Discurso a los Jóvenes de América II

Segunda parte de la ponencia de Carlos Iván Zúñiga Guardia ‘El Patriota' durante la LXXX Convención Internacional del Club Activo 20-30, el 16 de agosto del 2002

Los jóvenes aquí congregados son testigos del drama que conmueve a las naciones de América y del mundo. La corrupción ha roto todos los diques que protegían la esperanza. La frustración corre pareja con la iniquidad de la corrupción.

En el sector privado se dan noticias de corrupción cada día más alarmantes. En los Estados Unidos solo la World Com., poderosa empresa de la telefonía, tiene un agujero de corrupción más grande que la deuda pública de Panamá: $7,100 millones.

En México, el hermano del Presidente Carlos Salinas de Gortari tenía depósitos sólo en Suiza por $114 millones, esa insolencia, ese irrespeto a los valores tradicionales de nuestras naciones, hieren el alma y la piel de todos los seres y más de los seres pobres de la tierra.

Estos son los temas para las cogitaciones de los jóvenes de hoy. Enfrentarlos en la tarea histórica. Su erradicación debería ser el objetivo de sus grandes hazañas. Porque es la forma más directa de luchar por el auténtico bienestar social.

Si la asistencia social procura hacer el bien al necesitado, y si toda la sociedad se encuentra ansiosa de superar sus males, una concepción moderna de la asistencia social debe llevar a las juventudes a luchar por la erradicación de los males que tienen a los pueblos frustrados en la pobreza, en la ignorancia y en el pesimismo.

Estas tareas sugeridas por Bolívar deben ser enfocadas también por la vía afirmativa. Luchar contra la corrupción, sí; pero para que ella no se dé estamos en el deber de inculcar la conducta honrada. Luchar por la honradez. Iniciarla en el hogar y prolongarla en el aula y en todos los estamentos de la sociedad.

Yo tuve un profesor de Gobierno, el Dr. Ángel Lope Casis, que luego de dictar las preguntas del examen escribía en el tablero: ‘yo no creo en la honradez vigilada. ¡Viva la honradez!'. Inmediatamente abandonaba el aula y nos dejaba solos con nuestra conciencia. Solos con nuestras conciencias, he allí la lección humana más perdurable, preciosa y vencedora de todas las tentaciones.

¿Recuerdan ustedes el pasaje de Cantinflas en la película Don Quijote al ser acosado por una enfermera? Se encontraba Cantinflas solo enfermo en un cuarto del Hospital y se le acerca la enfermera y le dice: al fin solo, Don Quijote. La respuesta fue rotunda: o, no; yo no le puedo hacer eso a mi Dulcinea del Toboso. La enfermera vuelve a arremeter y le expresa: pero ella no se va a dar cuenta. Al romper, dice Cantinflas: pero yo sí me daré cuenta.

La conciencia moral como Fiscal perpetuo de la conducta humana, solo con la conciencia. Allí, en la conciencia, está el pedestal de la honradez.

Este valor fundamental debe ser estimulado, debe ser desarrollado, se debe enquistar en la médula del alma, en toda la anatomía abstracta del espíritu La Honradez es el valor fundamental porque por su vigencia todos los demás valores encajan a la sociedad como anillo al dedo. Una sociedad honrada es una sociedad moral, decente.

Luchar por la palabra empeñada, por el cumplimiento de los compromisos, como ocurría antaño cuando los hombres, al definir un comportamiento, decían que su palabra era una escritura pública.

La palabra empeñada es la negación de la perfidia, siempre en acecho en las relaciones humanas. La palabra empeñada es la madre de las lealtades porque implícitamente responde al rigor de un juramento. Por eso de allí emana la lealtad, la lealtad con el amigo, con los padres, con el prójimo en sentido general. Es un voto de fidelidad que apaga la malicia, la incertidumbre, la desconfianza hace el valor del ser humano una mano abierta, el corazón de todas las terribles laceraciones.

La palabra empeñada tiene en mi país un ejemplo de antología. Don Alfonso Preciado, a finales de la década del treinta, fue a la ciudad de Colón a comprar un bien inmueble al señor Vicente Lara. El vendedor le enseñó varias casas y una de ellas fue del agrado del presunto comprador. Fijaron el precio y el señor Preciado, dando un apretón de manos, dijo al Señor Lara: la casa es mía, mañana haremos la escritura. Esa noche un fuego devorador consumió la casa de venta.

Pero en atención a la forma convenida, al día siguiente se presentó el señor Preciado a las oficinas del Señor Lara y luego de los saludos lo convidó a ir al despacho del Notario. Mucho lo siento, le contestó el vendedor. No podemos hacer la operación porque anoche se quemó la casa. La respuesta de Preciado como que salió del escritorio de un Arcángel: se quemó mi casa, señor Lara. Yo le dije que la casa era mía y le dí un apretón de manos en señal de cierre de operación. La escritura fue formalizada en el acto.

Estos son los valores morales que han desaparecido de nuestro escenario y luchar por su retorno es su función primordial de los jóvenes de América para que la guía del materialismo no termine asesinando todo lo bueno que quede en la tierra.

La justicia es otro valor en peligro de extinción. Decía un pensador norteamericano que es muy grande la oscuridad cuando la lámpara de la justicia se apaga. La justicia descansa en la integridad moral del juez. La integridad es el requisito o cualidad esencial de la justicia porque con la ella habrá independencia. La independencia del juez sin integridad es un ripio de la norma, absolutamente baladí.

