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- 15/01/2026 00:00
El malestar económico convive con un deterioro profundo de la confianza institucional.
El 44,6% de los ciudadanos afirma que no confía en ninguna institución del país, mientras que un 11,2% responde que no sabe o prefiere no contestar.
Esa es una de las lecturas que deja la encuesta Vea Panamá, de La Estrella de Panamá, realizada por Prodigious Consulting, basado en 1.510 entrevistas cara a cara aplicadas a personas mayores de 18 años en ocho provincias del país: Panamá, Panamá Oeste, Chiriquí, Coclé, Colón, Herrera, Los Santos y Veraguas.
El levantamiento, con un margen de error de 2,5% y un nivel de confianza del 95%, permite observar no solo fotografías puntuales, sino la evolución de la percepción ciudadana a lo largo de varios momentos del último año y medio.
En conjunto, más del 55% de la población no identifica una sola institución que considere confiable.
Este dato es particularmente significativo, porque habla menos de una crisis puntual y más de un déficit estructural de legitimidad.
La ausencia de referentes institucionales sólidos debilita la capacidad del Estado para articular consensos, implementar reformas y canalizar demandas sociales.
Entre quienes sí mencionan alguna institución confiable, la confianza se concentra en entidades de carácter técnico u operativo.
La Autoridad del Canal de Panamá lidera con 6,7%, seguida por el Benemérito Cuerpo de Bomberos (5,7%) y el Sistema Nacional de Protección Civil, Sinaproc (5,6%).
Se trata de instituciones asociadas a la gestión eficiente, la respuesta a emergencias y la prestación directa de servicios.
En contraste, las instituciones del sistema político y de control aparecen con niveles de confianza considerablemente más bajos.
El Tribunal Electoral obtiene un 4,4%, la Corte Suprema de Justicia un 3,2%, la Contraloría General de la República un 2,8% y la Caja del Seguro Social apenas un 2,0%.
Este patrón sugiere que la ciudadanía distingue entre instituciones que “resuelven” y aquellas que “deciden”.
Se valora la eficiencia operativa, pero se mantiene una fuerte desconfianza hacia los espacios donde se ejerce el poder político, judicial y fiscalizador.