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- 08/09/2026 15:17
La violencia que golpea a distintos puntos de Panamá no puede entenderse únicamente como un problema policial. Detrás de los homicidios, los ataques por encargo y el reclutamiento de menores por pandillas existe un escenario marcado por la desigualdad, el desempleo juvenil, la pobreza y el deterioro de las instituciones, según el sociólogo Olmedo Beluche.
Las estadísticas reflejan un comportamiento desigual de la criminalidad. Entre enero y julio de 2026, el país contabilizó 351 víctimas de homicidio, frente a 339 durante el mismo periodo de 2025, lo que representa un incremento del 4%.
Al cierre de agosto, el Sistema Nacional Integrado de Estadísticas Criminales (SIEC) registraba de manera preliminar 402 homicidios, 17 más que los 385 reportados en igual periodo del año anterior. De ese total, 394 fueron clasificados como intencionales.
Aunque las denuncias por robo disminuyeron un 6.7% durante los primeros siete meses del año, al pasar de 3,016 a 2,813, los hurtos aumentaron un 2%, de 9,853 a 10,031 casos.
Para Beluche, profesor de Sociología de la Universidad de Panamá, el crecimiento de la violencia más grave está directamente relacionado con el deterioro de las condiciones económicas y sociales del país.
“El aumento de la delincuencia, del delito, de las pandillas y de los grupos de la mafia está directamente vinculado con el aumento de la degradación social, la disparidad social, el desempleo y la crisis de nuestros países capitalistas”, sostuvo en declaraciones a La Estrella de Panamá.
Uno de los principales factores identificados por el sociólogo es la falta de oportunidades para los jóvenes, especialmente aquellos que viven en comunidades populares afectadas por la pobreza, la precariedad laboral y una limitada presencia institucional.
Según explicó, estos territorios se convierten en espacios propicios para que las organizaciones criminales recluten nuevos integrantes, incluidos menores de edad, ofreciéndoles ingresos, reconocimiento, pertenencia y acceso a bienes que difícilmente podrían obtener por medios legales.
“La única manera de quitarles soldados a las pandillas es creando empleos y una estabilidad económica”, afirmó.
Beluche advirtió que, cuando la juventud no encuentra alternativas educativas, laborales o comunitarias, la delincuencia aparece como una vía para satisfacer necesidades y alcanzar las aspiraciones materiales promovidas por la propia sociedad.
“Si a la juventud no se le dan alternativas, ellos las van a encontrar por la vía de la delincuencia, que les ofrece la posibilidad de tener los bienes y las riquezas que sueñan”, planteó.
Los hechos registrados durante los últimos meses muestran precisamente una creciente participación y afectación de menores en escenarios violentos. Hasta finales de julio, cifras manejadas por las fiscalías señalaban que alrededor de 30 menores de 18 años habían sido asesinados en Panamá durante 2026.
Entre las víctimas se encuentran niños y adolescentes alcanzados durante ataques dirigidos contra otras personas, así como jóvenes asesinados en sectores donde operan pandillas y organizaciones vinculadas con el crimen.
Aunque los homicidios se concentran principalmente en sectores de Panamá, San Miguelito, Colón y Arraiján, Beluche considera que el problema trasciende los denominados “focos rojos”.
A su juicio, el país experimenta un deterioro más amplio de su estabilidad y equilibrio social, caracterizado por la concentración de la riqueza en grupos reducidos y el aumento de las dificultades económicas entre la mayoría de la población.
“Hay una degeneración no solo de la seguridad, sino de la estabilidad y el equilibrio social en general. La sociedad panameña es cada día más desigual”, sostuvo.
Esta desigualdad, agregó, crea las condiciones en las que prosperan las pandillas, las redes delictivas y otras formas de criminalidad organizada.
No obstante, el especialista aclaró que las carencias económicas no son el único elemento detrás de este fenómeno. A ellas se suma una transformación cultural marcada por el individualismo, el debilitamiento de la solidaridad y la pérdida de respeto por la vida de los demás.
Beluche también relacionó la violencia con una crisis ética que atraviesa diferentes niveles de la sociedad. Consideró que los casos de corrupción y la percepción de impunidad en los círculos de poder pueden transmitir a los jóvenes la idea de que infringir las reglas constituye una forma válida de alcanzar beneficios.
“Cuando la juventud ve ciertos ejemplos en sectores del poder político y ve la corrupción, también toma ejemplo de eso y cree que por esa vía puede resolver sus problemas, porque otros lo hacen y no les pasa nada”, expresó.
El sociólogo sostiene que la denominada crisis de valores no puede analizarse aisladamente, pues se encuentra vinculada con las condiciones materiales, la debilidad institucional y la pérdida de confianza en las autoridades.
En este contexto, los operativos policiales y el endurecimiento de las penas pueden atender temporalmente algunas manifestaciones del delito, pero no modifican los factores que facilitan el reclutamiento de nuevos miembros por las organizaciones criminales.
Beluche cuestionó que la principal reacción institucional ante la inseguridad continúe centrada en el aumento de la vigilancia, las detenciones y el encarcelamiento.
“La única respuesta que están dando los gobiernos y el Estado es la represión”, manifestó, al considerar que estas medidas no han demostrado capacidad para resolver estructuralmente la criminalidad.
En su opinión, Panamá necesita revisar su política económica, fortalecer la creación de empleos, garantizar salarios adecuados y ampliar la inversión estatal en servicios públicos y protección social.
También cuestionó las exoneraciones concedidas a determinados sectores económicos relacionados con el Canal de Panamá, los puertos y el hub logístico, mientras el Estado enfrenta dificultades para responder a necesidades básicas como la educación, el suministro de agua y la recolección de basura.
Para Beluche, reducir la violencia exige reconstruir las condiciones sociales de las comunidades: ofrecer oportunidades laborales a los jóvenes, fortalecer la educación, recuperar los espacios públicos y garantizar servicios estatales eficientes.
Desde esta perspectiva, la inseguridad no comenzaría con el momento en que se comete un delito, sino mucho antes: cuando un joven abandona la escuela, no consigue empleo, crece rodeado de precariedad y encuentra en una pandilla la única estructura que le ofrece dinero, identidad y pertenencia.
Según el sociólogo Olmedo Beluche, el fenómeno está relacionado con la desigualdad, el desempleo juvenil, la pobreza, la corrupción y la falta de alternativas sociales.