La jefa de gabinete del MEF defiende la urgencia del proyecto de ley de sustancia económica. Explica cómo esta normativa busca modernizar el sistema fiscal...
- 08/03/2015 01:00
El pasado lunes 2 de marzo, miles de estudiantes regresaron a las aulas. Y, como en una especie de déjà vu , los reportes de los medios destacaban lo mismo de todos los años: Escuelas en mal estado, reparaciones a medias, colegios que no pudieron iniciar el año escolar, etc., etc. Sin embargo, nadie destacó una laguna en el plan educativo: El año lectivo 2015 comenzó sin que, una vez más, se tenga una política definida sobre la educación sexual.
Durante el 2014, por la discusión de un nuevo anteproyecto sobre el tema en la Asamblea Nacional, la polémica se reavivó y Panamá, nuevamente, se dividió entre quienes apoyan que se imparta educación sexual en los centros educativos y los que no. Luego de varias semanas, el tema se fue olvidando y las discusiones bajaron de tono.
Sin embargo, el pasado miércoles, el tema volvió a la palestra y se aprobó en primer debate.
Crispiano Adames, diputado que preside la Comisión de Trabajo, Salud y Desarrollo Social, comenta que el proyecto pudo llegar al pleno gracias al ‘consenso de, prácticamente, todos los actores que estuvieron conversando sobre el tema durante estos seis meses’.
Y aunque ya el proyecto de ley 61 está en primer debate, Adames admite que no todos han quedado contentos, pues ‘hubo algunas diferencias’. No obstante, el médico aclara que estas discrepancias son ‘subsanables’.
Al consultar información de la Asamblea Nacional de quiénes estuvieron presentes en este primer debate del pasado miércoles, lo único que se indica es que participaron de la discusión ‘diversas agrupaciones de la sociedad civil, representantes de los Ministerios de Educación y Salud, Caja de Seguro Social, la Secretaría Nacional de Niñez, Adolescencia y Familia (Senniaf), Organizaciones No Gubernamentales (ONG), y agrupaciones juveniles, entre otros’.
RETROSPECTIVA
Una ley sobre educación sexual, podría decirse, lleva ya diez años de atraso en Panamá, pues el proyecto presentado por Adames en el 2014, es el intento de legislar sobre el tema.
La primera vez que la educación sexual se mencionó en el Palacio Justo Arosemena, fue durante el gobierno de Martín Torrijos y la discusión recibió gran rechazo.
Orlando Quintero, de la fundación Probidsida, lo recuerda: ‘Se trató de presentar unas guías de sexualidad. Habían guías para primaria y para los adolescentes. El lenguaje en cada caso era distinto, pero hubo una situación frustrante, porque argumentaban que a todos se les hablaba por igual. Se dejó el tema un lado y ahora estamos pagando’.
Cinco años después, con Ricardo Martinelli en el poder, se intentó que los diputados tomaran cartas en el asunto sobre el tema, de manera infructuosa, otra vez.
Diógenes Sánchez, de la Asociación de Profesores de Panamá, por su parte, recuerda lo que sucedió con el tema en aquella vuelta: ‘Este proyecto quedó sepultado con la administración de Lucy Molinar, quien siempre se negó a que se discutiera. Ella siempre se opuso por su posición muy conservadora y sus creencias. Respetamos las creencias, pero consideramos que es necesario que la educación sexual se explique científicamente, no desde la moral cristiana’, opina el docente.
EL DILEMA
A pesar de los muros con los que una ley de educación sexual se ha encontrado, pareciera que los diversos grupos coinciden en que es importante abordar este asunto.
Sin embargo, sectores conservadores rechazan la forma en que el proyecto de ley 61 aborda ciertos temas. Un reporte del diario Panamá América de hace unos días, comentaba que entre los tópicos que más se han tenido que discutir están ‘la patria potestad, definir el grado de intervención de acuerdo con la edad de los jóvenes, valorar los aspectos culturales y el rol de los padres de familia’.
