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29 de Oct de 2020

Redacción Digital La Estrella

Opinión

Redes o tinglados sociales

Hacia mediados del siglo XX los principales teóricos de la comunicación formulaban esquemas del proceso y planteaban dudas sobre la capa...

Hacia mediados del siglo XX los principales teóricos de la comunicación formulaban esquemas del proceso y planteaban dudas sobre la capacidad de los perceptores (audiencias) de participar con su voz y por tanto, punto de vista en el circuito generado del intercambio de mensajes. Retroalimentación llamaban a esta capacidad de respuesta ante los estímulos de la información recibida y como indicador de los efectos en la sociedad.

El sociólogo canadiense Marshall McLuhan en su obra La galaxia Gutenberg, en 1962 formuló un concepto prospectivo de que la humanidad llegaría a muy alto nivel de intercambio en sus formas de relación. A través de redes y tecnología, afirmaba, que se reducirían las fronteras y el planeta se convertiría en una ‘aldea global’, metáfora que implicaba la desaparición de las limitaciones de tiempo, espacio y capacidad en los canales.

La tecnología se encargó de dar la razón a estas sentencias del experto; sobre todo en cuanto a que los medios difundirían imágenes y sonidos de cualquier lugar y momento y ocuparían un espacio cada vez más importante en el hogar y la vida cotidiana. Hoy, ese panorama es más que evidente y por el contrario, pareciera que siempre la humanidad contó con esas herramientas y opciones de intercambio ilimitado.

La proyección de esa vida en el futuro, permitía concebir una imagen donde se sumaba la capacidad de satisfacer las principales necesidades de la sociedad con prácticas para acercar a diferentes sectores, grupos poblacionales y sobre todo a las comunidades más vulnerables.

Por ejemplo, hace unas semanas, dos poblados humildes en Panamá, Luisa en el distrito de Olá, Coclé y San Juan de Pequení en el corregimiento de Chilibre, tuvieron electricidad por instalación de paneles solares. Simultáneamente contarán con la opción de recargar las baterías de sus aparatos celulares y podrán comunicarse con el resto del país, gracias a esta miniaturización de sus accesorios.

Pero el alcance de este desarrollo que no fue concebido por los estudiosos, corresponde a las implicaciones morales y las tendencias que habrían de producirse y sobre todo los vicios que se desplegarían con el uso de estos progresos que los inventos nos brindan cada día. El surgimiento de las redes sociales ha sido un salto, que convierte al público en gestor de sus propios mensajes y por tanto en emisores.

Esto brinda el poder de materializar los deseos y convertirlos en signos cargados de sentido y por tanto, de reconstruir la realidad o formular opinión pública. Las redes sociales juegan un papel fundamental en esta construcción del discurso en que todos participan e intercambian, pero lo conflictivo es reducir estas capacidades para utilizarlas en objetivos sin trascendencia significativa.

En las últimas semanas, la población panameña ha sido testigo de un intercambio de epítetos, ataques personales, acusaciones por los protagonistas de sectores en pugna a través de redes como el Twitter, Facebook, chat y otras nuevas formulaciones, que reducen las posibilidades de enriquecimiento conceptual, estratégico y de desarrollo de la ciencia política local. ¡Qué interesa, si no es por morbosidad, la vida íntima de la gente!

Estas diferencias, que corresponden a lógicas concepciones sobre la conducción del Estado, se transforman en la variante más superficial de un enfrentamiento dialéctico. El resultado es que la población sacaría las peores enseñanzas para construirse una idea del tipo de proyecto político que garantiza un futuro caracterizado por el crecimiento integral.

Estos instrumentos tecnológicos acercan a la sociedad y estimulan la participación de los individuos. No podemos imbuir de un espíritu aldeano, semejante oportunidad de ser más democráticos para establecer nuestros vínculos comunicativos fundamentales.

PERIODISTA Y DOCENTE UNIVERSITARIO.