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16 de Apr de 2021

Redacción Digital La Estrella

Opinión

Diplomacia de rodillas

La verdad que no se dice, Washington no quiso conceder asilo a los cubanos de las Bahamas. En las esferas donde se analizan las frecuent...

La verdad que no se dice, Washington no quiso conceder asilo a los cubanos de las Bahamas. En las esferas donde se analizan las frecuentes metidas de pata del gobierno panameño en materia de relaciones diplomáticas, despertó curiosidad el apresurado servilismo de la Cancillería de la enajenación mental, a sacarle las castañas del fuego al amo imperialista, en el caso de los cubanos que arribaron a las playas de las Bahamas, creyendo que ese era territorio propicio para su automático ingreso a los Estados Unidos en calidad de ‘asilados’.

Edmundo García, periodista cubano residente en Miami, le pone claridad al asunto en un artículo publicado en el sitio de Internet Rebelión, del jueves 22 de agosto de 2013, en donde revela los pormenores de un suceso abanicado por la contrarrevolución afincada en Florida, desde que en diciembre de 1959 el tirano Fulgencio y sus batistianos pusieron pies en polvorosa cuando el pueblo de la isla, bajo el liderazgo de Fidel Castro y sus barbudos, los expulsó del país. Bajo el título ‘Cuando Washington aprieta, en Miami se acaba la guapería’, Edmundo afirma que la alharaca orquestada por el exilio miamense bajó aparatosamente cuando el ministro de Exteriores de las Bahamas, Fred Mitchell, desmintió y rechazó el maltrato a los inmigrantes de Cuba. Añade que ‘la congresista Ileana Ros-Lehtinen, en CNN Latino, reconoció que en cuanto al otorgamiento de refugio en Estados Unidos de algunos cubanos en Bahamas, no era verdad que ella tuviera una comunicación afirmativa con el Departamento de Estado’. Es más, añade el periodista que, ese mismo Departamento de Estado declaró que tomaba en serio las declaraciones del canciller Mitchell, cuando denunció que había recibido amenazas contra el personal del Consulado de su país en Miami. Está clara la sacada de tabla que le dieron los gringos a las pretensiones de los batistianos.

Se sabe de sobra que el desfasado anticastrismo ha sido el secular negocio que alimenta a los que se aprovechan de la política anticubana, establecida por el gobierno estadounidense, en su vano intento por torcer el rumbo de la historia y doblegar al pueblo y gobierno cubanos. Así las cosas, a pesar de más de medio siglo de digna resistencia frente a los embates imperiales, todavía hay quienes apuestan por ganarse sus buenos miles de billetes tarifando el servilismo y la sumisión a los dictados de la Casa Blanca.

‘Es lo que pasa siempre’, agrega Edmundo García, ‘cuando Washington aprieta, en Miami se acaba la guapería y los violentos bajan la cabeza’. Vale entonces la pena agregar que cuando la histeria exiliada es obligada a silenciarse, los gobiernos genuflexos prestos a hacerle el mandado a los yanquis no vacilan en romper el arrastrómetro y otorgar el asilo que los estadounidenses no han querido reconocer, porque tienen su rasero para medir a quienes llegan a procurar los beneficios de una ley cuya sola razón de ser es la de perpetuar la hostilidad hacia un país vecino, hermano de nuestra comunidad latinoamericana, cosa sin importancia para quienes se han acostumbrado a reptar para complacencia del látigo neocolonialista del Tío Sam.

Termina diciendo así Edmundo García: ‘Vamos a ver a dónde llega esta farsa con la entrada en escena del exembajador de Panamá en la OEA, Guillermo Cochez, amigo de Roger Noriega y la cobertura en el Nuevo Herald por los taquígrafos Antonio María Delgado y Juan Tamayo. Una fauna de politiqueros y propagandistas de papel, radio y televisión que jamás se descompleta’. Roger Noriega y esa calaña son de origen cubano, pero proimperialistas a matar.

PERIODISTA.