Martinelli reclama consenso en el ocaso de su poder en el gobierno

PANAMÁ. Ricardo Martinelli ensayó ayer, a boca de su último año de gobierno, un aún desconocido sendero al ‘consenso’ y la ‘unidad’.

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PANAMÁ. Ricardo Martinelli ensayó ayer, a boca de su último año de gobierno, un aún desconocido sendero al ‘consenso’ y la ‘unidad’.

Ayer lunes, en la instalación de la Asamblea Nacional, el mandatario de la República llamó a un ‘diálogo sectorial’ para terminar su quinquenio presidencial con la mesura y amor que pregonó en su intervención en enero pasado, a cuenta de recomendación de un grupo de asesores, entre los que destaca el estratega João Santana (el ‘fabricante de presidentes’).

‘Llego a ustedes con la convicción de que la unión de todos es un factor esencial en el ciclo que vivimos’, insistió el presidente, con el prompter en la cara, veinte hojas de informes y una tos que por momentos le robó protagonismo a su petición de paz.

EN VÍA Y EN CONTRAVÍA

La oratoria despertó sensaciones ambivalentes: por un lado, tomó por sorpresa a los cuadros opositores, que hasta que Martinelli pisó el podio central del edificio legislativo, no tenían idea de cómo rendiría su informe.

Por el otro, pesó el uso desgastado de los diálogos y el llamado a consensos de los últimos cuatro años, y que han quedado en meras intenciones.

El gobierno ha solido convocarlos tras estallidos sociales o fuertes controversias políticas, principalmente con los gremios del sector salud, los educadores, los periodistas, y la sociedad civil organizada.

Tampoco ha hallado concordia con indígenas —principalmente los ngäbes— ni las agrupaciones ecologistas, que reclaman por las políticas ambientales que desde el poder se dictan.

‘Un alto porcentaje de los anuncios de diálogo han quedado así y el resto se convierten en conversas con la pared: los sectores van, hablan, proponen y al final el Ejecutivo decide lo que mejor le parezca’, rebate el diputado opositor Jorge Alberto Rosas.

Martinelli, empero, esquivó los escepticismos y en una frase en su cuenta de Twitter justificó por qué ahora es necesario conversar: ‘lo duro ya pasó’.

OPOSICIÓN NEUTRALIZA EL TONO

El jefe de gobierno, creíble y ecuánime, consiguió que gran parte de la oposición endosara sus párrafos de neutralidad y amor, y apostaran por sentarse a discutir la reverberante agenda nacional.

‘Acogemos con beneplácito el llamado al diálogo sectorial’, aseveró el presidente de la bancada del Partido Revolucionario Democrático (PRD), Crispiano Adames.

Los panameñistas salieron disparados del hemiciclo tan pronto acabó la oratoria presidencial, en la que Martinelli, además, llamó a los diputados a analizar la ‘coyuntura’ electoral que —sostuvo— puede generar dos cosas: ‘el debate noble e inteligente’ sobre los desafíos del país o un ‘infructuoso campo de enfrentamientos entre candidatos y corrientes políticas’.

Como proyectil que corre en efecto búmeran, sus exaliados panameñistas reclamaron porque hayan sido justamente los oficialistas quienes lleven adelante ‘campañas de ataques contra adversarios políticos’.

Eso, consideró el vicepresidente de la República, Juan Carlos Varela, ‘no hará que el país avance en los próximos cinco años’.

‘Ha llegado la hora de instalar un gobierno de unidad, que reconozca que el pueblo panameño es el único dueño de los recursos del Estado’, insistió en un comunicado que, además de reconocer los cambios que ha impulsado el gobierno en tránsito, lo encaró por los escándalos de corrupción y los choques permanentes con los sectores de la vida pública.

REACCIONES: DE CAL Y DE ARENA

Martinelli ha sostenido que se encargará de que haya tal debate ‘sano, franco y honesto’ sobre el país y las elecciones, y que facilitará ‘la información y los medios legítimos para el mejor desempeño de los candidatos en la contienda electoral’.

No todos creen en los apa rentes prístinos argumentos oficialistas. El exdirector de la Policía Ebrahim Asvat ironizaba sobre el llamado a unidad que el gobierno no pudo hacer en su arranque ni con sus aliados iniciales, los panameñistas, y el candidato perredista, Juan Carlos Navarro, planteaba que la unidad ‘solo es posible cuando el gobierno pare campaña sucia, respete la ley y detenga la intimidación a opositores y sociedad civil’.

Por su lado, el diputado Jorge Alberto Rosas vio de trás una estrategia ‘concertada con la campaña de José Domingo Arias’ de lograr la mesura necesaria para darle fuerza políticamente. En estos tiempos, un error del gobierno pesará más sobre el candidato presidencial oficialista que en los ministros y el círculo de poder de Martinelli.

‘Si su convocatoria fuera sincera habría propuesto que las decisiones más importantes, como el ensanche de la carretera Santiago-David, las líneas 2 y 3 del Metro, no fueran contratos directos’, emplaza.

El exministro de la Presidencia Demetrio Papadimitriu salió de las sombras para alabar el informe presidencial, al cual llamó ‘conciliador, incluyente y con visión de Estado’.

Ricardo Martinelli deberá delinear el llamado al diálogo que hizo en cadena nacional. Si será, ahora sí, el cauce por el que navegará, o si fue una convocatoria a propósito del período que definirá si su ungido, Arias, podrá retener el solio presidencial para el todavía joven y gigante Cambio Democrático.

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