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27 de Nov de 2020

Redacción Digital La Estrella

Opinión

‘Duro contra el muro por una ley de la juventud’

Fue la consigna de más de un centenar de jóvenes representantes de organizaciones diversas de todo el país, reunidos el pasado 15 de feb...

Fue la consigna de más de un centenar de jóvenes representantes de organizaciones diversas de todo el país, reunidos el pasado 15 de febrero en los predios del hotel El Panamá, luego de discutir y validar el documento síntesis de la Agenda Juventud, que desde junio del 2013 han desarrollado paulatinamente en constantes talleres a nivel nacional. Con esta Agenda de visión estadista, preparada por esta red de jóvenes preocupados por el efectivo desenvolvimiento de su sociedad y motivados por sus proyectos de vida, una vez más, queda demostrado que la juventud pensante no solo disiente, sino que también aporta.

Nuestra Voz Üai Nabgwana, es un proceso de consultas de políticas públicas de juventud, cuyo norte es lograr que todos los candidatos a puestos de elección popular y vitalmente los siete aspirantes a la silla presidencial, se comprometan a promover e incentivar los espacios de participación que demanda el joven; a través de la edificación de una ley integral de la juventud ‘que establezca los principios y lineamientos con los que serán protegidos los derechos y se promoverán sus capacidades; para dotar a las políticas de juventud de un enfoque que incorpore sus visiones y aspiraciones juveniles sobre el país’.

Esta juventud instruida y organizada busca un cambio social, mediante el ejercicio concreto de la ciudadanía, dejando de ser espectadores e insertándose como protagonistas y sin restricciones en los procesos de toma de decisiones, de asuntos que les puedan beneficiar o perjudicar, y así hacerles comprender a los gobernantes que los temas públicos o asociados al bien común, por ser públicos, no pueden ser del dominio exclusivo del Estado y que una ‘Democracia’, no solo requiere de los pocos efectivos mecanismos de representación política, donde predomina el interés del político, sobre la voluntad del elector que lo eligió; sino que también los miembros de la sociedad, y en este caso particular la juventud, pueden coproducir políticas públicas con los administradores del Estado.

‘Desafíos como la creciente estadística de jóvenes que no estudian o que no trabajan; el crecimiento de la tasa de suicidio; la discriminación étnica, cultural, social o económica; el aumento de las enfermedades de trasmisión sexual y de embarazos no deseados’, son solo algunas temáticas tratadas por esta juventud racional, que, a diferencia de la afluencia adulta, han sabido construir mediante consenso un espacio de incidencia, a pesar de las contrariedades y disputas; de las diversidad de ideologías y criterios; y pese a defender causas totalmente distintas.

Es mediante esta madurez manifiesta, que han logrado reconocer sus realidades y sus derechos desatendidos; que han definido problemas e identificado alternativas de solución, mediante un análisis político (no partidista), para establecer a través del compromiso de los gobernantes, el real cambio sociopolítico que Panamá necesita, para romper las barreras de la desigualdad, de la corrupción y la demagogia, e impulsar una soberana justicia social y una amena vida nacional con principios y buenos valores.

Aprovecho para asegurar mi saludo y admiración a la juventud de Nuestra Voz y a los casi 25 % de jóvenes que conforman la población panameña (según censo 2010), y hacerles la invitación a instruirse y organizarse, no solo por una ley de la juventud, sino también por un mejor Panamá y lejos del deseo de asaltar la opinión personal de la confraternidad de jóvenes panameños, que ansían aportar ideas y no vivir como títeres sociales.

Quiero reiterar ese ‘DURO CONTRA EL MURO DE LA DESIGUALDAD’, que al unísono estremecía el Hotel el Panamá, que hoy nos impide la comunicación asertiva entre ciudadanos, la vivencia armónica con nuestro planeta y el pleno desarrollo humano.

ABOGADO.