‘Nos llevas y te pagamos, o mueres’

Actualizado
  • 01/06/2010 02:00
Creado
  • 01/06/2010 02:00
DARIÉN. Guerrilleros colombianos usan la densa y anárquica selva que une Centroamérica con Sudamérica para traficar cocaína, evitando co...

DARIÉN. Guerrilleros colombianos usan la densa y anárquica selva que une Centroamérica con Sudamérica para traficar cocaína, evitando controles policíacos y creando un nuevo foco de conflicto en la ‘narcoguerra’ en el continente. Vigilados tanto en el Caribe como en el Pacífico por patrullas panameñas y estadounidenses que regularmente confiscan cargamentos de droga, los narcos se mueven por Darién.

Obligan a indígenas de la zona a actuar como guías y mulas, transportan cargamentos de cocaína a lo largo de ríos de Darién y terrenos cenagosos.

Las montañas de la selva terminan en la Carretera Panamericana, cuyo cruce por América se rompe sólo por los 80 kilómetros de Darién. ‘Nuestros muchachos son usados por estos narcoguerrilleros para que sirvan de guía; los obligan prácticamente’, dijo el líder tribal Betanio Chiquidama, quien representa a los emberá y wounaan, habitantes de la provincia. ‘Les dicen: ‘bueno, dos cosas: mueres o nos llevas y te damos un pago por eso’. Esto es lo que está pasando, es difícil de repente decir no. No tienes armas, ¿qué más le queda a uno?’, subrayó.

Sin un Ejército permanente desde que la invasión estadounidense en 1989 derrocó al dictador Manuel Noriega, Panamá tiene un escaso control sobre su porosa frontera con Colombia.

En Washington las autoridades de EEUU sostienen que las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) —el mayor grupo guerrillero que opera en la nación sudamericana—, que han traficado cocaína a Estados Unidos por dos décadas, han optado por rutas costeras sobre tierra ante el incremento de las intercepciones en las vías tradicionales hacia el norte. Algunas veces, los traficantes llevan la cocaína a la costa y la mueven tierra adentro, donde la guardan por semanas para después regresarla a la costa y transportarla.

‘Es un lugar perfecto si quieres traficar narcóticos como lo están haciendo las FARC’, afirmó Alex Posey, un analista de la consultora Stratfor. ‘Es pantanoso, asqueroso; nadie realmente vive ahí’, añadió.

Unos pocos policías patrullan la húmeda e inhóspita frontera con Colombia. La nación ha tolerado por mucho tiempo incursiones de rebeldes de las FARC que cruzan para abastecerse de suministros y escapar de las fuerzas de seguridad de Colombia. Pero, respaldados por Estados Unidos y con crecientes preocupaciones sobre el tráfico de drogas, la policía panameña se está mostrando más dispuesta a combatir a las FARC en Darién, lo que podría empeorar la ya precaria seguridad.

En enero pasado, policías fronterizos panameños mataron a tres sospechosos de las FARC. Un mes después, guardias costeros se enfrentaron a tiros con supuestos narcotraficantes cerca de la frontera.

MEJOR ARMADOS

El presidente Ricardo Martinelli, ha prometido mejorar la seguridad. Panamá está instalando bases de seguridad para combatir el tráfico de drogas, incluyendo una en Darién. Como parte de la nueva estrategia, la policía ahora obstruye las líneas de abasto de las FARC limitando los embarques de comida a las pequeñas comunidades a lo largo de los ríos hacia Colombia. En tanto, la Asamblea de Panamá designó 10 millones de dólares para mejorar el armamento de la policía fronteriza. ‘Los fondos solicitados y entregados van dirigidos a responder con pie de fuerza en las fronteras’, señaló Marco González, diputado del partido oficialista Cambio Democrático. Pero hay pocos indicios de que Panamá pueda repeler a las FARC hacia Colombia o frenar el movimiento de la cocaína y la amenaza de violencia que implica.

‘No tenemos el poder de fuego para mantener un enfrentamiento’, consideró Severino Mejía, ex viceministro de Gobierno y experto en seguridad de la Universidad de Panamá.

‘La situación se va a deteriorar si la misión del Servicio Nacional de Frontera va a estar destinada al patrullaje de combate’, añadió. Además de limitar los embarques de comida, la policía ha restringido los desplazamientos, forzando a lugareños a permanecer en sus comunidades durante brotes de violencia.

‘La policía no (...) nos dejaba salir a la pesca, a la caza ni a buscar un plátano, a nada’, dijo Wilbert Bailarín, residente de Darién. Los darienitas dicen que viven en constante temor a que hombres armados asalten cultivos de comida y otros suministros, además de que ataquen a las mujeres. Las madres están preocupadas porque sus hijos sean arrastrados a un modo de vida diferente al que tienen y sean obligados a trabajar para los traficantes.

Los policías de Senafront señalan que casi nunca persiguen a rebeldes de las FARC en Darién porque los superan en número y muchos oficiales están muy asustados. ‘Siempre dicen que no dejan sus muertos atrás. Me imagino que esta gente está enojada’, alegó un uniformado que omitió su nombre, refiriéndose al choque a tiros de enero pasado.

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