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- 19/07/2026 12:09
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Agrega La Estrella en Google ↗️El arzobispo de Panamá, monseñor José Domingo Ulloa, aprovechó la homilía de este domingo para enviar un mensaje directo a los ciudadanos y al país, al afirmar que la transformación de Panamá no depende únicamente de reformas legales o decisiones institucionales, sino de la conversión personal de cada uno de sus habitantes.
Durante la misa, Ulloa reflexionó sobre las tres parábolas del Evangelio —la cizaña en medio del trigo, el grano de mostaza y la levadura— y sostuvo que todas apuntan a una misma enseñanza: evitar la intolerancia, el triunfalismo y la indiferencia.
El prelado planteó una pregunta central: “¿Quién es la cizaña?”, y advirtió que la sociedad suele responder señalando a otros.
“Para unos la cizaña son los políticos, para otros los empresarios, para otros los jueces, los sindicatos, los medios de comunicación, los que protestan o los que permanecen en silencio. Siempre encontramos a alguien a quien señalar”, expresó.
Sin embargo, señaló que el Evangelio invita primero a mirar hacia el interior.
“El campo donde crecen juntos el trigo y la cizaña no es solo el mundo o Panamá; somos cada uno de nosotros. Antes de preguntarnos quién es la cizaña, debemos preguntarnos qué necesita todavía convertir Dios en nuestro corazón”, afirmó.
Ulloa subrayó que el bien y el mal no solo se enfrentan en las calles o en las instituciones, sino también en la conciencia de cada persona, y aseguró que allí se decide el futuro de una familia, una comunidad y una nación.
En uno de los pasajes más enfáticos de su homilía, dirigió un mensaje específico al país.
“Panamá necesita justicia, necesita verdad, honestidad y respeto por la dignidad de toda persona, pero ninguna reforma será suficiente si no comienza por la conversión de nuestro corazón”, manifestó.
El arzobispo insistió en que el futuro de un país no cambia únicamente cuando se modifican las leyes.
“El futuro de una nación comienza a cambiar cuando cambian sus ciudadanos”, recalcó.
El arzobispo también cuestionó la tendencia actual a condenar a las personas con rapidez a partir de publicaciones, fotografías o comentarios en redes sociales.
“Bastan unas cuantas palabras o una publicación para condenar a una persona. Hemos aprendido a señalar con rapidez, pero nos cuesta detenernos para comprender”, dijo.
Según explicó, Jesús no rechaza el deseo de combatir el mal, sino la pretensión de ocupar el lugar de Dios juzgando definitivamente a los demás.
Al concluir la homilía, Ulloa resumió su mensaje en una reflexión dirigida a todos los ciudadanos:
“Quizás la pregunta más importante de este domingo no es qué deberían hacer los demás, sino: Señor, ¿qué esperas de mí para sanar el país que amo?”
Con ese llamado, el arzobispo pidió a los panameños dejar de centrar el debate únicamente en los errores ajenos y comenzar por revisar lo que cada uno está sembrando diariamente en su hogar, en su trabajo y en la sociedad.
“La transformación de un país comienza cuando permitimos que Dios cambie nuestro propio corazón”, concluyó.