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- 31/10/2015 01:00
La historia que guarda el Casco Antiguo, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1997 y segunda fundación de la ciudad de Panamá, en 1673, tras el devastador ataque del pirata Morgan, corre delante del tiempo y del fuego.
Sus calles estrechas, con tradicionales edificaciones de madera, apiñadas en una pequeña península contra el mar, han sido fatídico escenario de masivos incendios que en el siglo XVIII se regaban como la pólvora.
El primero que se registra, llamado el ‘fuego grande', ocurrió en 1737 y destruyó el 95% de las casas del ahora conocido como barrio de San Felipe. De 380 casas censadas, solo 22 se salvaron.
Otros dos alcanzaron magnitudes similares, a pesar de las precauciones tomadas: uno, en 1756, y el último, en 1781.
Según Fernando Díaz Jaramillo, subdirector de la Oficina del Casco Antiguo del Instituto Nacional de Cultura, no había luz eléctrica y las personas utilizaban para iluminarse y cocinar diversos materiales de combustibles fósiles. Por temor a las llamas, cambia poco a poco la tipología de la construcción, reduciendo el uso de la madera a favor de bloques y ladrillos de arcilla.
Para el historiador Rommel Escarreola, en una época en la que no había capacidad colectiva de respuesta, el fuego se convirtió en el principal enemigo del legado arquitectónico de la ciudad. Las llamas acabaron con parte del importante rastro de la historia en las edificaciones urbanas, señala.
Con la llegada de la luz eléctrica, a finales del siglo XIX, no acabó, sin embargo, el latente miedo a los incendios.
Aunque desaparecen las velas y las lámparas de queroseno, la inmediata recarga del tendido (aéreo y expuesto a las inclemencias del tiempo) y el aumento de la población se suman a los elementos que juegan a favor de los siniestros.
No se registran grandes tragedias. Y el Casco Antiguo entra casi íntegro al siglo XX, con una nueva estampa republicana más señorial y arquitectónicamente consolidada.
El desarrollo de mediados de siglo y la tendencia de las grandes fortunas a ampliar sus residencias, añade una nueva amenaza a la vieja ciudad: el abandono.
A decir de todos los expertos, las ruinas son el mejor combustible para el fuego.
Aunque en periodo de recuperación, en el Casco Antiguo están identificadas 375 fincas ruinosas, de las que 30 están ocupadas en condiciones de hacinamiento. En un barrio de 845 edificaciones, ‘la ecuación es mortal', añade Díaz Jaramillo.
El 30 de julio de 2012, los bomberos sofocaron un conato de incendio en un restaurante en el edificio Montefiore de calle 9. Y el 30 de marzo de 2014, siete personas murieron quemadas en el inmueble La Terraza, ubicado entre calle 9 y 11.
LO QUE OCURRE
Díaz Jaramillo sostiene que aunque hay planes de evacuación y se trabaja en el remozamiento de inmuebles, evitar desastres en el Casco Antiguo ‘supone un gran reto'. El vehículo de extinción de escalera, modelo Rosenbauer, de ocho pies de ancho, designado a la zona histórica, pasa con dificultad por las calles del área y únicamente si no hay carros estacionados.
En estas condiciones, recomienda el mayor Juan De Arco, encargado de la Dirección Nacional de Seguridad, Prevención e Investigación (Dinasepi), del Cuerpo de Bomberos de Panamá, los vecinos deben ser los primeros vigilantes.
La Dinasepi promueve la información puntual para que todos los ciudadanos conozcan las fuentes de calor de riesgo.
Las llamas abiertas en la cocina, las instalaciones eléctricas defectuosas, la velas sin atender y los fósforos en manos de menores deben despertar las primeras alertas .
‘La fuente de calor debe estar siempre separada del material combustible', declara el mayor De Arco.
Los bomberos aconsejan, además, contar con alarmas contra incendios, extintores, señalizaciones de emergencias y habilitar escaleras auxiliares y planes de evacuación. En la noche, los letreros de evacuación deben estar bien marcados (señalizaciones fotoluminiscentes).
EDIFICIOS CONDENADOS
En la provincia de Panamá existen 121 edificios condenados no aptos para ser habitados, según el Ministerio de Vivienda y Ordenamiento Territorial. En la provincia de Colón hay contabilizados 140 inmuebles ruinosos.
Estas estructuras son generalmente viviendas multifamiliares en condiciones de vulnerabilidad social.
La actual administración ha demolido, hasta la fecha, 41 caserones, para dar paso a proyectos de renovación urbana y rehabilitación.
¡CUIDADO!
La Dinasepi recordó que los nuevos edificios tienen que cumplir con los sistemas de alarmas contra incendios, protección con rociadores de agua y actualización de los sistemas fijos de gas y electricidad. De Arco advierte, por otra parte, que los sistemas de gas deben pasar por las pruebas que verifican la hermeticidad de las líneas para evitar escapes. Quienes realizan esas pruebas deben tener una licencia expedida por la Junta Técnica de Ingeniería y Arquitectura (JTIA); igualmente, la persona que instala el equipo a gas (estufa o freidora) debe estar certificado por los bomberos.
En tanto, para realizar una reparación del sistema eléctrico es obligatoria la autorización de la JTIA. Esa regulación, según De Arco, rige para un local comercial, un edificio o una residencia.
A la fecha, se han registrado 706 atenciones por escape de gas y 1,346 casos por desperfectos eléctricos.
De los incendios se investigan cuatro causales: accidental (cortocircuito, estufa encendida); provocada; indeterminada (no se puede comprobar) y natural (rayo, efecto de un sismo).
Las estadísticas de los bomberos revelan que el 75% de los incendios accidentales se da por desperfectos eléctricos; un 10% se genera por velas y fósforos, y otro 10% por descuidos en estufas.
PATRIMONIO HISTÓRICO
Los inmuebles del Casco Antiguo en San Felipe han cambiado su cara
En el Casco Antiguo de la ciudad hay 845 fincas que integran el complejo monumental. Hay 30 edificios ruinosos ocupados, 345 edificios abandonados y lotes baldíos, y 145 que fueron remozados.