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27 de Nov de 2020

Redacción Digital La Estrella

Opinión

Hasta luego Harmodito

S omos muchos los que tuvimos el privilegio de conocer a Harmodio Arias Cerjak. Molcho, como cariñosamente le llamábamos sus amigos más ...

S omos muchos los que tuvimos el privilegio de conocer a Harmodio Arias Cerjak. Molcho, como cariñosamente le llamábamos sus amigos más íntimos, fue un hombre fuera de serie. Amigo de los amigos, pero sobre todo, un gran padre y esposo ejemplar. Estoy seguro de no equivocarme al señalar que Harmodio disfrutó la vida a plenitud. Fue muy genuino en todo lo que hizo.

No importa cuáles fueran las circunstancias, siempre enfrentó los retos y hasta la adversidad, con estoicismo, pero sobre todo, con una dosis de tranquilidad.

Molcho nunca se dejó llevar por las malas vibras ni mucho menos por esas cosas de la vida que a muchos nos ponen a temblar. Fue un hombre inmensamente feliz. Noble de palabras, sonriente en toda ocasión, abundante de generosidad y cariñoso a perpetuidad. Fue, sin duda alguna, de esas personas divertidas con quien daba gusto compartir. Harmodio nos contagiaba siempre con su fuente constante de energía y entusiasmo. Una bendición para todos los que pudimos disfrutar de su amistad. Y estoy seguro de que muchos coinciden en que así mismo se comportó con todos los demás. En lo profesional, en lo político, en lo familiar, con los amigos... y en el golf.

Fue nieto y sobrino de dos distinguidos e influyentes presidentes de Panamá. Y sin duda alguna, Harmodito heredó ese caudal político de los Arias, que lo impulsó hasta ocupar importantes cargos y un sinnúmero de posiciones en el ámbito nacional. En cada una de ellas, se desempeñó con un alto sentido de res ponsabilidad y del deber cumplido, pero sobre todo, con la firme convicción de que, al hacerlo, le estaba cumpliendo a su país, a la vez que rendía tributo, como lo hicieron sus antecesores.

Molcho, tus huellas en la política las recordaremos por siempre. Fuiste de los que participaron en ella para hacer el bien y para servirle a los demás, nunca para servirte de los demás. De todas tus cualidades, estoy seguro que muchos vamos a extrañar, por sobre todas las cosas, tu don de gentes, la gran dosis de humildad que siempre te caracterizó y la manera tan sencilla de ver y entender la vida. Fuiste un hombre capaz e inteligente, pero sobre todo, divertido. No recuerdo ningún pasaje de tu vida en que alguna situación, por más difícil que fuera, te hubiese quitado el sueño.

Siempre supiste tener la entereza y la tenacidad para enfrentar cualquier reto, superando los escollos con confianza y determinación. Ahora nos toca quedarnos con los mejores recuerdos de las tantas experiencias compartidas, de las muchas aventuras, de los caminos recorridos, de las luchas emprendidas y también de todas las travesuras. Viviste la vida como te dio la gana. Sin ningún tipo de prejuicios, pero sobre todo, con un karma libre de los malos sentimientos.

Molcho querido, te vamos a extrañar. Dios quiso que picaras por delante y nos sacaras ventaja. Lo bueno es que para todos los que te queremos, nos queda algo bien claro. La certeza de que en algún momento, nos vamos a reencontrar. El solo pensarlo nos da las fuerzas para mitigar el dolor que hoy nos embarga, pero al mismo tiempo, produce un maravilloso sentimiento que nos permite encontrar sosiego y tranquilidad.

Es reconfortante saber que cuando llegue el día, tú estarás allí esperando para transitar juntos y guiarnos por el sendero de ese camino que hoy te toca recorrer. Hasta luego Molchi, emprende el viaje en paz. Puedes tener la seguridad de que vivirás para siempre en nuestros corazones.

PERIODISTA.