Cientos de familiares y amigos se congregaron en la explanada donde se celebró el Festival Nova, lugar de la mayor masacre dentro de la oleada de ataques...
- 09/10/2026 16:14
En Calle 50 y Vía España, el movimiento de la ciudad cambió de ritmo. El tráfico pesado se mezclaba con el sonido de ambulancias y bomberos, mientras grupos de personas permanecían fuera de edificios y establecimientos. Muchos sostenían el teléfono, intentando comunicarse con sus familiares o confirmar que quienes estaban lejos se encontraban bien.
El ambiente era de tensión e incertidumbre. Algunas personas lloraban; otras observaban los edificios, miraban a su alrededor o trataban de entender qué acababa de ocurrir.
La escena tenía algo de irreal: la ciudad seguía allí, con sus vehículos y sus aceras, pero por unos minutos la rutina quedó desplazada por una preocupación común. La pregunta inmediata ya no era cuánto faltaba para llegar al trabajo o a casa, sino si todos estaban a salvo.
El viernes 9 de octubre, a las 12:56 p. m., un sismo de magnitud 7,2, según el reporte revisado del Instituto de Geociencias de la Universidad de Panamá, sacudió el territorio nacional. La entidad ubicó el evento a 39 kilómetros al noroeste de Tonosí, en la provincia de Los Santos, con una profundidad de cuatro kilómetros. El Servicio Geológico de Estados Unidos estimó una magnitud de 7,7.
En la capital, el temblor provocó evacuaciones en edificios de oficinas, viviendas y comercios. Las calles y los estacionamientos se convirtieron en puntos de encuentro para quienes prefirieron salir de las estructuras mientras esperaban información sobre sus condiciones.
En medio de esa salida apresurada, los teléfonos se volvieron una herramienta para acortar distancias. Había que avisar que uno estaba bien, preguntar por los padres, los hijos o la pareja y comprobar que el mensaje hubiera llegado. Para quienes no conseguían respuesta inmediata, la espera sumaba otra preocupación a la que ya había dejado el movimiento.
En El Cangrejo, la preocupación llevó a residentes del PH Kubic a organizarse para revisar las condiciones del inmueble. Uno de los vecinos contó que, con la orientación de una persona con experiencia en ingeniería civil, realizaron una inspección preliminar piso por piso, prestando atención a las columnas y a los estacionamientos.
Durante esa revisión no observaron daños estructurales visibles ni vidrios rotos en las áreas inspeccionadas. Tampoco percibieron olor a gas. Sin embargo, pidieron a los propietarios revisar el interior de sus apartamentos y reportar cualquier anomalía.
El residente también informó sobre afectaciones en algunas tuberías que dejaron sin suministro de agua a determinados apartamentos y afectaron el área social. Además de revisar los daños, los vecinos buscaban organizarse mejor para responder ante futuras emergencias.
La inspección vecinal ofrecía una primera referencia de lo que habían observado, pero no sustituía una evaluación técnica de la estructura. Después de un sismo de esta magnitud, la ausencia de daños visibles durante una revisión inicial no basta para certificar que un edificio es seguro.
El temor también alcanzó a quienes se encontraban en sus viviendas. Una residente de el edificio Portobelo, que vive en el piso 11, evacuó junto a su hija y decidió permanecer fuera del inmueble ante la incertidumbre posterior al movimiento. Para ella, salir fue una medida preventiva mientras intentaba comprender la situación.
En otro punto, un ciudadano que se encontraba en un establecimiento comercial relató que sintió con fuerza el temblor pese a estar en un primer piso. Según explicó, el local cerró como medida de precaución para proteger a trabajadores y clientes.
Después de evacuar, se dirigía a su vivienda para buscar a su gata y tenía previsto caminar. También señaló que había logrado comunicarse con sus familiares y clientes, quienes, según la información que recibió, se encontraban bien.
Su preocupación era saber cómo debía actuar ante posibles réplicas. “Necesito saber cuál es el protocolo, como ciudadano”, expresó.
La pregunta resumía una inquietud que se repetía entre quienes habían abandonado edificios y locales: qué hacer después de salir, cuánto tiempo permanecer fuera y cómo saber cuándo era seguro regresar.
El sismo principal no fue el único movimiento registrado. Durante las horas posteriores se reportaron réplicas, algunas de magnitud considerable, lo que mantuvo la atención sobre la evolución de la actividad sísmica.
Los reportes disponibles durante la jornada incluyeron movimientos posteriores de magnitud 6,0 y 6,1, según distintas actualizaciones sísmicas.
La respuesta inmediata de la población estuvo marcada por decisiones tomadas en medio del desconcierto: salir de los edificios, buscar a los familiares, esperar en las aceras o intentar conseguir información. Cada persona tenía una preocupación distinta, pero todas coincidían en la necesidad de saber qué había pasado y qué podía ocurrir después.
En Vía España, la rutina quedó interrumpida. La estación del Metro permanecía cerrada y, en los alrededores, ambulancias y equipos de emergencia se sumaban al movimiento de una ciudad que intentaba entender qué acababa de ocurrir. Afuera de establecimientos comerciales y edificios, trabajadores, residentes y transeúntes permanecían en las aceras, algunos todavía con el teléfono en la mano, tratando de comunicarse con sus familiares.
El temblor había durado poco en comparación con el tiempo que puede permanecer el miedo después de un movimiento de esa intensidad.
Una vez que la tierra dejó de sacudirse, quedaron las llamadas pendientes, las dudas sobre las estructuras y la espera de instrucciones claras.
La ciudad no se detuvo por completo, pero durante esas horas muchas de sus prioridades cambiaron. Antes de volver a la oficina, retomar una diligencia o pensar en el resto del día, había que confirmar que los seres queridos estaban bien y que el lugar al que se pretendía regresar no presentaba riesgos.
El sismo dejó daños por evaluar y una población pendiente de nuevas actualizaciones. Pero también dejó una imagen compartida por quienes salieron a las calles: personas que, frente a una situación que no podían controlar, buscaron a los suyos, se acercaron a sus vecinos y esperaron respuestas.