Cientos de familiares y amigos se congregaron en la explanada donde se celebró el Festival Nova, lugar de la mayor masacre dentro de la oleada de ataques...
‘¡Protégenos Dios!’, el día que tembló Panamá y el pueblo quedó en vigilia
- 10/10/2026 00:00
Son las 12:56 p.m. en Ciudad de Panamá. Un calor intenso abrasa la piel. Mi abuela de 85 años está terminando de almorzar en su terraza. La mesa del comedor se sacude, los vidrios en las ventanas chocan entre sí. Extrañados, miramos como los cimientos de la casa se bambolean como si estuvieran hechos de goma.
“Dios mío protégenos, Dios mío protégenos”, recita mi abuela mientras se levanta de la mesa.
Tiembla Panamá. El Instituto de Geociencias de la Universidad de Panamá informará horas después que se trató de un movimiento sísmico de 7.5° en la escala de Richter, que su epicentro fue en Tonosí, provincia de Los Santos, que se detectarían más de 100 réplicas a lo largo del día.
En esos momentos no sabemos nada de eso. En ocasiones anteriores, los temblores en Panamá duran unos cuantos segundos y son más anecdóticos que trascendentales. Pero este temblor inicial se extiende por un minuto completo, un minuto de rezos y nerviosismo.
En un edificio en construcción, un video compartido en redes sociales muestra a los obreros aferrados a enclenques estructuras improvisados parafraseando a mi abuelita y miles de otros panameños alrededor del país: “Papa Dios, aguanta Papa Dios, aguanta Señor”.
Pero, más allá de los rezos, nadie sabe muy bien qué hacer. Al salir a la calle, nos encontramos con vecinos que buscan respuestas en sus teléfonos móviles. Entre ellos hay adultos mayores en sillas de ruedas, tan desconcertados como el resto. Todos intentamos entender qué está ocurriendo. Saco mi celular y llamo a mi hijo, que tiene autismo y vive con su madre. Apenas contesta, me pregunta angustiado: “Papá, hay una alerta de tsunami. ¿Adónde voy? ¿Qué hago?”.
Le digo que lo más importante es mantener la calma. Le advierto que probablemente habrá réplicas y le insisto en que no salga corriendo si la tierra vuelve a temblar. Después busco información sobre la alerta de tsunami que tanto lo inquieta. No se trata de un rumor inventado, como pensé inicialmente. Tras el terremoto se había emitido una advertencia por la posibilidad de un tsunami en el Pacífico, pero horas después el Sistema de Advertencia de Tsunamis la descartó. En medio del desconcierto, incluso distinguir entre una amenaza real, una alerta preventiva y una información desactualizada resulta difícil.
Me subo al carro y me dirijo a la redacción de La Estrella de Panamá, pensando que ya todo había acabado. No es así. En las siguientes horas se registrarían más de 100 réplicas de distinta intensidad.
Los carros avanzan como en procesión a lo largo de la Vía España, las aceras están colmadas de cientos de personas que han sido evacuadas de los edificios cercanos. De las estaciones del Metro también salen grupos de personas, las líneas han sido detenidas como medida de precaución por las autoridades.
A unas cuántas calles, en El Cangrejo, colegas entrevistan a personas afectadas. El administrador de un PH da instrucciones al grupo de residentes confundidos fuera del edificio. Nadie, ni siquiera él mismo, está claro de los protocolos a seguir.
“Lo que hicimos fue que nos reunimos con un vecino que es ingeniero civil y nos dio recomendaciones. Se recomendó una revisión piso por piso para ver como estaban las columnas. Estamos preparándonos para futuros incidentes como este. No vimos vidrios rotos así que creo que no hay peligrosidad. Lo que sí es que se les pidió a los propietarios que olieran si hay gas y abrieran las ventanas”, cuenta el administrador.
Cerca, una señora de 65 años, su hija de 30 y su nieta de 5 años caminan nerviosas. No saben adónde dirigirse, ni qué cuentas oficiales revisar. Muchos esperan el momento de regresar al apartamento para buscar a sus mascotas, gatos y perros cuyos ladridos se escuchan desde las ventanas de los apartamentos.
A las 3:00 de la tarde, la subdirectora del Sistema Nacional de Protección Civil (Sinaproc), Malitzie Rivera, comparece ante los medios para informar sobre las afectaciones del terremoto y ofrecer recomendaciones a la población. Apenas han transcurrido unos minutos cuando una nueva réplica interrumpe la conferencia. Las cámaras de televisión, todavía encendidas, registran imágenes entrecortadas mientras autoridades y periodistas abandonan apresuradamente el lugar en busca de resguardo.
