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28 de Nov de 2020

Redacción Digital La Estrella

Opinión

EE. UU. desata ‘guerra de clases’ contra Venezuela

La megacadena norteamericana de TV —NBC— recogió las declaraciones del senador republicano por Arizona, John McCain, quien dijo que ‘EE....

La megacadena norteamericana de TV —NBC— recogió las declaraciones del senador republicano por Arizona, John McCain, quien dijo que ‘EE. UU. debe enviar tropas de inmediato a Venezuela movilizando una flota de buques a la región’. Agregó que Washington ‘debe convencer a un grupo de países aliados latinoamericanos —como Colombia, Perú y Chile— para que preparen operativos militares que impidan que (el presidente) Maduro destruya los derechos e intereses de EE. UU. en el hemisferio’.

El candidato a la Presidencia de EE. UU. en 2008 no descartó que EE. UU. ‘preparara una fuerza militar para garantizar y proteger el flujo petrolero hacia EE. UU. Es necesario cuidar esos recursos estratégicos y velar por nuestros intereses globales’. El diario mexicano La Jornada, informó que la empresa NBC borró posteriormente la información de su página en Internet. En su lugar, CNN incluyó otra entrevista a McCain con afirmaciones intervencionistas más suaves.

EE. UU. ha adoptado una táctica distinta a la utilizada en 2002 en su intento de derrocar por la fuerza al entonces presidente Hugo Chávez. Mientras que en 2002, un grupo de empresarios en colusión con unos generales actuaron siguiendo orientaciones de la embajada norteamericana, en 2014 el objetivo es socavar la economía venezolana y movilizar a los descontentos bajo la dirección de los políticos de extrema derecha.

Los actores locales de la oposición venezolana han cambiado. Sin embargo, el instigador que mueve las fichas para desestabilizar al gobierno de la revolución bolivariana está atrincherado en la sede diplomática que tiene EE. UU. en Caracas. El presidente Maduro expulsó a los tres agentes norteamericanos más conspicuos y mantiene a su país en guardia frente a los movimientos de los otros miembros de las agencias desestabilizadoras de Washington que operan en Venezuela.

La televisora CNN de EE. UU. también fue criticada por su tergiversación de los hechos. La empresa fundada por Ted Turner hace 30 años es el principal agitador que abanica las políticas norteamericanas en Venezuela. Todas las mañanas le pide al pueblo que salga a la calle a tumbar al ‘brujo’ Maduro. En las tardes, desde Miami y Nueva York hace la recapitulación. La subversión mediática norteamericana ha sido probada y ha tenido éxito en Guatemala (1953), Chile (1973), Nicaragua (1980) y Panamá (1989).

Pero hay una diferencia, en los casos mencionados y otros similares, EE. UU. intervino con una fuerza militar propia o mercenaria. En el caso de Venezuela, el estamento militar está comprometido con la revolución bolivariana. Los militares venezolanos han mostrado su lealtad a su institución y a su país.

EE. UU. le ha dado un carácter de ‘guerra de clases’ a su ofensiva en Venezuela. Los valores capitalistas se juegan en su totalidad frente a un pueblo que defiende sus conquistas logradas bajo el liderazgo de Hugo Chávez. La campaña mediática de Washington se concentra en elementos que logran movilizar a sectores de las capas medias venezolanas. El acceso a los dólares es el principal elemento que defiende la clase media. Así mismo, las dificultades para comprar ciertos artículos de lujo. Para la televisión internacional era más preocupante la falta de papel periódico que el papel ‘confort’ acaparados por los comerciantes.

Venezuela tiene una historia de movimientos sociales que se remonta a la colonia y que tuvo su epicentro en las guerras por la independencia encabezadas por Simón Bolívar a principios del siglo XIX. El petróleo transformó la antigua estructura social hacendada a principios del siglo XX, creando una oligarquía que, en alianza con EE. UU., despilfarró sus recursos. En la década de 1950 las capas medias reemplazaron a la vieja oligarquía y gobernaron durante 40 años, repartiendo las riquezas petroleras de manera más ‘democrática’ entre el 20 por ciento de la población. El otro 80 por ciento —los sectores populares— finalmente dijo ‘basta ya’ con el Caracazo de 1989, que condujo a la elección de Hugo Chávez en 1998.

A fines del siglo XX ‘todos’ veían en Chávez el líder excepcional que estabilizaría ‘nuevamente’ el país. Especialmente EE. UU., que apostaba a su pasado militar reciente con la creencia que actuaría con mano dura contra el pueblo. Las capas medias, porque estaban asustadas ante una masa popular descontenta y exigente, pero sin organización aparente. Los sectores ‘oligarquizantes’ asociados al petróleo, lo veían como candidato ideal para ser corrompido por la riqueza desbordante del subsuelo.

‘Todos’ se equivocaron. Incluso, Gabriel García Márquez quien no logró entender al llanero con espíritu indomable. Los discursos fogosos de Chávez encandilaron los hogares de las mayorías venezolanas. La diferencia entre la retórica fogosa de Chávez y otros políticos era que éste tenía la intención de cumplir con cada palabra de su discurso. Cada iniciativa era vista con sospecha por la embajada de EE. UU., con rechazo por las capas medias y como ‘traición’ por los petroleros oligarquizantes.

Pero los programas de salud, de educación, de vivienda y, sobre todo, de dignidad e identidad calaron rápidamente en los sectores populares. Chávez convocaba a elecciones anuales, como plebiscitos y el pueblo le entregaba un nuevo mandato. Maduro sigue el mismo camino. Por eso los venezolanos no le temen a la retórica de McCain.

PROFESOR DE SOCIOLOGÍA DE LA UP E INVESTIGADOR ASOCIADO DEL CELA.