Eduardo Tejeira Davis y su búsqueda incansable de lo trascendente

  • 14/08/2016 02:00
El arquitecto e historiador dejó al país un importante legado cultural

Eduardo Tejeira Davis anhelaba que la ciudad de Panamá fuera más que un escaparate de rutilantes rascacielos de cien pisos, de esos que se ven por igual en Miami, Dubai o cualquier otra ciudad del sudeste asiático.

Soñaba con una ciudad que conservara esa ‘magia' que conecta a una sociedad con su historia y le permite entender lo que fue y valorar lo que es.

Para Tejeira, que veía en la arquitectura una de las más importantes manifestaciones artísticas y culturales del ser humano, era un enigma que los panameños dejásemos perder sistemáticamente nuestro patrimonio. No entendía que las viejas mansiones de Bella Vista hubieran sido demolidas para dar paso a áreas de estacionamientos; que la Plaza Cinco de Mayo no tuviera ninguna alusión o recuerdo de su importancia histórica, ni porqué todo se sacrifica sin asco para dar paso a las torres acristaladas, a los centros comerciales refrigerados o a las caóticas barriadas de decenas de kilómetros, con una arquitectura ilógica en el contexto tropical y en momentos de desafíos climáticos.

En los últimos años, el arquitecto e historiador, doctorado en la universidad alemana de Heildelgberg, estaba enfrascado en comprender ese, para él sinsentido, a través de lecturas filosóficas, literatura e intensas conversaciones con amigos y colegas.

‘Aspiraba a escribir una obra de carácter sociológico que explicara por qué los panameños somos como somos, por qué seleccionamos y descartamos, por qué trasciende lo que trasciende y no lo que tal vez debería, por su valor artístico y espiritual', sostiene el arqueólogo Carlos Fitzgerald, quien fue su amigo y compañero de tertulias durante varios años.

‘Para Eduardo era muy triste que se perdieran las obras arquitectónicas con raíces y que, en cambio, se celebraran las modas pasajeras sin auténtico valor', explica el arquitecto Álvaro Uribe, también amigo cercano y alma afín en estas preocupaciones.

Tejeira, quien fue subdirector de Patrimonio Histórico del Instituto Nacional de Cultura, catedrático de la Universidad de Panamá, coordinador de la maestría de arquitectura y consultor de la Unesco, falleció este 22 de julio, a sus 65 años.

No pudo culminar su último proyecto, pero sí dejó un importante legado cultural al país, que comprende una extensa bibliografía sobre historia del arte y arquitectura y un más fuerte, claro y motivado movimiento de rescate del patrimonio nacional.

Algunas de sus obras fueron ‘Arquitectura doméstica en Panamá' (1987); ‘Pedrarias Dávila y sus fundaciones en Tierra Firme' (1996); "El Neocolonial en Centroamérica" (1994); ‘La Arquitectura Colonial Hispanoamericana' (2001); ‘El Casco Antiguo de Panamá' (2001); ‘El Teatro Nacional, la historia de un ícono cultural' (2008); ‘Panamá. Guía de arquitectura y paisaje (2007).

De este último, se sentía particularmente orgulloso, sostiene Fitzgerald.

PATRIMONIO MUNDIAL

‘Eduardo fue el primero en hacer un inventario del patrimonio del Casco Antiguo', recuerda la exdirectora de Patrimonio Julieta de Arango, quien se relacionó profesionalmente con él desde la década del 80, y con quien desarrolló una larga amistad.

Pasaba horas interminables en el Casco Viejo, afanado en elaborar un registro fotográfico y observar las construcciones y trazado de San Felipe, Santa Ana y El Chorrillo.

Así fue como descubrió que muchas de las casas de esta zona histórica habían sido rehechas una y otra vez con los mismos muros.

Esta información le permitió sustentar una visión diferente de la tradicional, que consideraba a nuestro Casco Viejo como una romántica ciudad colonial, al estilo de Cartagena.

Tejeira demostró que su valor radicaba más bien en su ecléctica mezcla arquitectónica (neoclásico, neorrenacentista, art nouveau, art decó) producto de su evolución y adaptación a los procesos históricos y sociopolíticos.

Con la información que recabó Eduardo, recuerda Arango, Panamá pudo sustentar ante la Unesco el ‘Valor Universal Excepcional' de la zona y justificar su inclusión en la lista del Patrimonio Mundial, en 1997.

‘Recuerdo cuando un día me llamó para decirme que había que parar las obras de reconstrucción de la Casa Góngora, porque se había dado cuenta que esta, construida alrededor de 1760, era la única muestra de arquitectura colonial que aún quedaba en esta área de la ciudad', dice Arango.

En el año 2002, Tejeira también ayudó a sustentar el proyecto que permitió que Panamá Viejo fuera incluido como zona arqueológica en el Patrimonio Mundial de la Unesco (lo que se logró en 2003) .

