parte del grupo étnico religioso, transformándose en sádico, penalizando, haciendo sufrir, infligiendo dolor sin misericordia.

‘Malignant Self-Love – Narcissism Revisited’, escrito por Vaknin durante su divorcio, en condiciones extremas, penuria económica, reputación arruinada, libertad truncada. Lentamente acepta su culpa, agotado física, emocionalmente, hasta descubrirse a sí mismo.

De acuerdo con el DSM-IV el 75% de los narcisistas son hombres. Se estima un 0.7-1% de la población.

Reflejan patrones de grandiosidad, misoginia, exageran talentos, cualidades, superioridad, exigen trato especial, adulación, admiración desmedida, no muestran empatía por nadie. Arrogantes por encima de la ley, omnipresentes, arrojan temper tantrums, rabietas, cuando se frustran o les contradicen quienes considera inferiores e indignos.

Obsesionado con su fama, poder, belleza, convencido de que es único, especial, solo debe ser frecuentado por personas de estatus elevado.

Terapéuticamente son tratados con terapia cognitiva conductual o psicodinámica. Explotan interpersonalmente a otros para conseguir sus fines, a quienes utiliza y desecha sin consideración. Está convencido de que haga lo que haga, se saldrá con la suya, porque siempre será perdonado. Su estabilidad la mide por medios artificiales: dinero, fama, poder, miedo.

Con el tiempo envejece sin gracia, la inclemencia de los años lo traiciona, niega aceptar su cuerpo decrépito. El narcisista equivocadamente toma sus hábitos como identidad, equivalentes a su medio ambiente, su mundo interno vacío, incapaz de amar.

PSICÓLOGA, ESCRITORA Y DOCENTE UNIVERSITARIA.