Aixa Gómez, presidenta de la Confederación de Padres de Familia de Panamá, comenta que no está en contra de la educación sexual en general, más bien, están en contra del proyecto, en sí mismo, por el enfoque que tiene: ‘No podemos permitir que se dé educación sexual de la forma en que ellos lo están proponiendo y, muchos menos, con esos temarios que se escogieron para las escuelas. Hay que enseñarle a los jóvenes a respetar su cuerpo, hay que enseñarle a los jóvenes la responsabilidad que conlleva una sexualidad. Esa es la educación sexual que se debe llevar, pero no de la forma en que dice el proyecto de ley. Nosotros, como padres de familia, nos opondremos a esa clase de proyectos’, aclara Gómez.
El docente Sánchez, aunque está de acuerdo con el proyecto de ley 61, admite: ‘Se debe tomar más en cuenta el papel del padre en la educación sexual de sus hijos’. No obstante, el dirigente de Asoprof sí está consciente de que los tiempos de hoy no son como los de ayer, y por tanto, hay que adaptarse a la mentalidad moderna. Lo que para un padre puede ser escandaloso, con toda la información a la que tienen acceso los menores de edad, puede ser algo, hasta cierto punto, normal. ‘No puede ser un proyecto muy conservador ni tampoco muy liberal, tiene que haber un punto de equilibrio entre aquellos sectores que lo apoyan y aquellos que lo adversan. He podido notar que hay muchas posiciones extremistas de un sector y eso no puede ser, debe haber equilibrio. El centro de este proyecto de ley deben ser los menores de edad para que tengan acceso a la información adecuada y sean responsables de su sexualidad’, comenta Diógenes Sánchez.
Juana Cooke, directora ejecutiva de la Asociación Panameña para el Planeamiento de la Familia (Aplafa), comenta que la falta de divulgación ha hecho que se creen varios conceptos errados sobre el enfoque del texto que plantea llevar la educación sexual a las escuelas: ‘No se conoce mucho el proyecto de ley y creo que ha habido espacio de desinformación al respecto. Existen muchos mitos que rodean al proyecto. Ha habido un proceso de desinformación, ya que se asume que se promueven conductas irresponsables en cuanto a la educación integral de la sexualidad’.
TIC TAC
Cuando se le consultó a Adames cuándo podría iniciar el segundo debate de este proyecto, el diputado solo comentó que espera que ‘entre en agenda pronto’.
Mientras se decide cuánto tardará el pleno en discutir este asunto, las cifras sobre muertes por situaciones de salud relacionadas con el sida, así como por otras infecciones de transmisión sexual y la cantidad de adolescentes embarazadas que deben abandonar las escuelas, entre otras cosas, siguen en aumento.
Orlando Quintero, de la fundación Probidsida, comenta que en la medida en que se postergue hablar de temas como el sexo y la sexualidad, las consecuencias serán peores: ‘El tema de la sexualidad está bajo el paraguas del estigma y del tabú sobre el tema. Son muy pocos los padres que les hablan a los hijos sobre sexualidad. Mis padres no me hablaron sobre sexualidad, mis abuelos no les hablaron a mis padres, tampoco. Es un círculo: si no adopto la postura de hablarle a mis hijas, sigo con este círculo vicioso. Este tabú va creando un efecto nocivo sobre la sexualidad’. Ante tal situación, opina el médico, hay que tomar cartas en el asunto y buscar otra opción si las cosas en casa fallan: ‘El papá es siempre el primer indicado para tocar el tema; pero si ese ‘plan A’ falla, y así está sucediendo, ¿cuál es el próximo paso? Hablarlo en las escuelas, que es donde se les podría hablar. En las escuelas debe, como ‘plan B’, darse la educación sexual, y de la forma correcta. Hay que asumir una responsabilidad, pero nadie la asume, nadie da los primeros pasos’.