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¿Quién fue Carlos A. Mendoza? El presidente afropanameño que marcó la historia de Panamá
- 31/05/2026 00:00
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Agrega La Estrella en Google ↗️Carlos Antonio Mendoza no solo fue el primer presidente afropanameño de Panamá, sino también una de las figuras intelectuales y políticas más influyentes en los años que marcaron la transición del istmo desde territorio colombiano hasta convertirse en República independiente.
Abogado, periodista, militar, legislador y defensor de las clases populares, Mendoza dejó una huella profunda en la construcción política del país y en la defensa de la soberanía panameña frente a las presiones extranjeras.
Nacido el 31 de octubre de 1856 en la ciudad de Panamá, Carlos A. Mendoza creció en una época marcada por tensiones políticas, desigualdad social y constantes enfrentamientos entre liberales y conservadores. Desde joven destacó por su formación intelectual y por su habilidad como orador y jurista. Estudió Derecho y muy temprano se involucró en la vida pública del entonces Estado Soberano de Panamá, cuando el istmo aún pertenecía a Colombia.
Durante esos años desempeñó distintos cargos administrativos y políticos, mientras paralelamente desarrollaba una intensa carrera periodística. Fundó y dirigió periódicos políticos y literarios desde los cuales defendía ideas liberales, promovía mayores libertades civiles y denunciaba las desigualdades que afectaban a los sectores más pobres del país.
Uno de los episodios que consolidó su prestigio nacional ocurrió en 1892, cuando asumió la defensa del líder indígena Victoriano Lorenzo, acusado de homicidio. Lorenzo era perseguido duramente por las autoridades, pero Mendoza argumentó que el caso estaba ligado a las injusticias sociales y al abandono estatal que sufrían las poblaciones rurales e indígenas.
Durante el juicio, Mendoza responsabilizó al Estado colombiano de permitir situaciones de violencia y marginación “por el absoluto abandono en que mantenía a los panameños más humildes”. Aquella defensa convirtió al abogado liberal en una figura respetada entre los sectores populares y en un símbolo de resistencia frente al centralismo colombiano.
Como dirigente liberal, Mendoza defendió la autonomía del istmo y participó activamente en la Guerra de los Mil Días, el conflicto civil que devastó a Colombia entre 1899 y 1902. El 30 de marzo de 1900 desembarcó en Punta Burica junto a Belisario Porras y Eusebio A. Morales para iniciar operaciones militares en territorio panameño.
La guerra dejó profundas heridas económicas y sociales en Panamá, pero también fortaleció el liderazgo político de figuras liberales como Mendoza y Porras. Tras el conflicto, Mendoza se trasladó a Bocas del Toro, donde continuó ejerciendo como abogado y periodista.
En esa provincia mantuvo una intensa actividad política y respaldó la candidatura presidencial de José Domingo de Obaldía, quien posteriormente lo incorporó a su gobierno como secretario de Hacienda. Mendoza también se convirtió en el primer ministro de Justicia de la República de Panamá, cargo desde el cual impulsó reformas legales y administrativas.
Su papel fue determinante durante el proceso de independencia de Panamá en 1903. Por encargo de José Agustín Arango, Mendoza redactó el Acta de Independencia, documento fundamental en la separación de Panamá de Colombia.
Ese mismo año integró la Junta Provisional de Gobierno como secretario de Justicia. Más adelante participó en la elaboración del primer Código Civil panameño durante la administración de Belisario Porras, contribuyendo a la organización jurídica de la nueva República.
Sin embargo, Mendoza también fue una de las voces más críticas frente a la creciente influencia de Estados Unidos en Panamá tras la independencia.
En 1904, como miembro de la Asamblea Nacional Constituyente, combatió el llamado artículo 136 de la Constitución, conocido como la “Enmienda Platt panameña”. Esa disposición autorizaba a Estados Unidos a intervenir en Panamá para “restablecer el orden constitucional” y garantizar la paz pública.
Mendoza consideraba que aquella cláusula atentaba contra la soberanía nacional y abría la puerta al intervencionismo extranjero. Pese a su oposición y la de otros liberales, la propuesta impulsada por Manuel Amador Guerrero fue aprobada e incorporada a la Constitución.
Su rechazo al artículo 136 marcó la relación de Mendoza con las autoridades estadounidenses, que lo veían con desconfianza por sus posiciones nacionalistas y autonomistas.
En 1910, tras la muerte del presidente José Domingo de Obaldía y el fallecimiento previo del primer designado José Agustín Arango, Mendoza asumió la presidencia de la República como Segundo Designado Encargado del Poder Ejecutivo.
Con su llegada al poder, el Partido Liberal alcanzó por primera vez la presidencia panameña. Además, Mendoza se convirtió en el primer presidente afropanameño de la historia republicana, un hecho de enorme relevancia en un país marcado por profundas divisiones sociales y raciales.
Su administración duró apenas siete meses, pero estuvo enfocada en fortalecer la educación laica, promover el desarrollo cultural y reducir los gastos del Estado. También insistió en la necesidad de mantener la “pureza de la administración pública”, una frase con la que buscaba combatir el clientelismo y la corrupción.
No obstante, su periodo presidencial estuvo rodeado de tensiones políticas. Mendoza mostró interés en postularse para un periodo presidencial propio, lo que provocó enfrentamientos con sectores conservadores y con figuras cercanas a Estados Unidos.
Su imagen no era bien recibida en Washington debido a su oposición histórica al intervencionismo estadounidense. La presión política terminó debilitando su aspiración presidencial y abrió paso a maniobras dentro de la Asamblea Nacional.
Finalmente, el órgano legislativo eligió a Pablo Arosemena como Primer Designado para completar el resto del mandato presidencial de Obaldía.
Pese a la brevedad de su paso por la presidencia, Carlos A. Mendoza quedó registrado como una de las figuras más importantes de los primeros años republicanos. Su legado combina la defensa de la soberanía nacional, la lucha liberal, el impulso a las instituciones jurídicas y el respaldo a los sectores marginados de la sociedad.
Mendoza representó una visión más autónoma y nacionalista del país en momentos en que Panamá comenzaba a definir su relación con Estados Unidos y a construir sus instituciones republicanas.
Más de un siglo después de su gobierno, su figura sigue siendo recordada como la de un político brillante, polémico y adelantado a su tiempo, además de un símbolo histórico para la población afropanameña y para quienes defienden una visión soberana de la nación panameña.