La justicia es sinónimo de orden público, es decir, del ordenamiento jurídico como status firme de la sociedad. Sin ordenamiento no hay seguridad jurídica y sin esa seguridad los pueblos retroceden a los días anteriores de la fecha de la revolución francesa. Allí se fraguó el principio de legalidad y cuando se fraguó ese principio como conquista de la revolución la humanidad presenció un momento solemne del pensamiento humano.

Luchar por la justicia es darle un acompañante protector a todos los valores de la sociedad. Sin la justicia los valores vagan en la penumbra. Luchar por la justicia es una forma de asistencia social en bien de la tranquilidad de los pueblos.

Las instituciones encargadas de administrar justicia no nacieron de la noche a la mañana. Son el fruto de un largo proceso de la humanidad, lleno de sacrificios, de violaciones de todos los derechos humanos. Cuando surgió como uno de los poderes del Estado moderno y cuando fue provisto del papel de amortiguador de los conflictos, la sociedad entendió que su función de interpretar y de aplicar la Ley y de escrutar las acciones y excesos de los otros órganos del Estado, por vía de la sentencia, era la función institucional garante de la paz.

Solo habrá justicia buena y expedita el día que los jueces entiendan, como decía el ex presidente Wilson, que Dios y la historia residen en el Salón de acuerdos de la Corte Suprema de Justicia. Hoy los pueblos satanizan ese sitio que debe merecer la reverencia de los asociados y para lograr esa reverencia todo el conjunto social debe luchar por la limpieza de ese domicilio de Dios.

Honradez, lealtad, justicia son valores que deben estar siempre cautelados por la vigilancia social, por la vigilancia de la juventud. Luchan por su vigencia es una noviginia de manera de extender la asistencia social al universo espiritual de la sociedad. La asistencia no solo tiene carácter material, está también un bálsamo para los pueblos atormentados por las privaciones de todos géneros.

FICHA

Un vencedor en el campo de los ideales de libertad:

Nombre completo: Carlos Iván Zúñiga Guardia.

Nacimiento: 1 de enero de 1926 Penonomé, Coclé.

Fallecimiento: 14 de noviembre de 2008, Ciudad de Panamá.

Ocupación: Abogado, periodista, docente y político

Creencias religiosas: Católico

Viuda: Sydia Candanedo de Zúñiga

Resumen de su carrera: En 1947 inició su vida política como un líder estudiantil que rechazó el Acuerdo de bases Filós-Hines. Ocupó los cargos de ministro, diputado, presidente del Partido Acción Popular en 1981 y dirigente de la Cruzada Civilista Nacional. Fue reconocido por sus múltiples defensas penales y por su excelente oratoria. De 1991 a 1994 fue rector de la Universidad de Panamá. Ha recibido la Orden de Manuel Amador Guerrero, la Justo Arosemena y la Orden del Sol de Perú.

También se debe luchar por la vida. Sin precedentes en la historia de la ciudad de Panamá, en lo que va del año han ocurrido más de 160 homicidios. Sin precedentes, igualmente, muchos de estos delitos han sido cometidos por menores de edad. La delincuencia creciente de los menores debe ser materia de preocupación y de estudio por parte de la juventud sana.

En el sistema penal tradicional dos clases de sujetos no recibían sanciones por sus delitos: los dementes y los menores de edad. Se presumía en ellos la falta de discernimiento como actores del crimen. Ante la alarmante criminalidad de los menores por todas partes, se levantan voces que sostienen que si los menores cometen delitos propios de los mayores deben recibir penas como si fueran mayores.

Existen movimientos legislativos en varios países para fijar penas severas a los menores de edad delincuentes. Los clubes juveniles deben estudiar este lamentable fenómeno social y considerarlo como tareas esencia de sus preocupaciones. Sobre todo los problemas complejos del drama humano que en sí comprendían o reflejan fallas estructurales de la sociedad.

El joven delincuente, según las estadísticas, carece de un hogar debidamente integrado, es víctima de la sociedad que vive bajo el estigma de las discriminaciones y los privilegios y para esos jóvenes el Estado no se les presenta como ente protector. Este tipo de delincuente encuentra el reproche desde su más temprana edad. Su primera penalización la encuentra en su hogar destruido, la segunda penalización se la otorga la sociedad sin equidad y la tercera penalización es la que le atribuye el Estado por el delito cometido.

El debate está abierto en cuanto al tratamiento del menor delincuente. Una política severa para el menor criminal debe descansar en una política penitenciaria que prodigue centros especiales de rehabilitación del menor, de lo contrario el menor criminal sería enviado a la escuela del crimen, que son en la actualidad casi todos los centros penitenciarios.

La juventud limpia de inclinaciones delictivas debe estudiar y encarar los problemas de la juventud de muchos factores endógenos y exógenos que determinan su conducta o que arman su brazo de delincuente. Allí encontramos una dura pobreza de asistencia social, porque se va a trabajar en una rencilla humana deformada, de difícil corrección.

En la lucha contra la pobreza tiene la juventud otra bandera de indudable aceptación. La miseria, el hambre, la desocupación, no tiene color político, tampoco tiene una nacionalidad específica, están huérfanos de asistencia social pública. Es una fatalidad el aumento constante de la pobreza y de la mortalidad infantil por ese motivo. Entiendo que la lucha contra la pobreza más que una batalla de los clubes juveniles es una empresa internacional, capitaneada por los países ricos, y a lo interno de cada país debe constituir un plan de gobierno vigoroso, realista y serio.

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