Entre el arte y el peligro: el transporte tradicional que aún pone vidas en riesgo

  • 02/10/2024 16:57
Dentro de los colores y la nostalgia, persiste un sistema que continúa poniendo en riesgo a quienes dependen de su uso diario

Para muchos, los diablos rojos y verdes representan arte, memoria y resistencia cultural. Para otros, son una amenaza constante que circula a diario por las mismas vías donde el Estado prometió modernización y seguridad. Entre ambos discursos, la realidad volvió a imponerse con fuerza: una mujer fallecida y 24 personas heridas tras un accidente protagonizado por un autobús de transporte tradicional en el puente sobre el río Pacora, en el corregimiento de Las Garzas.

El siniestro, ocurrido la noche del lunes 12 de enero, reabrió una pregunta que nunca termina de cerrarse: ¿por qué estos buses siguen operando, pese a su antigüedad, su historial de accidentes y las dudas que persisten sobre su seguridad?

Arte que circula, riesgo que persiste

Durante décadas, los buses del transporte tradicional no solo movieron pasajeros. También llevaron rostros, ídolos, consignas y creencias pintadas sobre metal.

Pero lejos del lienzo y la nostalgia, estos vehículos siguen cumpliendo una función diaria en sectores donde el sistema MetroBus no llega o no cubre con suficiencia la demanda. Es ahí donde el contraste se vuelve incómodo: el mismo bus que es celebrado como patrimonio visual también expone a los usuarios a estructuras obsoletas, piezas difíciles de reemplazar y condiciones de operación desiguales.

Para quienes dependen a diario de este sistema, el dilema no es cultural, sino práctico. “Uno se sube porque no hay otra opción. Tú sabes que el bus está viejo, pero es eso o llegar tarde al trabajo”, cuenta Yolanda Batista, usuaria frecuente de la ruta Las Garzas–24 de Diciembre. “A veces uno va con miedo, pero igual se monta porque lo necesita”.

El accidente en Pacora no fue un hecho aislado. Fue una señal más de un problema estructural que persiste desde que comenzó la modernización del transporte público en la capital.

La postura de la ATTT: legalidad y eliminación progresiva

La Autoridad del Tránsito y Transporte Terrestre (ATTT) sostiene que su prioridad es garantizar opciones de transporte seguras, especialmente en áreas donde no opera el sistema MetroBus. Según explicó la entidad a La Estrella de Panamá, los diablos rojos y verdes que continúan en circulación lo hacen bajo resoluciones y concesiones vigentes, principalmente en rutas que no fueron incluidas en el proceso de compensación tras la llegada de MiBus.

Es el caso de Chepo, donde el servicio es prestado por la prestataria San Cristóbal, cuyo radio de acción quedó fuera de la concesión que cubre los distritos de Panamá y San Miguelito. Una situación similar ocurre en rutas como Panamá Viejo, donde estas unidades continúan operando con el aval de la ATTT, ofreciendo tarifas más económicas y manteniendo sus permisos activos.

La entidad afirma que mantiene una política de eliminación progresiva de unidades no aptas, respaldada por la suspensión permanente de la importación de buses tipo escolar y por inspecciones regulares que verifican revisado vehicular, seguros obligatorios y condiciones mecánicas. Cuando una unidad incumple, se procede con su remoción y retención hasta que regularice su situación.

CANATRA: “el problema no es el conductor, es el sistema”

Desde el sector transportista, la lectura es distinta. Para Omar López, dirigente de la Cámara Nacional de Transporte (CANATRA), los accidentes no pueden analizarse solo desde la condición del conductor o del estado puntual de la vía, sino desde la ausencia de un sistema moderno que integre a los transportistas tradicionales.

Tras el accidente de Pacora, López lamentó lo ocurrido y aseguró que la flota actual opera bajo una presión económica insostenible. “Cambiar los vehículos tiene un costo muy elevado. Hay opciones: que entre un sistema nuevo y que se indemnice al sistema actual”, señaló.

Según el dirigente, los altos costos operativos, la dificultad para importar piezas y el aumento de los seguros —que, afirmó, se han incrementado en unos 30 dólares— hacen cada vez más difícil mantener las unidades en condiciones óptimas. A esto se suma una tarifa congelada en 0.25 centavos desde hace 14 años, un ingreso que, reconoce, no alcanza para sostener la operación.

López indicó que CANATRA espera una reunión con el presidente de la República para presentar propuestas que incluyen contratos de concesión que permitan acceder a créditos, subsidios y un modelo de integración entre transportistas y empresa privada. Entre las ideas planteadas también figura la creación de una aseguradora estatal que respalde al sector.

¿Cuántos siguen circulando?

La inversión para retirar los “Diablos Rojos” (buses) en Panamá fue significativa, con el Estado invirtiendo más de $90 millones en compensaciones a transportistas entre 2010 y 2014, mientras que se destinaron $18 millones en el 2016 para cerrar el capítulo, pero, de acuerdo con los registros oficiales, aproximadamente 690 buses tipo diablo rojo permanecen en circulación a nivel nacional, distribuidos en unas 26 rutas activas, principalmente en sectores donde no se aplicaron esquemas de compensación dentro del proceso de modernización del transporte público urbano.

Aunque la normativa vigente limita la entrada de nuevas unidades, la permanencia de estos buses responde a vacíos territoriales del sistema moderno y a la necesidad diaria de transporte en comunidades que aún dependen de este modelo.

Las cifras que sostienen la alarma

Más allá del debate cultural o económico, los números reflejan la magnitud del problema vial. Datos consolidados por la ATTT, la Policía de Tránsito y el Instituto Nacional de Estadística y Censo (INEC) revelan que Panamá registró más de 50 mil accidentes de tránsito anuales entre 2015 y 2019, antes de la disminución registrada en 2020 por la pandemia.

En 2017 se contabilizaron 56,847 siniestros, el pico más alto del período. La provincia de Panamá concentró de forma constante la mayor cantidad, con registros que superaron los 30 mil accidentes anuales, seguida por Panamá Oeste, con cifras que en algunos años rondaron los 8 mil siniestros.

Aunque estas estadísticas no discriminan por tipo de vehículo, especialistas advierten que la antigüedad del parque vehicular y el mantenimiento desigual siguen siendo factores de riesgo, especialmente en zonas donde el transporte tradicional continúa siendo la principal opción de movilidad.

Entre la identidad y la deuda pendiente

El transporte tradicional se mueve entre dos narrativas opuestas: la del patrimonio cultural que se resiste a desaparecer y la del sistema que no termina de garantizar seguridad. Mientras el arte sobre ruedas es celebrado en exposiciones y reportajes culturales, en las calles el debate se vuelve más crudo cuando hay víctimas.

El accidente de Pacora volvió a poner sobre la mesa una discusión que Panamá arrastra desde hace más de una década: cómo modernizar el transporte sin excluir a comunidades enteras, pero sin romantizar un modelo que sigue cobrando vidas.

Entre el color y el óxido, entre la memoria y el riesgo, los diablos rojos y verdes continúan circulando. La pregunta ya no es si representan cultura, sino cuánto más puede el país sostener un sistema que aún no logra equilibrar identidad, legalidad y seguridad.

Omar López
Dirigente de la Cámara Nacional de Transporte (CANATRA)
Con una tarifa congelada y sin acceso a financiamiento, mantener buses seguros se vuelve insostenible; el problema no es el conductor, es el sistema
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