El gobierno de Rousseff: continuidad y estilo propio

PANAMÁ. La economista y política Dilma Rousseff se ha convertido en la primera jefa de Estado de Brasil, y hoy, junto a Cristina Fernánd...

PANAMÁ. La economista y política Dilma Rousseff se ha convertido en la primera jefa de Estado de Brasil, y hoy, junto a Cristina Fernández, en Argentina; y Laura Chinchilla, en Costa Rica, es la tercera mujer con mayor poder político en el Continente Americano. Una coincidencia insospechada en la intermitente historia de los derechos ciudadanos en la región, donde lo productivo y lo reproductivo, lo público y lo privado, lo interno y lo externo, se articulan y combinan de un modo tal que viven, a la vez, ‘en el mejor de los tiempos y en el peor de los tiempos’.

GENIO Y FIGURA

Hace 62 años, Dilma Vana Rousseff nació en Belo Horizonte, hija de una maestra brasileña y un emigrante búlgaro que al finalizar la Segunda Guerra Mundial decidió radicar en Sudamérica. La historia paterna, sumada a las condiciones de Brasil y la dictadura militar de los años sesenta, llevaron a Dilma a iniciar una vida conspirativa desde la agrupación de izquierda Política Operaria y luego al Comando de Liberación Nacional, que posteriormente dieron lugar a una sola organización llamada Vanguardia Armada Revolucionaria Palmares, uno de los grupos guerrilleros más fuertes del Brasil en aquella década.

Para algunos, la otrora Wanda o Luiza era el cerebro logístico de Vanguardia Palmares; otros la describen como un simple cuadro medio mientras que, según el diario Folha de São Paulo, fue justamente en esa época cuando Rousseff viajó a un campo de entrenamiento militar en Uruguay bajo las órdenes de la guerrilla oriental MLN-Tupamaros, algo que nunca ha sido desmentido por la ahora presidenta. El 18 de junio de 1969, un comando de Vanguardia Palmares tomó la casa de la presunta amante del gobernador de San Pablo, se hizo con un botín equivalente a 2,5 millones de dólares. Se dice que Dilma, que por entonces tenía 21 años, compró el auto que facilitó la huida de los asaltantes, aunque ella sostiene no recordar este incidente. En 1970 fue arrestada y se la sometió a un proceso sumario por un tribunal militar. Estuvo en prisión entre 1970 y 1973 y fue víctima de tortura.

Después de tres años detenida, salió y contrajo nupcias con un antiguo compañero de guerrilla, unión de la que nació la única hija de la Presidenta. Ya casada, Rousseff siguió estudios en Río Grande do Sul graduándose en Economía y en ese estado comenzó su carrera como secretaria de Energía. A principios de los años ochenta participó en la refundación del Partido Laborista Brasileño (PDT, del legendario caudillo Leonel Brizola), abandonándolo en 1986 para sumarse al Partido de los Trabajadores (PT).

Una vez electo, Lula nombró a Rousseff responsable de reorganizar el sector eléctrico en el Ministerio de Energía, le asignó un lugar en el Consejo Directivo de Petrobras para modernizar la industria petrolera. En 2005 se produjo un gran escándalo por presuntos actos de corrupción que dañaron seriamente a la dirigencia del PT, y ‘Lula’ la puso a cargo de la Jefatura del Gabinete Presidencial, catapultándola al primer plano del gobierno.

