OMI advierte que no existe paso seguro por el estrecho de Ormuz

El secretario general de la Organización Marítima Internacional (OMI), el panameño Arsenio Domínguez, alertó sobre la absoluta falta de garantías de protección en esta ruta clave para el comercio global de hidrocarburos

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En una de las declaraciones más severas y categóricas emitidas por la máxima autoridad marítima global, el secretario general de la Organización Marítima Internacional (OMI), el panameño Arsenio Domínguez, sentenció este martes 9 de junio que el tránsito de buques comerciales por el estrecho de Ormuz ya no puede considerarse seguro. El pronunciamiento oficial, que resuena con especial fuerza en Panamá dada la nacionalidad del alto cargo y el peso abrumador de la flota mercante nacional en el escenario global, advierte que la persistente inestabilidad geopolítica en la región y la absoluta ausencia de garantías confiables de protección obligan a replantear de manera urgente las operaciones y rutas de navegación en esta zona crítica del Medio Oriente.

En su intervención oficial desde la sede del organismo en Londres, Domínguez no ocultó su profunda preocupación ante el hecho de que múltiples embarcaciones, movidas por presiones logísticas y económicas, continúan intentando cruzar este estrecho marítimo a pesar de los altísimos riesgos ya documentados exhaustivamente por la comunidad internacional. La advertencia de la OMI surge como una respuesta directa a una serie de incidentes recientes de extrema gravedad en las aguas que dividen la península arábiga y las costas de Irán. Estos sucesos han dejado un saldo trágico y alarmante que incluye marinos fallecidos, heridos y otros retenidos contra su voluntad, lo que evidencia el rápido deterioro de las condiciones operativas y de seguridad en la región.

“La situación actual sigue siendo muy inestable, sin que existan garantías de seguridad fiables. En tales circunstancias, no puede considerarse que exista un paso seguro”, señaló de manera contundente el diplomático panameño en su mensaje a la comunidad internacional.

Para el titular de la Organización Marítima Internacional, el eje central y la prioridad innegociable de la entidad —un organismo especializado de las Naciones Unidas responsable de la seguridad de la navegación y de prevenir la contaminación del mar— es la preservación de la vida de la gente de mar. En este sentido, Domínguez advirtió que las tripulaciones civiles, conformadas por trabajadores esenciales que sostienen en sus hombros la cadena de suministro global, no deben ser expuestas de ninguna manera a escenarios de conflicto donde los riesgos son sumamente elevados y, sobre todo, difíciles de controlar por parte de las autoridades civiles.

El secretario general fue enfático al recordar los lineamientos y obligaciones legales de los marcos internacionales de gestión de la seguridad marítima, como el Código Internacional de Gestión de la Seguridad (Código IGS). Subrayó que la responsabilidad final sobre la planificación meticulosa de los viajes y la evaluación de riesgos no recae en los Estados de abanderamiento ni en la OMI de forma exclusiva, sino de manera ineludible en los capitanes de los buques y en las directivas de las compañías navieras armadoras. Este mensaje constituye un llamado ético y legal a los estamentos corporativos para que asuman plenamente las consecuencias de trazar rutas por zonas de alta conflictividad armada.

La alerta emitida por Domínguez adquiere una relevancia superlativa en el actual contexto económico debido a la importancia geoestratégica indiscutible del estrecho de Ormuz para el comercio mundial. Esta vía marítima, un paso angosto que actúa como el principal puente de conexión entre el golfo Pérsico, el golfo de Omán y el océano Índico, es el corredor utilizado por una parte significativa del transporte global de hidrocarburos. Según datos de agencias de energía internacionales, por este embudo estratégico transita alrededor de una quinta parte del consumo mundial de petróleo líquido y es la ruta de salida primordial para los principales exportadores de gas natural licuado (GNL) de la región.

Cualquier disrupción, ataque o amenaza latente en este cuello de botella geopolítico tiene el potencial inmediato de generar ondas de choque severas en los mercados energéticos globales, disparar el precio del crudo e incrementar exponencialmente los costos de los fletes a nivel mundial al encarecerse las primas de los seguros marítimos de riesgo de guerra. Ante esta cruda realidad comercial, el secretario general panameño insistió en que las decisiones financieras y la búsqueda incesante de rentabilidad no deben, bajo ninguna circunstancia, prevalecer sobre la integridad física y mental de las tripulaciones de múltiples nacionalidades que operan estas naves.

“Ninguna consideración comercial u operativa puede justificar que se exponga a la gente de mar a tales niveles de peligro”, afirmó Domínguez, marcando una línea roja moral y operativa para toda la industria naviera.

Además de la advertencia directa dirigida a las corporaciones privadas, la OMI aprovechó la instancia para hacer un enérgico llamado diplomático a todos los actores políticos y militares involucrados en la región, instándolos a que eviten acciones hostiles que violen el derecho internacional marítimo y agraven la crisis. La organización exhortó a la comunidad internacional a actuar con la máxima responsabilidad ante el evidente deterioro de la paz en la zona.

Aunque la organización no anunció la implementación de medidas restrictivas específicas ni la prohibición formal de la navegación —dado que imponer bloqueos excede sus competencias jurisdiccionales—, el peso institucional y político de la declaración constituye una de las advertencias de mayor contundencia emitidas por el organismo respecto a la crisis en el estrecho de Ormuz. Este pronunciamiento no solo refuerza las profundas preocupaciones sobre las amenazas asimétricas que enfrenta actualmente el transporte marítimo internacional, sino que pone a prueba la capacidad real de la industria naviera global, y de registros tan importantes como el panameño, para salvaguardar eficazmente a sus trabajadores frente a un panorama geopolítico que se perfila cada vez más inestable e impredecible.

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