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25 de Feb de 2021

Redacción Digital La Estrella

Opinión

El debate trascendente sigue oculto

El debate nacional gira alrededor de la gestión gubernamental; en ellos el oficialismo muestra sus obras y argumenta la necesidad de pro...

El debate nacional gira alrededor de la gestión gubernamental; en ellos el oficialismo muestra sus obras y argumenta la necesidad de proseguirlas, y la oposición obligadamente se refiere a ellas. La oposición no las rebate, antes bien, insiste en que las proseguiría y añadiría otras, pero sin sobrecostos.

Es decir, en lo económico no se cuestiona esa gestión en su dirección estratégica sino en su probidad. En lo político, se cuestiona el autoritarismo, su injerencia en la vida de los colectivos ajenos y el recurso a la judicialización de la política para invalidar a contrincantes. En lo social, es sabido que el crecimiento pregonado no es desarrollo real, porque no es incluyente. El gobierno afirma que hay decrecimiento del desempleo; para ello se apoya en criterios elaborados en la Contraloría, según los cuales esos vendedores ambulantes, que se encuentran en las intersecciones del tránsito, no son desempleados, sino que están incluidos en la economía.

En suma, las fuerzas que se oponen al régimen argumentan que pueden hacer lo mismo, pero más honestamente en lo económico y más afables, más caballerescos y menos gansteril en lo político. En suma, no difieren en nada trascendente.

El gobierno actual ha pisado el acelerador en el desarrollo de las potencialidades previstas de este modelo económico, que es el mismo —salvando distancias—, del que se impuso a la economía nacional desde la fundación del Estado. Se insiste en la singapurización a ultranza y se prescinde de las posibilidades de los sectores primario y secundario de la economía.

Nadie quiere discutir las responsabilidades de los panameños, que, como colectivo social que forma parte del mundo, debe hacer un aporte obligado a la canasta alimentaria planetaria. Nadie prevé la tugurización de nuestras ciudades, cuando los campesinos, sin posibilidad de supervivencia sobre la tierra, acudan a vivir de las migajas que ofrecen las urbes. Aquello está ajeno al debate, no digo electoral, sino político.

Recientemente, ha surgido otra opción constituida en su núcleo fuerte por sindicalistas provenientes de la construcción. Este sector de la economía, que ha sido la punta de lanza del modelo actual, es el que le ha dado la base material económica al sindicalismo respectivo; por lo tanto una análisis racional me impide reconocer en ese sector una vocación para interrumpir el modelo de desarrollo actual. Esperanzado, aguardo una declaración de principios que se aparte del vigente modelo.

En otro campo del análisis, escuchando a brillantes economistas, me insisten en que el modelo actual es exitoso y está cubierto por las expectativas de la producción minera, de energía y por la intensificación del potencial transitista. La diferencia está en que el ejercicio del poder es de disfrute para pocos y no para muchos. Ellos tomarían el poder para hacer más de lo mismo, pero con una apropiación de clases distintas. ¿? Este tipo de análisis no es nuevo, sino que es la esencia de lo que en años atrás se bautizó como desarrollismo. El tema ambiental, como parte de la opción económica, es peyorizado por todos.

En Venezuela, el motor básico de la economía agro-ganadera inició su declinación con la aparición de la economía de petróleo en los años entre 1908 a 1918. Desde entonces el agro se desmotivó y sus brazos acudieron a las ciudades a compartir las migajas del oro negro. Actualmente importa el 95 % de sus alimentos y aunque el régimen actual pretende llevar bienestar a las áreas marginales, en distribución equitativa del bienestar petrolero, todavía esa población no vuelve la mirada hacia el agro, y el país se apoya en técnicos sureños para tratar de reavivarlo. Este es recordado solo por el canto de gloriosos folcloristas como Simón Díaz.

En Panamá, el agrarismo futurista, el industrialismo conveniente y el ambientalismo consecuente parecieran ser la estrella no visible en el caminar de nuestros reyes (cuasi-magos o cuasi-mogos de la economía).

MÉDICO.