Poco después, el Sistema Nacional de Protección Civil (Sinaproc) daría a conocer un primer balance de los daños. En Coclé, 15 estudiantes de la Escuela Alberto Zúñiga fueron evacuados con lesiones menores, mientras que el Hotel Dos Continentes sufrió un colapso parcial, sin que se reportaran heridos. En el mercado municipal de Aguadulce, una persona tuvo que ser rescatada. En Los Santos, el terremoto provocó el colapso de viviendas y dejó daños en iglesias, edificios gubernamentales, calles y cuarteles del Cuerpo de Bomberos y de la Policía Nacional. En Isla Caña se registró un incremento del oleaje. Los daños también alcanzaron Panamá Oeste, donde una losa se desprendió de una estación policial en La Chorrera.
Las afectaciones también alcanzaron el suministro de agua potable. El Instituto de Acueductos y Alcantarillados Nacionales (Idaan) informaba que varias plantas potabilizadoras del país sufrieron interrupciones o reducciones en su producción debido a fallas eléctricas ocasionadas por el sismo. La planta de Chilibre, que abastece a buena parte de la ciudad de Panamá, operó durante varias horas a apenas el 20 % de su capacidad.
El Ministerio de Educación (Meduca), por su parte, anunciaba la suspensión de clases en todo el país tras reportar afectaciones en decenas de centros educativos a causa del terremoto.
Horas después, mientras las autoridades continuaban evaluando los daños provocados por el terremoto, el presidente de la República, José Raúl Mulino, se trasladó a Penonomé, desde donde dirigió un mensaje al país.
“Nadie está nunca preparado para este tipo de desastres. De aquí a mañana nos llenaremos de más recursos, cosas para niños, Pampers. Agradezco la llamada de varios presidentes amigos de América del Sur y Centroamérica poniéndose a disposición”, decla el mandatario.
Además de presidentes amigos, el Banco de Desarrollo de América Latina (CAF) le comunicaba a Panamá que ponía a su disposición una donación por 250 mil dólares y una línea de crédito de 50 millones de dólares para responder a la emergencia.
Mientras tanto, encontré una imagen de Sinaproc dando recomendaciones para armar una maleta de emergencia y la reenvié al grupo de Whatsapp familiar. Llamé a mi hijo para recordarle que la alerta de tsunami la habían desmentido y confirmé que familiares y amistades se encontraban bien.
Cayó la noche, el Despacho de la Primera Dama anunció que se mantendría abierto y recibió a grupos de personas con tiendas de campañas que decidieron pasar la noche allí. Y es que los residentes de apartamentos pasaron el día bajando y subiendo escaleras con cada nueva réplica, asustados y nerviosos por lo que pudiera pasar.
En otras tiendas de campaña, menos glamorosas, pacientes evacuados de hospitales alrededor del país se mantienen con sus venoclisis recibiendo atención.
Una noche tensa, una vigilia nerviosa se cierne sobre el país.
Las imágenes de los devastadores terremotos que meses atrás sacudieron Colombia y Venezuela todavía permanecían frescas en nuestra memoria. Esta vez, sin embargo, nos tocó a nosotros. Panamá, un país que tantas veces hemos considerado bendecido por Dios, no había experimentado un movimiento sísmico de esta magnitud desde 1882, hace 144 años.
Y en medio de los daños, el miedo y la incertidumbre, hay una razón inmensa para agradecer: no se han reportado víctimas fatales. Pero el alivio no puede hacernos olvidar lo que ocurrió durante aquellas horas, cuando muchos no sabían adónde dirigirse, cómo protegerse o a quién acudir.
El terremoto dejó una tarea pendiente que involucra a las instituciones públicas, a las empresas y a cada familia: prepararnos para una emergencia que puede repetirse. Porque este viernes, mientras la tierra se sacudía bajo nuestros pies, comprendimos que vivir en un país acostumbrado a mirar estas tragedias desde lejos no significa estar a salvo de ellas.
El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, envió un mensaje a través de su cuenta de X respecto al terremoto registrado en Panamá. “Estoy monitoreando de cerca los reportes del terremoto en el sur de Panamá. Los Estados Unidos apoyan al pueblo de Panamá. Por solicitud del gobierno panameño, el Departamento de Estado está rápidamente movilizando recursos y personal para asistir”, tuiteó Rubio. La solidaridad hacia Panamá vino desde distintos lados del continente, la presidente encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez tuiteó: “Desde Venezuela expresamos nuestra solidaridad con el hermano pueblo de Panamá, el presidente @JoseRaulMulino y su Gobierno ante los recientes terremotos. Hemos ofrecido nuestra asistencia y establecido contacto con las autoridades panameñas para coordinar las acciones que sean necesarias. ¡Panamá no está sola!”. El presidente colombiano, Abelardo De la Espriella, también envió un mensaje a través de sus redes sociales. “Expreso toda mi solidaridad y afecto al hermano pueblo de Panamá y a su Gobierno ante los difíciles momentos que atraviesan a causa del fuerte sismo. Colombia acompaña a la nación panameña en esta adversidad. Nos unen la historia, la hermandad y unos lazos de amistad que se fortalecen especialmente en los momentos difíciles. ¡Panamá no está sola! Cuenten con el respaldo de Colombia y con toda nuestra disposición para brindar la asistencia que sea necesaria. Un abrazo fraterno a todo el pueblo panameño”.