Para Juan Camilo Nariño, presidente de la Asociación Colombiana de Minería (ACM), “una de las mayores restricciones que hoy hay para cumplir los acuerdos...
- 04/04/2012 02:00
PANAMÁ. Marzo terminó y los conteos de los homicidios del primer trimestre de 2012 comenzaron. Los diarios que llevan las tragedias del día a día recopilando nombres e historias, sacaron sus listas de asesinados, que no coinciden con las del Sistema Integrado Nacional de Estadísticas Criminales (SINEC). Así, los nombres se convierten en números. Un número más, un número menos, y las víctimas pasan a ser cifras. Sus homicidios hablan de cómo se están aplicando las políticas de seguridad ciudadana, y los estudiosos del tema ponen sobre el telón si existen o no dichas políticas, ‘que protegen el bien más preciado, que es la vida’, dice Aida Selles, directora del Instituto de Criminología de la Universidad de Panamá.
ÚLTIMA MUERTE DE MARZO
Para enmarcar la tasa de homicidio del mes de marzo, Mi Diario narró la historia de Gustavo Adolfo Ortiz y Dora Elisa Carvajal, los abuelos de Alcalde Díaz asesinados en su casa, y culminan diciendo que en marzo hubo 49 víctimas.
El Siglo, por su parte, habla de 48 víctimas. La última de marzo: Javier Arango. Un indígena de 30 años que optó por la diversidad sexual y pagó cara su elección. Este chico solitario era conocido como ‘Débora Marleins’ en el mundo transgenerista. Habitaba la pensión ‘Valle de la Luna’, en el barrio de Doleguita, en David
El sábado en la tarde fue hallado muerto por los encargados del establecimiento. Su cadáver fue levantado por las autoridades a las 8:00 de la noche del 31 de marzo, el último muerto del mes, que no entró en las estadísticas de Mi Diario, ni tampoco en las del SINEC, para quienes los homicidios de marzo fueron 35.
Según los dueños de la pensión, Javier entró el viernes en la noche en compañía de un moreno alto y fornido. El tipo se fue a la madrugada, ‘‘Débora’’ no salió con vida. Murió estrangulada. Su acompañante nocturno puso fin a la vida del travesti el último día de marzo. Nadie ha ido a la morgue a reclamar su cuerpo ni se sabe si fue un cremen homofóbico o no.
El problema para hacer estos análisis y determinar hacia dónde enfocar las políticas de seguridad es la falta de un observatorio de criminología que se dedique a la aplicación de políticas de seguridad ciudadana. Selles afirma que en la Universidad apenas se está empezando a implementar dicho observatorio.
3 CRÍMENES EN 33 HORAS
El 15 de marzo se publicó la historia de Sonis Valdés, un joven de 18 años sorprendido por dos pistoleros cuando salía de su casa en Samaria, camino al trabajo. Su muerte se sumó a la de Jonathan Ortega Figueroa, de 26 años, y a la de Cristóbal Tejeira de la Cruz, también de 18 años. Así, en San Miguelito, en menos de 33 horas, quienes ‘no temen por su vida ni respetan la de los otros’, como afirma Selles, acabaron con la existencia de estos tres muchachos. Sus muertes suman las alarmantes estadísticas del 49% de personas entre 18 y 29 años asesinadas este año.
Algunas familias aún hoy se preguntan las razones. En el caso de Sonis, los mismos justicieros aceptaron la equivocación.
Para Selles, es necesario admitir que ha habido variaciones cualitativas y cuantitativas que no se están tomando en cuenta. Lo peligroso es que vamos mimetizando este fenómeno de crimen sin asombro. ‘Un día un muerto, otro día otro, y otro muerto más’, concluye.
LA PREVENCIÓN
Aunque Panamá es uno de los países menos violentos de la región, y según las estadísticas oficiales, los homicidios han menguado en este año con respecto al anterior, de 188 a 181, ‘los crímenes del día a día aumentan el sentimiento de inseguridad en la gente. La disminución no se debe a una política de Estado’, dice Rafael Zeballos, representante de la Fundación Jóvenes Pro Seguridad Ciudadana.
Por su parte, Selles dice que ‘no se está invirtiendo en políticas integrales preventivas de seguridad’. Por eso hoy hay un mínimo de dos homicidios por día.
Según los expertos, Panamá está a tiempo de adoptar una política criminológica de Estado y ‘prevenir adoptar una cultura que lleve a la convivencia pacífica y saque a la población joven de la violencia, acción que no se está realizando’, dicen.
Desde las remotas historias de Caín y Abel, ha existido el homicidio por causas dolosas, pero hoy, en épocas de derechos humanos, es necesario una voluntad política integral ‘que incluya a la mayoría de estamentos, desde el Ministerio de Educación hasta el de Seguridad, y disponga de todos los recursos en la prevención’, concluye Selles.