La administradora de la ATP, Gloria De León, explicó que cuando salen a posicionar a Panamá, lo hacen resaltando estás cualidades y otras como la biodiversidad...
- 27/10/2013 03:00
Los cuestionamientos de fondo en el título de este artículo son variados: ¿qué tanto y cómo la migración interna de la población panameña genera inseguridad alimentaria y nutricional? O, por el contrario, ¿cómo y por qué la inseguridad alimentaria y nutricional generan la migración interna?
Estas interrogantes nos interpelan sobre el presente y el futuro. En el presente, nos encontramos ante un sistema-mundo capitalista dominante, cuya dinámica de acumulación del capital ocurre por crisis y desposesión, y por tanto, la alimentación se ha ido definiendo más por la ganancia, que por la calidad de los alimentos. El futuro está marcado por la cada vez más profunda herida con que este sistema mantiene supurando la madre tierra, para dar paso a una causa más de la migración: la forzada por la ecología.
La relación entre seguridad alimentaria y migración es un problema que ha tomado fuerza y preocupación en los últimos años, a raíz de la crisis global que puede generar el cambio climático. ¿Qué repercusiones tendría para el país?
¿POBREZA Y HAMBRE GENERAN MIGRACIONES O VICEVERSA?
Muchos flujos migratorios son comúnmente explicados mediante factores macroeconómicos, de oferta y demanda de empleo en regiones o territorios. Si bien muchos obedecen a razones de ingreso, otras se pueden explicar también por la pobreza y la inseguridad alimentaria.
Este es el caso de muchas comunidades rurales del país, incluyendo las indígenas, que según las estadísticas nacionales presentan los más altos niveles de pobreza y de desnutrición. La gente no sólo se va porque no tiene dinero, sino porque no cuenta con la posibilidad de asegurar sus cultivos, controlar las plagas, almacenar su producción o recibir un pago justo por los esfuerzos de su trabajo agrícola.
Como muy bien lo ha señalado mi colega José Idiáquez, analizando el caso específico de la migración ngäbe a Costa Rica y su impacto en la juventud: el sector rural de Panamá y su población han sido históricamente debilitados y en el imaginario de las transacciones económicas y decisiones políticas han sido ubicados en el fondo de la estructura social jerárquica. En otras palabras, en la balanza del desarrollo económico del país se valora mucho más lo urbano, la infraestructura, la intermediación financiera, las telecomunicaciones y la logística, que lo agropecuario y rural. No es de extrañar, entonces, que cada vez más disminuya la producción local de maíz, de arroz, vegetales y otros productos importantes de la gastronomía nacional.
Al mismo tiempo, la introducción a nuevos patrones de consumo, de alimentación, vía la migración, pueden abonar el camino para el abandono o transformación de la producción y la gastronomía de muchas zonas rurales. Por ejemplo, el chicheme ha dado paso a la soda; la tortilla asada ha cedido el paso a las galletas saladas y el pollo, a las carnes procesadas.
Si bien es cierto, los pueblos indígenas de Panamá aún mantienen gran diversidad de consumo de alimentos ajustados a su propia cultura, ricos en nutrientes y con buenos aportes a la salud, también lo es que el actual movimiento migratorio pendular hacia zonas de agro-exportación o hacia ciudades grandes de Panamá, erosiona y afecta su subsistencia, y la soberanía alimentaria de estos pueblos.
REMESAS Y MIGRACIÓN
Muchos organismos internacionales y gobiernos en el mundo sostienen que las remesas económicas y sociales que generan las migraciones pueden contribuir no solamente al desarrollo de los pueblos, sino también a garantizar la seguridad alimentaria. ¿Se aplica esta máxima en el contexto de la migración interna en Panamá? ¿El dinero que envían los que se van aporta en la alimentación de los que se quedan?
El estudio etnográfico y longitudinal de mi colega Gloria Rudolf sobre el mundo rural no indígena en Panamá refleja una respuesta contraria. Los que se van acceden a salarios bajos, a zonas periféricas de las ciudades con grandes necesidades, que lo que se invierte es mucho y lo que se envía, cuando es posible, resulta insuficiente. En general, igual resulta para el caso de la migración ngäbe hacia el cultivo del café. Las remesas más bien contribuyen a enviar más migrantes jóvenes hacia los lugares de destino, con la consecuente pérdida de cultivos y cambios en la nutrición.
PROTECCIÓN SOCIAL Y MIGRACIÓN
Algo parecido ocurre en zonas indígenas tras el aporte de las transferencias condicionadas. Generalmente son pensadas y definitivamente han contribuido en la reducción de la pobreza y la seguridad alimentaria, pero también lo han hecho en el abono a la migración. Ahora las familias cuentan también con dinero que permite enviar a más migrantes, generalmente jóvenes.
Por tanto, las remesas y las transferencias condicionadas al tiempo que pueden aportar a la reducción de la pobreza y a la seguridad alimentaria, paradójicamente también pueden contribuir al incremento de la migración y en consecuencias nefastas para la soberanía alimentaria. Entonces, si no se acompañan con apoyos o incentivos en la producción agrícola local, y en políticas públicas que fomenten el conocimiento gastronómico, sus resultados son falaces.
CAMBIO CLIMÁTICO Y MIGRACIÓN
Por otro lado, los impactos directos que tendría el calentamiento global en la población, además de los posibles efectos en la seguridad alimentaria, se notarán por el incremento de las migraciones tras la pérdida de territorios ante riesgos o desastres ambientales (excesivas lluvias, sequías, inundaciones, aumento de plagas, entre otros).
Los científicos han ido cambiando —resultado de sus investigaciones— las proyecciones respecto a la elevación de los niveles del mar: sus cálculos ya no son tan conservadores, y se espera para el final de este siglo XXI un aumento de entre 0.5 y 2 metros.
De ser así, ¿cuánto es el porcentaje de tierra, pueblos o ciudades que se reclamará el mar tras la elevación de sus niveles, en un país como Panamá que reúne a más del 80% de su población en áreas muy cercanas a la costa?
Todo este panorama nos sugiere que las repercusiones o vulnerabilidades no sólo se tendrían en la producción de alimentos, en el peligro de extinción de agricultores o en la economía de nuestro país, sino también en la pérdida de tierras, y en la consiguiente necesidad adaptativa de emigrar a otras, generando también conflictos sociales, de convivencia, y nuevas presiones hacia servicios públicos que podrían rebasar las capacidades instaladas.
La adecuación para el cambio climático, para los efectos en la seguridad alimentaria y el incremento de los migrantes por razones ambientales, es inminente. Es importante la preparación de la sociedad panameña para dichos cambios. El pueblo guna nos está señalando —planificando de acuerdo a su cultura de forma colectiva y participativa el traslado de las islas a tierra firme— que el momento es ahora.
ANTROPÓLOGO SOCIAL