‘Fue él quien concibió la idea de transformar la torre de Panamá Viejo en un mirador, quitar la plaza que reñía con el diseño original y colocar un centro de visitantes en la entrada. También la reubicación de la vía Cincuentenario'.

PROFESOR QUIENES CONOCIERON A TEJEIRA DAVIS SOSTIENEN QUE UNO DE SUS PRINCIPALES APORTES AL PAÍS LO HIZO A TRAVÉS DE SU TRABAJO EN LA FACULTAD DE ARQUITECTURA DE LA UNIVERSIDAD DE PANAMÁ. ‘VARIAS VECES HICE EL EJERCICIO DE PREGUNTAR A LOS ESTUDIANTES CUÁL ERA SU PROFESOR FAVORITO. LA RESPUESTA ERA CASI UNÁNIME', SOSTIENE SU AMIGO URIBE.

‘Como profesor, entusiasmó y enamoró a sus estudiantes con el tema de patrimonio, lo que fortaleció el movimiento de rescate de nuestra herencia cultural', recuerda Arango.

‘Gracias a su guía, algunos de sus alumnos optaron por especializarse en el ramo de la restauración y conservación, para formar una nueva generación de panameños involucrados en el rescate del patrimonio, con una meta y una visión clara, que ha tomado fuerza en los últimos años', dice la especialista en patrimonio.

PERSONALIDAD

Sus amigos y familiares destacan de Tejeira su vastísima cultura y profesionalismo, su disciplina y rigor intelectual, forjados durante 15 años de estudio en Alemania.

‘Teníamos discusiones interesantes. Yo le decía que era eurocéntrico, porque tendía a analizar las cosas desde lo que él consideraba la ‘civilización', mientras que yo, como arqueólogo, creo más en la relatividad del valor cultural', recuerda Fitzgerald, quien lo describe también como un hermano cariñoso, y hasta ‘niño grande', capaz de ver la realidad con frescura y maravillarse ante los descubrimientos que hacía.

‘Era una persona sobresaliente, con conocimientos riquísimos y, a pesar de ello, muy humilde y auténtico. Tenía, además, un encanto muy particular', dice Arango, quien también cita su generosidad y permanente disposición a ayudar.

Arango recuerda que en algunas reuniones, en momentos en que estaban enfrascados en la discusión de un tema en particular, él sorprendía a todos cuando, de repente, se ponía de pie para preguntar: ‘¿Me puedo parar? Es que pienso mejor mientras camino'.

‘Pocos minutos después, me decía: ‘Oye ¿no me puedes brindar un café?' y a los dos minutos, otra vez preguntaba, ‘Pero no tendrás una Coca Cola fría?'

‘En la década de los 80, me tocó ir con él a visitar la Iglesia de Natá (de la que fue el primer restaurador). Al regreso le dije: ‘No vuelvo a ir contigo al interior'. Es que el viaje de dos horas se había convertido en uno de cuatro, porque quería parar en cada esquina a comprar empanaditas, o pepitas de marañón o lo que fuera', recuerda Arango.

‘Esas salidas eran parte de su genialidad tan particular', sostiene la especialista riéndose.

‘Es que era un sibarita, aficionado a las cosas buenas... a la comida, el vino... los viajes... era un excelente cocinero y repostero. Preparaba unos dulces austríacos y vieneses exquisitos, dificilísimos de hacer, unas verdaderas bombas calóricas', recuerda Fitzgerald.

Por su parte, Alvaro Uribe, todavía visiblemente afectado por la pérdida de quien consideraba ‘su hermano', destaca su combate ‘incansable a favor del pensamiento, en una época carente de ideas en la que el mandato es no pensar'.

‘Esa fue la esencia de su vida. La lucha contra la levedad, contra la sociedad light que detestaba y contra la que dirigió prácticamente todo su esfuerzo intelectual'. Otro amigo, Orlando Acosta, no olvida cuánto le gustaban los gatos... ni su ingenio cautivador ante cualquier auditorio en que se presentara... ni su amplio archivo fotográfico que documentó la ciudad ... o su enorme biblioteca... Este jueves, la Alcaldía de Panamá, en el Primer Foro Encuentro con Mi Ciudad, entregó a sus familiares las llaves de la Ciudad, en un acto post-mortem. ‘Debimos hacer este reconocimiento en vida, pero se nos fue antes de tiempo', dijo el alcalde José Blandón frente al público reunido. ‘Su muerte nos deja a todos un poco huérfanos. Ahora, que ya es un grano de eternidad en el cosmos, el mejor homenaje, la mejor manera de expresar el amor que nos dio es cultivar el pensamiento crítico y seguir trabajando para que el mundo sea un poco mejor, es decir, continuar su lucha', dijo Uribe en su ceremonia de despedida.

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