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02 de Jul de 2022

  • Redacción Digital La Estrella

Opinión

Día de fiebre consumista

El sol no había siquiera aparecido en el horizonte y una nerviosa multitud empezó a aglomerarse en la puerta de determinados almacenes p...

El sol no había siquiera aparecido en el horizonte y una nerviosa multitud empezó a aglomerarse en la puerta de determinados almacenes para esperar su apertura. La inquietud había sido estimulada por una intensa y nutrida campaña de publicidad que divulgaba sobre las conveniencias de comprar mercancías de todo tipo, precisamente el último viernes de noviembre y aprovechar las ‘rebajas de espanto’ del comercio local.

La fiebre se apoderó otra vez de una población consumista, las tiendas y centros comerciales se llenaron de clientes que febrilmente buscaron productos —sobre todo electrodomésticos— y costos reducidos en un día tipificado o bautizado como ‘negro’, antes de comenzar el mes más provechoso en las ventas por la conjunción de fechas importantes.

La experiencia generalizada de esta jornada de ofertas no es propiamente local. El mercado panameño reproduce una costumbre nacida en Estados Unidos en los años sesentas, cuando el día posterior al jueves de Acción de Gracias era utilizado por el público —por ser libre— para adquirir los regalos de las fiestas navideñas y por consiguiente aumentaba la demanda a niveles mayúsculos.

En Filadelfia, la gente solía beneficiarse con la coyuntura para adquirir aguinaldos y los empresarios para salir de todos los saldos; es decir, productos sobrantes y que podían venderse como gangas para que desocuparan los estantes y depósitos y lógicamente sin perder, ya que la rentabilidad había sido garantizada con el resto del inventario adquirido por los compradores.

En los años setentas, la actividad se generalizó y adquirió el nombre de ‘viernes negro’. El adjetivo aludía a que aquellos negocios que terminaban el año con resultados negativos (rojos), podían invertir la situación con una venta masiva y así, normalizar las cifras para hacer más equilibrada las balanzas, al estar las entradas por encima de los gastos y normalizar el ciclo en la lógica económica.

Aunque la población considere que este día es digno de conseguir ‘liquidaciones’, existe una explicación conceptual para el fenómeno. Hay que recordar que la oferta está determinada también por un valor que tiene el dinero y que suele depreciarse. Mientras más dure un objeto sin venderse, menos costo real va a tener, pues cuando se adquiera va a ser con un valor devaluado y no por el concebido originalmente.

Esto crea una metamorfosis en la relación compra-venta, analizado hace mucho por Marx, quien resaltaba que ‘la circulación exuda constantemente dinero’ y demostró que la debilidad del capitalismo estaba precisamente en la duración de la fase de circulación de las mercaderías; mientras más subsistieran sin ser obtenidas por los usuarios, ocasionaban la reducción de utilidades a los ofertantes.

El éxito de estas iniciativas, a grados mayúsculos en ese mercado estadounidense que vive una crisis desde hace años, ha motivado a países como México y ahora Panamá a remedar el esfuerzo con una agresividad inusitada desde el año pasado. En 2013 adquiere gran fortaleza y se han combinado estrategias turísticas con la finalidad de atraer público de países vecinos que aprovechan los estimulantes costes.

El impulso panameño ha logrado éxitos inusitados; también algunos vicios como el de etiquetar falsamente. A este fraude se dedican algunos comerciantes que elevan importes y al llegar la fecha, cambian hacia otros más cómodos para hacer creer al público que les anima un gesto dadivoso y entusiasta al rebajar.

Es necesario dosificar el impulso comprador de una sociedad llena de falsos estímulos y fortalecer el ahorro y racionalidad en una época de conflictos e incertidumbre del capital y la economía. El clima es aprovechado por inescrupulosos para sacar provecho ilimitado a costa de mentes ingenuas.

DOCENTE UNIVERSITARIO