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- 24/09/2021 00:00
Delincuencia, ninis y desempleo juvenil
La reciente escalada de hechos violentos en Panamá ha puesto de nuevo a la inseguridad como una de las principales preocupaciones del panameño, a la par del desempleo. Ambos están estrechamente relacionados, particularmente en lo que a la población joven se refiere.
La delincuencia ha sido prioridad de todos los Gobiernos y consigna en todas las elecciones. Se han invertido millones de dólares públicos y privados en su solución, pero lejos de disminuir, aún en los períodos de fuerte crecimiento económico, la criminalidad sigue creciendo de manera sostenida. La pandemia agravó la tendencia.
Lo que está pasando fue advertido hace 14 años. En el 2007, la Sección de Investigación y Análisis de la Oficina de las Naciones Unidas sobre Drogas y Crimen (Unodc) publicó un informe titulado “Crimen y desarrollo en Centroamérica, atrapados en una encrucijada”, en el cual hizo una serie de advertencias que cobran singular importancia en la actual coyuntura económica y social de Panamá, incluyendo:
“Los estudios sobre la correlatividad en la delincuencia, han encontrado que la distribución de la riqueza en una sociedad es, de hecho, mucho más significativa que la pobreza extrema, para predecir los niveles de violencia… El desempleo, especialmente en los jóvenes de las zonas urbanas que han abandonado la escuela, se ha asociado también con los niveles de delincuencia. Varias naciones de la región tienen altos niveles de juventud ociosa, mientras que el porcentaje de inscripciones en las secundarias es menor al 50 %, y las economías urbanas no están creciendo lo suficientemente rápido como para soportar el crecimiento de la población”.
Existe una relación directa entre la delincuencia y la pérdida de protagonismo juvenil en la expansión del empleo. A pesar de un gasto estatal superior a los $15.5 mil millones en educación entre el 2008 y 2018, los jóvenes (15-29 años), quienes obtenían 1 de cada 4 empleos generados por la economía entre el 2004 y 2009, solo obtuvieron 1 de cada 27 entre el 2018 y 2019, a pesar de ser un tercio de la población en edad productiva y 60 % de quienes buscaban trabajo.
La tasa de desocupación en jóvenes entre 15 y 29 años antes de la pandemia (agosto 2019) era 15 %, la mayor desde agosto 2006 (16 %) y habían 259 748 de ellos (as) que no trabajaba ni estudiaba (ninis)?, 26.6 % de la población en esta franja etaria, el nivel más alto en 14 años. 70 % de estos jóvenes residía en entornos urbanos, 3 de 4 (77 %) eran menores de 24 años y 2 de cada 3 mujeres.
El impacto laboral de la pandemia fue particularmente severo con los jóvenes. La mitad de los empleos perdidos en el 2020 fueron trabajadores del comercio y mano de obra no calificada en sectores como la logística, construcción, turismo y servicios de apoyo administrativo. 28 % de los trabajadores del comercio y 31 % de los trabajadores no calificados del país tiene menos de 30 años.
Este efecto llevó la tasa de desempleo juvenil (15 a 29 años) de 15 % (INEC, 2019) a 42 % (estimado, 2021). Adicionalmente, la deserción escolar en educación premedia y media, que en el 2019 era del 63 %, con 14 mil adolescentes abandonando el sistema anualmente, se agravó. Según estimaciones de la ministra de Educación, Maruja Gorday de Villalobos, el número de desertores en el 2020 sería de 60 mil estudiantes. El ocio es “la Oficina del Diablo”. La relación entre inclusión social (educativa y productiva) y delito es clara.
El Gobierno nacional, a través del Ministerio de Seguridad y la Contraloría General de la República, llevó a cabo la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción de Seguridad Ciudadana 2017 (ENVIP 2017), cuyo período de muestreo fue julio 2015-junio 2016. La ENVIP 2017 reportó que en ese período se cometieron 630 739 delitos (1.2 delitos por minuto), al tiempo que el registro oficial del Sistema Integrado de Estadísticas Criminales (SIEC) para el 2016 ubicó esa cifra en 61 684. Esto sugiere que el delito no reportado fue superior al 90 %, 14 puntos superior al nivel del 2013 (76 %), según declaraciones de la entonces directora del SIEC.
No hay información oficial para el 2021, pero desde el período de muestreo de la ENVIP 2017, el desempleo juvenil y la deserción escolar aumentaron dramáticamente. La criminalidad también.
La génesis del delito es social, no policial. La única manera de prevenir la delincuencia de manera sostenible es que no haya necesidad de delinquir, enorme reto para el sexto país más desigual del mundo.