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29 de May de 2020

Redacción Digital La Estrella

Opinión

Negando la educación y la formación

Afinales de noviembre del 2012 escribí sobre la amarga experiencia que me tocó sentir y vivir, cuando participé activamente en el recobr...

Afinales de noviembre del 2012 escribí sobre la amarga experiencia que me tocó sentir y vivir, cuando participé activamente en el recobro de los cadáveres de mis compañeros de la institución que creara Jean Henri Dunant, el equipo de rescatadores allí presentes sabía qué hacer, cómo hacerlo y localizó el punto donde estaba el carro accidentado con los dos compañeros. Mientras tres equipos de rescate, de México, Colombia y Costa Rica, por voluntad propia y por sentimientos nobles, llegaron a Panamá a ofrecer la ayuda sin haberla pedido y que se diseminó en los medios de comunicación —’que si no hubiesen venido, no hubiesen aparecido los cadáveres’—.

Es como una norma no escrita, pero establecida, que los profesionales y expertos en Panamá no existen. A finales de los años 70 la administración de la entonces Panamá Canal, aceptó de no muy buena gana que en Panamá había ese recurso humano profesional que necesitaba el canal para su funcionamiento y empezó a contratar profesionales panameños, puestos que eran reservados para estadounidenses y aquellos panameños que por nexos de vieja data estaban ligados a la administración norteamericana.

En los 21 años de dictadura militar, se realizó una apertura en la educación, se crearon más escuelas, se reforzaron algunas, hubo becas del IFARHU, las famosas becas del Partido del Pueblo para estudiar en el bloque soviético, ya el estudiar no solo era para la clase pudiente o para el hijo de la doméstica del rabiblanco. Fue un contraste, difícil de aceptar por quienes combaten esos 21 años —’Deficiente y mediocre educación’, me dijo el profesor que fue dirigente del béisbol, en una ocasión que llamé a su programa para ripostarle que sí hubo cosas buenas en esos 21 años—. Qué interesante, su operador de cabina estudió y se formó en esos 21 años.

A 13 años de haber iniciado el Siglo 21, a 24 años de vivir en una democracia que no madura, hay verdaderos profesionales en todas las ramas de las ciencias, las artes y las letras, pero seguimos denigrando en conocimiento y la experiencia adquirida, los dos ejemplos más recientes: se incendia el vertedero de Cerro Patacón y hay que traer expertos de afuera para que nos digan qué hacer. Mueren en condiciones no esclarecidas unos neonatos en la Caja de Seguro Social y se pide ayuda al exterior, ¿será que los del exterior tienen cerebros más grandes? Atrapan un barco con azúcar y equipo bélico en su interior, y hay que traer expertos de la ONU para que certifiquen lo que el dueño del barco dice, y qué de los militares nuestros que se han formado en ese campo (sí, militares), ¿para qué estudiaron, fue en vano pagarles cursos fuera del país? Si una mujer quiere prótesis en cualquier lado de su cuerpo, va al país del cual nos separamos en 1903, porque allá los médicos son mejores, de la misma manera se va a donde el tío Sam por una segunda opinión ¿para qué se formaron nuestros médicos entonces?

Por los años que trabajé en las bases militares y posteriormente en Panamá Canal Comission y hasta en la Autoridad del Canal, la frase ‘panameño jode panameño’ era de uso frecuente para referirse a las zancadillas y bloqueos que un jefe panameño le hacía pasar a un trabajador igual o más panameño que él.

El no creer en el profesional panameño se vive en cada paso que damos, es hora de que reconozcamos que tenemos panameños capaces de hacer todo lo que en este mundo se ha inventado, sin necesidad de traer un extranjero que no tiene idea de qué es ‘una vaina’. No pedimos respeto a la formación académica, exigimos respeto a esa formación.

DOCENTE.