Golpe de Estado, crímenes y criminales

Al tomar posesión en octubre de 1968, Arnulfo Arias pretendió “purgar” los altos mandos de la entonces Guardia Nacional. Antes de poder ...

Al tomar posesión en octubre de 1968, Arnulfo Arias pretendió “purgar” los altos mandos de la entonces Guardia Nacional. Antes de poder hacerlo, fueron ellos los que lo “ purgaron” a él. Una vez en control del país, qué hacer con el poder provocó una cisma entre ellos. Boris Martínez, el autor del golpe, quería imponer un gobierno limpio. Otros tenían ideas distintas. En febrero del 1969, con Omar Torrijos de líder, enviaron a Martínez a Miami esposado.

ACABAR CON LOS REBELDES

El primer negocio sucio de la Guardia tenía que ver con la insurgencia que el golpe provocó en Chiriquí. Los insurgentes recibieron apoyo de Costa Rica, un país democrático que había abolido su Ejército para estar libre de dictaduras. Omar Torrijos terminó con este apoyo con la ayuda de un compañero de tragos llamado Frank Marshall Jiménez, un diputado de la Asamblea costarricense. Corrompieron a los oficiales costarricenses y los convirtieron en perseguidores de los insurgentes. En lugar de darles dinero, utilizaron whiskey de la Zona Libre de Colón, que contrabandearon para sacar ventaja de los altos impuestos de importación costarricenses y el gusto “tico” por el escocés.

Al liquidar la guerrilla, la operación se hizo permanente a través de Transit, S.A., una empresa dedicada al contrabando. Los altos oficiales de la Guardia tenían acciones e hicieron fortunas. Allí se distingue la idiosincrasia de la dictadura panameña: combinó el militarismo estructural con el egotismo radical de policías corruptos y otros criminales. El Estado panameño estaba controlado por el organismo militar, que a su vez estaba controlado por una cúpula de maleantes uniformados.

EL SIGUIENTE PASO

En 1970 se empezó a traficar heroína. Bajo presión de los Estados Unidos el gobierno turco reprimió el cultivo de opio, mientras que la Policía de Marsella cerró la “conexión francesa” de Auguste Ricord. En la nueva ruta la droga iba del suroeste de Asia hacia Chile, de allí a Paraguay, donde Ricord se había radicado, y luego a Tocumen y al norte. El contacto en Panamá era Moisés Torrijos, quien fue encausado como traficante por el fiscal federal de Nueva York en 1971.

Cuando la cocaína comenzó a ser droga de moda, la Guardia entró en este negocio también. Protegió las operaciones de los caciques que pagaron, y detuvo a los traficantes que les hacían competencia. Al capturar a uno, la Guardia vendía su droga y le mantenía preso hasta que su familia pagaba rescate, generalmente unos veinte mil dólares. La Guardia protegía un laboratorio de procesamiento de cocaína en el Darién, y también ofrecía servicios de lavado de dinero.

En 1979, Jorge Ochoa y Pablo Escobar del cartel de Medellín contrataron formalmente a la Guardia Nacional para usar su "lavamático". Pagaron diez millones por mes.

Con las guerras civiles en Centroamérica, la Guardia entró en el tráfico de armas. Al comienzo compró en los EEUU a través de un club de caza y pesca, cuyo presidente era un G-2 llamado Carlos Wittgreen. Cuando Estados Unidos paró el tráfico, la Guardia compró en Israel y Europa a través de Mike Harari, ex agente del Mossad. Las armas eran guardadas en la base de la Guardia adyacente al aeropuerto de Tocumen, y luego se llevaban por aire a Centroamérica a bordo de naves que la Guardia les confiscaba a traficantes de droga con escolta de aviones de la FAP.

OTROS NEGOCIOS

La Guardia tenía otros negocios criminales, incluyendo la compra y reventa de artículos robados. Vendía pasaportes panameños y visas de toda clase. Miles de pasaportes fueron para el servicio de inteligencia cubana, a un costo aproximado de 5 mil dólares cada uno, para ser utilizados por agentes secretos cubanos o revendidos a naciones del bloque soviético.

La venta de visas a gente de China fue un gran negocio, y en sus famosas declaraciones de junio de 1987 el coronel Roberto Díaz Herrera dio detalles de la venta de visas de tránsito para disidentes cubanos. Los refugiados quedaron años en Panamá, continuamente extorsionados con la amenaza de que serían devueltos a Cuba. Este tráfico con la miseria humana se puso en marcha en combinación con Fidel Castro en 1980 y duró hasta 1987, sacando cerca de 80 millones de los familiares de los disidentes en Estados Unidos.

La Guardia estafó mucho dinero del Estado. El método primordial era de buscar doble y triple financiamiento cuando el Estado compraba algún bien o servicio importante. El dinero de sobra pasaba a los bolsillos de altos oficiales. Así se acumuló la deuda inmensa que todavía los contribuyentes están pagando.

EL CONTROL POLÍTICO

Para mantenerse en control del Estado, la Guardia se involucró en otros crímenes. Fraude electoral era uno. Usar fondos públicos para formar su "brazo político" era otro. Pero el poder de la Guardia, desde el 11 de octubre de 1968 hasta el 20 de diciembre de 1989, se basó en el terror y no en el voto. Por eso había que atropellar panameños, pegarles con mangueras, patearlos, violarlos carnalmente, torturarlos y asesinarlos.

La Guardia Nacional de Panamá asesinó a palos a Floyd Britton y a Heliodoro Portugal. Lanzó a Héctor Gallego y a Encarnación González Santizo desde helicópteros. Los oficiales de rango y sus cómplices civiles participaron directamente en esos crímenes, tanto como los mismos asesinos y torturadores, porque sacaron provecho del terror que los crímenes sembraron.

Dicen que algunos están arrepentidos, entre ellos el asesino Luís Córdoba. Los que yo veo, sin embargo, es que ex oficiales de la Guardia y ex cómplices de ellos están orgullosos de sus crímenes y añoran sentir de nuevo el placer malsano de ser temido. Muy pocos han recibido la corrección que merecen. Manuel Antonio Noriega ha pagado las faltas de muchos. Yo estuve con el Coronel Roberto Díaz Herrera, junto con otros periodistas, cuando hizo sus declaraciones. Parecía arrepentido entonces. Ahora parece arrepentirse de su arrepentimiento. Sea lo que sea, hizo un gran servicio al país en aquellas noches. Estableció, de una vez para siempre, que la Guardia Nacional era una empresa criminal y el Estado Mayor su directiva.

Debemos recordar eso en cuanto a los decretos. Hacen falta, nos dicen, porque hay criminales en las calles. A mi juicio, sin embargo, ya que recuerdo bien el régimen militar, es mejor tenerlos allí que gobernando.

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