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12 de Apr de 2021

Redacción Digital La Estrella

Opinión

No lo dejarán ganar

‘ Captain Phillips’ es el nombre de un largometraje del año 2013, basada en un evento real ocurrido en el Océano Índico en el 2009, en d...

‘ Captain Phillips’ es el nombre de un largometraje del año 2013, basada en un evento real ocurrido en el Océano Índico en el 2009, en donde un grupo armado de somalíes secuestraron el navío Maersk Alabama reclamando millones de dólares como rescate. El film fue protagonizada por Tom Hanks (como el capitán Phillips) y Barkhad Abdi (Abduwali Muse) como el jefe de los secuestradores.

La información noticiosa de la época sobre el secuestro fue muy clara y ante todo comprobable: ‘Un grupo de piratas armados secuestra un navío comercial de bandera estadounidense y ...’ continúa tal cual expliqué anteriormente. No era un asunto político, ni ideológico ni de derechos sociales, como en algún momento durante el film se sugirió a través de los relatos que Muse le hace al capitán Phillips. Era una transacción delincuencial recurrente en esas aguas. Pero esta vez Muse calculó mal las repercusiones; y, en ese sentido, no previó en sus cálculos todas las variables y consecuencias.

Casi al final de la película, en donde los dos personajes parecen mostrar algún grado de empatía el uno por el otro (incluso Muse le pone el mote de ‘Irish’ —Irlandés— a Phillips) se da el siguiente intercambio entre los dos: Phillips: ‘Tienes la mitad de la Marina de los EE. UU. allá afuera, tienes que renunciar. Tienes que parar’. Muse: ‘No puedo parar, Irish’. Phillips: ‘La Marina no se va a dejar ganar. No pueden dejarte ganar. ¡Ellos prefieren hundir este barco que permitirte llegar a Somalia conmigo! ¡Se acabó!’. Muse: ‘He llegado demasiado lejos, Irish. No puedo renunciar. No’.

Independientemente de la razón, la justicia y la relación de poder versus las condiciones sociales de nuestros pueblos latinoamericanos, con infortunio, debemos enfocar las cosas en el contexto de la realidad y la realidad histórica y dos cosas quiero rescatar de este relato.

La primera es la información. No crean nada de lo que oyen, ven o escuchan en el caso de Venezuela. No es tan escueto y claro como el secuestro de Maersk Alabama. No entiendo cómo, hasta profesionales de la comunicación, se adhieren y difunden información que no han podido comprobar decididamente. Hay mucho de cierto en lo que sale de Venezuela; pero, hay mucha falsedad y mentira... y así, no podemos sumarnos en el tren de la condenación y de la opinión tan alegremente.

Si están apostando a lo que dicen los representantes de los medios asignados a cubrir los eventos en ese país: ellos, esos medios, también tienen sus agendas noticiosas muy bien definidas. No voy a darle mucha vuelta, porque sobre eso escribí hace más de 10 años cuando expuse sobre la guerra de Irak en ‘De los medios y de cómo mercadear una guerra’. Decía que: ‘El ejercicio minucioso de expurgar los contenidos suministrados por diversas fuentes informativas permite determinar los mensajes ‘sembrados’ en tales contenidos, con el fin de llevar a los receptores en direcciones previamente decididas por el emisor. De allí que el receptor cuidadoso no se conforme con una sola versión en materia noticiosa al momento de informarse. Comprende que las grandes agencias internacionales de información, las cadenas de televisión y de cable (CNN, FOX, CNBC, BBC, etc.) documentan e informan a partir de esquemas noticiosos definidos: en primer lugar, por sus relaciones económicas; y, en segundo lugar, por los intereses políticos de sus dueños e inversionistas’.

‘No hay que llamarse a engaño. El oficio de la comunicación tiene como objetivo, para muchos de los que trabajamos en esta disciplina de las ciencias sociales, la tarea de informar. Pero este ejercicio se da en el marco de parámetros definidos por los intereses de los propietarios de los medios; y, por las relaciones que éstos sostengan con los centros de poder. Claro está, los periodistas y las empresas de la comunicación entran en conflicto cuando se dan confrontaciones entre el criterio de servir objetivamente al derecho de la información y salvaguardar los intereses económicos de la empresa frente a los intereses del poder político’.

Y 10 años después es igual para las redes sociales. No se compliquen mucho. Hay gente sembrando mensajes y desviando la verdad de lado y lado, lo que hace imposible una evaluación objetiva de lo que sucede sobre el terreno. Lo que sucede en Venezuela es mucho más complejo que la figura de Nicolás Maduro, en quien se concentra mucho de la atención, porque él, equivocadamente, cree poder contrarrestar personalmente el efecto de la guerra mediática a la cual se ve enfrentado. Ese convencimiento personal de que tiene que estar ante las cámaras y los micrófonos a toda hora lo hace cometer errores que no podrá corregir.

También escribí hace unos años, cuando Chávez aún vivía, que ‘La dinámica de las condiciones sociopolíticas, a inicios de este siglo XXI, no ofrece tiempo ni espacio para avanzar cambios duraderos ni en lo ideológico, político, social, cultural o económico. El presidente Chávez debió haber decidido hace rato si perdía tiempo en acciones contra sus detractores, con sus repercusiones internas y externas, o si trabaja arduamente para dejar su huella histórica, social y cultural en beneficio de las capas sociales más necesitadas del hermano pueblo venezolano que le ha reafirmado su apoyo en más de una ocasión’. Igual consejo le ofrezco a Maduro; pero, creo que es un poco tarde. Prefieren hundir el barco y no lo dejarán ganar.

COMUNICADOR SOCIAL.