Originaria o paralela, caminos para una nueva constitución

  • 01/01/2015 01:00
La Constitución panameña, que surgió del seno de la dictadura militar en 1972, no se revisa a fondo desde hace 42 años

Como pocas veces, la sociedad panameña está de acuerdo en algo: urge elaborar una nueva Constitución. Sin embargo, los distintos actores sociales discrepan en un punto: el método para el proceso constituyente.

Aunque en su artículo 314 la propia Carta Magna establece el procedimiento para reformarla a través de una Asamblea Constituyente Paralela, organizaciones sindicales y sociales insisten en que se debe llamar a una Constituyente Originaria.

La diferencia entre una y otra estriba en que la paralela permite que los órganos del Estado o autoridades electas continúen funcionando, mientras que la originaria implica un freno en la estructura estatal; es decir, un ‘borrón y cuenta nueva’.

Una Constituyente Originaria podría ser riesgosa para Juan Carlos Varela, quien solo tiene seis meses en el gobierno. Con este proceso, el mandatario podría ser obligado a renunciar a su investidura y quedar supeditado a los constituyentes. En 1945, Adolfo De La Guardia, entonces presidente, renunció y los constituyentes eligieron a Enrique A. Jiménez en su lugar.

¿CUÁL ES LA RUTA?

Para Carlos Rubio, presidente del cogobernante Partido Popular, reformar la Constitución es una necesidad evidente porque en Panamá existe una democracia que no respeta el peso y contrapeso de cada órgano del Estado.

Al igual que el presidente del Colegio Nacional de Abogados, José Alberto Álvarez, Rubio indica que, respetando el pacto social que actualmente rige, debe mantenerse un proceso paralelo.

‘Desde 1992 venimos insistiendo, siguiendo el modelo de Guatemala, que se debe ir a un proceso constituyente paralelo. Ya en el 2004 se aprueba una reforma constitucional que lo hace ley’, mencionó Álvarez.

LA VÍA ORIGINARIA

El constitucionalista Miguel Antonio Bernal, impulsor de la vía originaria, indica que la reforma de 2004 se hizo de espaldas a la sociedad panameña y fue el resultado del supuesto pacto ‘MaMi’ entre los expresidentes Martín Torrijos y Mireya Moscoso.

Saúl Méndez, secretario general del Sindicato Único de los Trabajadores de la Construcción y Similares (Suntracs), considera por su parte que no se puede ir a un proceso constituyente ‘con las reglas del juego que impusieron quienes son los responsables de la crisis política e institucional del país’.

‘Con un proceso paralelo tendremos un eufemismo de constituyente porque todo será un proceso manipulador del cual no quedará absolutamente nada’, expresó.

Ambos métodos —paralela u originaria— han tenido éxito en otras latitudes. En este caso, el asunto está en que la Constitución Política de la República de Panamá de 1972 con sus reformas y norma rectora del Estado panameño, solo menciona la Constituyente Paralela, no incluye el método de una Constituyente Originaria que algunos invocan.

Otro dilema está en el método para escoger a los 60 constituyentes que tendrán en sus manos la elaboración de una nueva constitución. La Constitución Política no lo contempla.

El reto de Varela es impulsar un proceso constituyente que emerja del consenso; el de los panameños, llevar a los más indicados al cargo de constituyentes.

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