El país camina hacia un enfrentamiento entre hermanos

La degeneración y degradación que vive el país en su nivel de gobernabilidad no es más que el resultado de una falta de consenso entre l...

La degeneración y degradación que vive el país en su nivel de gobernabilidad no es más que el resultado de una falta de consenso entre los panameños, quienes luego de la invasión norteamericana de 1989 “no hemos sabido, querido, podido e intentado hacer el alto que teníamos que hacer para ponernos de acuerdo sobre lo que queremos como nación y para qué lo queremos”, dijo ayer el catedrático Miguel Antonio Bernal a un medio radial.

En medio del panorama actual Bernal aboga por la Constituyente como única salida “pacífica y positiva” antes de que lleguemos a un enfrentamiento que nos pueda significar a todos los panameños dolor y pérdidas no sólo económicos, sino fundamentalmente humanas, porque según el constitucionalista se están dando en el país comportamientos que por acción u omisión buscan un enfrentamiento entre hermanos que resulta totalmente fuera de lugar.

Tras la oportunidad única de 1989 tuvimos una segunda coyuntura que fue el año 2000, cuando por primera vez pasamos a ser dueños absolutos de nuestro territorio nacional, “pero ahora que estamos viendo la putrefacción misma de la clase política”, con instituciones violentadas más que desgastadas, hemos llegado a un punto en el que resulta imposible encauzar nuestro camino como país con medidas aisladas dentro de un régimen que quiere resolverlo todo con nuevas leyes y reformas.

“Con el pretexto del nuevo cambio aquí se están intentando perpetrar medidas que están haciendo mucho daño, daño que ya se está sintiendo”, pero el Gobierno reniega de las manifestaciones populares, cuando estas reacciones deberían llevarnos a una reflexión nacional, “y es allí donde vuelvo a proponer como una posición racional y madura la Constituyente”.

El jurista defiende la Constituyente democrática, no una hecha a la medida de los políticos del gobierno de turno o de los de oposición; debe ser un proceso que se convoque con 10 ó 12 meses de antelación, pues a juicio de Bernal despertaría en la población una dinámica de acción que debería motivarnos a buscar acciones concretas para democratizar esto, porque por el camino que vamos corremos el riesgo de perder todo lo ganado hasta ahora.

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