Panamá o la Cumbre de Cuba

  • 10/04/2015 02:00
Directo desde La Habana

Es imposible soslayar el hecho de que la presencia de Cuba en la VII Cumbre de las Américas que tiene a Panamá como sede crea expectativas poco pensadas antes del 17 de diciembre, cuando el mundo conoció, por boca de los presidentes Raúl Castro y Barack Obama, la voluntad de negociar el restablecimiento de relaciones diplomáticas y la apertura de embajadas en La Habana y Washington. Que ese trascendental anuncio se produjera cuando Panamá estaba inmerso en los prolegómenos de la reunión cimera de Atlapa confirió a la cita una proyección especial que ya se vislumbraba desde que la vicepresidenta y ministra de Relaciones Exteriores, Isabel de Saint Malo, visitara La Habana para oficializar la invitación al gobierno cubano, y expresara, a su regreso, la convicción de que el presidente Raúl Castro asistiría al evento. Sin proponérselo, Cuba se convirtió en foco de atención, sobre todo por la posibilidad real de que el primer diálogo telefónico entre ambos mandatarios prosiguiera personalmente en Panamá. Sin desmerecer esa novedad protagonizada por representantes de dos sistemas esencialmente antípodas, la VII Cumbre se proyecta distinta a las seis anteriores desde el mismo momento en que ya no habrá voces para reclamar la presencia de Cuba. Así se subraya el hecho incontrastable de que era imposible una América alejada de aquella que fundó a la OEA, con mecanismos hemisféricos cada vez más fuera de contexto. La historicidad de la VII Cumbre está dada, en consecuencia, no solamente por esa presencia cubana en un foro continental, después de su expulsión de la OEA en Punta del Este (Uruguay), en 1962, sino también en la consolidación de esa otra América Latina y Caribe que, con su unidad dentro de la diversidad, se ha convertido por derecho propio en el interlocutor válido de Estados Unidos al sur del Río Bravo. Los objetivos de Cuba en la cumbre panameña están dentro de ese contexto de unidad regional expresados en la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), cuyo epicentro está en su proclamación del hemisferio como ‘zona de paz’. La delegación cubana ve con buenos ojos el lema sugerido por el gobierno de Panamá, Prosperidad con equidad, como desafío de cooperación entre los países de América Latina, y a tales efectos llevará a la reunión sus experiencias en campos como la salud, la educación, la cultura, sus conceptos y prácticas sobre derechos humanos, y todos aquellos temas ligados a los cuatro foros paralelos al cónclave presidencial: social, juvenil, empresarial y de rectores universitarios.

El tema de las relaciones con Estados Unidos es circunstancial a la Cumbre, y las especulaciones sobre la incorporación de Cuba a la OEA no tienen sentido en tanto se mantiene intacta la posición de ruptura total con una institución que La Habana considera ‘desfasada en el tiempo’. Fuentes de la Cancillería cubana han aclarado, a fin de despejar dudas, que la participación de Cuba en la reunión de Panamá está "disociada" del proyectado documento final titulado Mandatos para la Acción, elaborado por el llamado Grupo de revisión e implementación de las cumbres perteneciente a la OEA y se da por supuesto que Cuba expresará su solidaridad con Venezuela ante las recientes diferencias con Estados Unidos.

La nutrida delegación cubana destacada en Panamá, con una veintena de funcionarios y empresarios, en especial el ministro de Comercio Exterior y la Inversión, Rodrigo Malmierca, explicarán las actuales transformaciones económicas en Cuba en el foro que organiza el BID. De Malmierca, se espera una interesante intervención, pues hablará de las posibilidades que Cuba ofrece para el desarrollo de las relaciones económicas internacionales, a partir de la aprobación de la Ley 118 de Inversión Extranjera y de la Zona Especial de Desarrollo Mariel (ZEDM). Esas transformaciones apuntan a un modelo más eficiente, donde la empresa estatal socialista y la planificación juegan un papel fundamental, pero en el que también otras formas no estatales de producción y servicios poseen un rol muy importante que, en el caso del (puerto) Mariel, ganarán en intensidad con la inauguración del tercer juego de esclusas del Canal de Panamá.

ANALISTA

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