La ‘Juana de Arco de la subversión’, como la calificó un fiscal del Ejército que investigó su paso por la insurgencia armada, ‘La Mandona’, como le dicen algunos compañeros de fila en el PT o la ‘Dama de Hierro’ del lulismo, como titulan algunos medios, lo cierto es que además de comunicar historias, la jefa de Estado brasileña encarna dichas historias. Divorciada ahora, Rousseff subrayó no tener rencor por su pasado en el discurso de toma de posesión. Cerca de ella estaban once compañeras de celda de su época de presa política en los años setenta. Durante una entrevista en la que se habló de su personalidad y carácter recios, acotó ‘simplemente soy una mujer fuerte entre hombres débiles’. La misma mujer que se afeitó la cabeza antes de que el pelo empezara a caérsele y durante más de medio año llevó una peluca por las sesiones de quimioterapia que erradicaron un tumor canceroso del seno detectado en plena efervescencia política; la misma que un par de meses después, en septiembre de 2010, interrumpió brevemente su campaña política para estar cerca de su hija que la convirtió en abuela.

No sorprende que pocos días después de asumir la presidencia, Rousseff no dudara en aceptar la renuncia del Secretario de Políticas sobre Drogas, Pedro Abramovay, en medio de fuertes críticas por proponer que los narcomenudistas no fueran castigados con cárcel. Abramovay era funcionario de ese Ministerio desde el gobierno de Lula.

LAS ‘FUERZAS POLÍTICAS PROFUNDAS’

La experiencia política de Dilma Rousseff es en el campo de la realidad nacional, por tanto es de esperar que su gestión se desenvuelva con el mismo celo, trabajo y control burocrático que la han caracterizado desde hace varias décadas. De ahí que algunos analistas estimen que su gobierno se desarrollará entre la continuidad y un estilo propio.

Otra cuestión es la política internacional brasileña con su dimensión de continuidad, explicable en función del impacto de ciertos factores de persistencia de la inserción del país en la vida internacional. Rousseff hereda un Brasil que logró fortalecer e incrementar su influencia en diversas regiones, unas tradicionales y otras de novedosa inserción diplomática.

San Tiago Dantas, reconocido político y docente brasileño, señaló la relación entre pasado y futuro, tradición y renovación, a propósito de la política exterior y del papel de Itamaraty: ‘La continuidad es un requisito indispensable de toda política exterior, pues si en relación con los problemas administrativos del país son menores los inconvenientes resultantes de la rápida liquidación de una experiencia o del cambio en un rumbo adoptado, en relación con la política exterior es esencial que la proyección de la conducta del Estado en el seno de la sociedad internacional revele un alto grado de estabilidad y asegure credibilidad a los compromisos asumidos’.

Aunque en su discurso de toma de posesión la presidenta reiteró que Brasil ‘asocia su desarrollo económico, social y político al de nuestro continente’ y que ‘seguiremos profundizando nuestra relación con nuestros vecinos sudamericanos, con nuestros hermanos de América Latina y del Caribe, con nuestros hermanos africanos y con los pueblos de Oriente Medio y los países asiáticos’, justamente los cuestionamientos y dudas sobre la gestión de Rousseff pasan por el ámbito de la política exterior. ¿Qué pasará con el activismo internacional de Brasil, después de ganar una visibilidad y un liderazgo pocas veces visto en un mandatario de ese país? ¿Se asociará prioritariamente a otros países emergentes, los futuros protagonistas de un mundo en acelerada globalización? ¿O profundizará la integración regional latinoamericana, históricamente el eje central de su política exterior? ¿Qué representa la nueva presidenta brasileña para Panamá? Hasta ahora, la administración Martinelli ha mostrado muy poco interés en la gestión presidencial que recién inició el hermano país sudamericano.

En cuanto a los problemas de género en la política exterior, la presidenta Rousseff ha dicho que no aprueba las ‘prácticas medievales’ e incluso rechazó la postura de Brasil de no condenar a Irán en la ONU por aplicar la pena de lapidación a las mujeres acusadas de adulterio. ¿Este enfoque es una dimensión del estilo propio de Dilma Rousseff en el campo de las relaciones internacionales? Ya veremos. Por ahora, debe hacer frente a la catástrofe de las inundaciones en Río de Janeiro, con un alto registro de pérdidas de vidas humanas, desaparecidos y de millones de reales. Un tema que de ese modo no estaba contemplado en su programa.

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