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06 de Apr de 2020

Redacción Digital La Estrella

Opinión

Basura, basura, basura

La basura se ha convertido en parte de nuestro hábitat, de nuestro panorama visual, de nuestro medio ambiente, de nuestra idiosincrasia....

La basura se ha convertido en parte de nuestro hábitat, de nuestro panorama visual, de nuestro medio ambiente, de nuestra idiosincrasia. Está por todas partes y en tal cantidad, que ya ni se nota, porque compite con el escaso verdor que aún queda.

Las bolsas plásticas, sobre todo las blancas, se ven por doquier que hasta semejan amorfos copos de nieve para todo aquel que viaje hacia el ‘interior’ del país y quiera ver el ‘paisaje’ tropical de nuestro Panamá otrora bello.

Pero el paisaje tropical está casi desaparecido. Lo único que se ve es basura, basura y más basura. En los hombros de las carreteras. En las carreteras. En los cerros. En las cercas. En las calles... Donde menos se imagina el motorista, hay un cerrito de basura, a los que afectuosamente llamamos ‘pataconcitos’.

Como Dios, en Panamá la basura está por todas partes.

Pero ahí termina la semejanza, porque algo me dice que este Ser Inmaterial, Principio y Fin de todas las Cosas, no puede ser desaseado. Nosotros sí, y eso que fuimos criados —o creados— a su imagen y semejanza. Mi sospecha es que ha habido una equivocación en las traducciones bíblicas.

Nos dicen hasta la saciedad de que somos el segundo país más rico y progresista de América. ¿Será equivocación? ¿No será que somos el país más ‘cochino’ y desaseado de América? Aunque sea por la Internet, el panameño que se cree el cuento, debiera tomar un viajecito al viejo mundo —y al nuevo también.

Guatemala es considerada una tacita de oro —que fue, aunque parezca increíble, nuestro apodo cuando los gringos aseaban la ciudad. Al dejar de hacerlo estos, se descubrió que nuestra verdadera naturaleza no era la de ser limpios. Nos quitamos la careta: Nos encanta la basura. Nos revolcamos en ella. Nos enorgullecemos de ella. Nos vanagloriamos de ella. Vivimos con ella. La mostramos como atracción turística y con falsa modestia mal disimulada decimos que ‘en todas partes es igual’. Ni siquiera tratamos de ocultarla al visitante maravillado de ver tanta riqueza reciclable tirada por allí. Encontramos belleza en lo que otros ven perros muertos, gatitos podridos, albos gusanos engordando, refocilándose y multiplicándose con toda la felicidad y falta de recato que no admitiríamos en un ser menos abyecto... vasos plásticos llenos del Aedes aegypti (Mr. Dengue), cucarachas sobrealimentadas practicando poses salidas de Vatsyayana... y que, desinhibidas, paren sus ootecas a plena luz del día. En la basura.

Este bien nacional viene acompañado de aromas inaguantables, excepto para los panameños. Otros seres hablan de hedores. Aquí hablamos de olor. Sí, olor, pero nauseabundo. ¿Tendremos embotado el olfato? ¿Tendremos obstruida la visión? ¿Olvidamos la estética? ¿Ignoramos lo bello? ¿Rechazamos lo limpio?

*DOCENTE JUBILADA.