El amor entre silencios: las heridas invisibles de la salud posparto

  • 11/07/2026 00:00
La salud mental materna sigue siendo un desafío. El miedo, la ansiedad, la tristeza y la sensación de no ser suficientes también forman parte del posparto para miles de mujeres, aunque el tema todavía permanezca rodeado de estigmas.

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Convertirse en madre suele presentarse como uno de los momentos más felices en la vida de una mujer. Sin embargo, detrás de las fotografías familiares, las felicitaciones y la llegada de un bebé, muchas madres enfrentan emociones que pocas veces se atreven a expresar. El miedo, la ansiedad, la tristeza y la sensación de no ser suficientes también forman parte del posparto para miles de mujeres, aunque el tema todavía permanezca rodeado de estigmas.

Durante los primeros días después del nacimiento de su hijo, Zurelys Centella recuerda haber sentido que todo marchaba bien. Estaba acompañada por su esposo y disfrutaba cada momento con su bebé Apolo. Sin embargo, cuando él regresó al trabajo, todo cambió. “Sentía que no servía, que no sabía cuidar a mi hijo. Pensaba que él me rechazaba porque yo no entendía lo que necesitaba”, relata.

Sus días empezaron a ser una mezcla constante de ansiedad, tristeza y una profunda inseguridad sobre su capacidad para desempeñar su nuevo rol. Cada llanto del bebé aumentaba la sensación de estar haciendo las cosas mal y llegó a pensar que quizá no estaba preparada para ser mamá. “Me sentía triste porque sentía que él me estaba rechazando. Que yo no podía consolarlo, que no sabía cómo hacerlo, que no sabía cuidar de él. Y eso me ponía muy triste”. Aunque desde afuera todo parecía normal, por dentro se sentía desbordada.

Y es que esa experiencia es mucho más frecuente de lo que la mayoría de las personas imagina. En la actualidad, miles de mujeres atraviesan diferentes afecciones durante el posparto; sin embargo, la mayoría desconoce cuáles son, qué las causa y cómo buscar ayuda se convierte en un elemento imprescindible. La doctora Diana Pittí, ginecóloga obstetra, lo confirma: “Todo mundo está enfocado en cómo te recuperas físicamente posparto, en cómo te recuperas de la cesárea, la herida, el sangrado, todo mundo piensa en eso. Sin embargo, hay tantas cosas que pasan y tantos cambios, los hormonales, cambios emocionales que, por supuesto, van a pasar, y no es algo que estaba en el plan inicial de la mujer y pueden afectar significativamente, tanto de manera positiva como de manera negativa”, explica.

La especialista señala que durante los primeros días del posparto es normal experimentar una verdadera “montaña rusa” emocional. El brusco descenso hormonal, el cansancio, la falta de sueño y la adaptación a una nueva dinámica familiar pueden provocar llanto fácil, ansiedad, inseguridad e incluso la sensación de no estar haciendo bien las cosas. “Es bastante común que al inicio la mujer pueda sentirse un poco ansiosa, llorar con facilidad, porque esta mezcolanza de emociones y el abrupto bajón hormonal lo va a causar; también de pensar: ¿Lo estoy haciendo bien o tal vez no lo estoy haciendo bien? Vienen todas estas emociones que juegan un papel importante”. Todas estas emociones juegan un papel importante durante el proceso de adaptación a la maternidad, explica.

Ese fue precisamente el diagnóstico que recibió la madre panameña después de consultar primero a su ginecólogo y posteriormente a una psicóloga. “Yo nunca había escuchado hablar de los baby blues. Si hubiera sabido que existían, probablemente habría entendido mejor lo que me estaba pasando”, afirma. Con ese diagnóstico, Zurelys encontró una respuesta que la hizo darse cuenta de que no era mala madre.

Con el apoyo de su familia y el acompañamiento profesional, aquellas emociones fueron desapareciendo poco a poco. Aprendió que pedir ayuda no la convertía en una mala madre y que sus sentimientos no eran una señal de incapacidad, sino parte de un proceso del que casi nadie hablaba.

Asegura que una conversación oportuna habría cambiado por completo su experiencia. “Hay que hablarlo, porque a veces sentimos que nos van a juzgar las personas que ya nos conocen, mi hermana, mi primo, mi tío, quien sea, sienten que te van a juzgar. Pero también sano contárselo a alguien que no te conozca tanto, solamente como para decirle: ‘Ey, no estoy bien, y tengo miedo de estar peor, necesito que me ayudes porque no sé cómo’”, explica. Pero es precisamente el desconocimiento lo que en muchas ocasiones agrava los síntomas, al no entender lo que realmente está pasando, y no todas las mujeres logran encontrar respuestas durante las primeras semanas.

El otro lado de la maternidad

Después de quince años, María Gabriela, madre panameña, decidió volver a convertirse en madre. Era un embarazo profundamente deseado, que llegó después de haber sufrido una pérdida gestacional. Quería vivir una experiencia distinta a la de su primer embarazo y hasta renunció a su trabajo para dedicarle todo su tiempo a la hija que estaba por nacer. Sin embargo, incluso antes del parto comenzó a sentir que algo ocurría. “Lloraba durante días y no entendía por qué. Tenía miedo constantemente, me preguntaba si iba a hacerlo bien, si algo malo iba a pasar. Había muchas emociones que no sabía cómo explicar porque nadie me había hablado de ellas”.

La doctora Pittí explica que esa falta de información sigue siendo uno de los mayores problemas alrededor de la salud mental materna. “Nadie se prepara psicológica y emocionalmente para afrontar una maternidad y un parto, realmente no es una costumbre de aquí de Panamá”, señala.

Aunque cualquier mujer puede desarrollar una alteración emocional durante el embarazo o el posparto, existen factores que aumentan el riesgo. Entre ellos menciona antecedentes de ansiedad o depresión, pérdidas gestacionales, embarazos complicados, dificultades económicas, violencia, ausencia de redes de apoyo o experiencias de parto traumáticas. “En los primeros días posparto, mientras la mujer se adapta y quiere tratar de controlarlo todo y hacerlo todo perfecto, y en la perfección radica muchas veces que la gente piense o estandarice cómo debe ser una maternidad, entonces la comparación también juega un papel importante, porque no podemos compararnos con la maternidad de ninguna otra persona, incluso una maternidad previa a una misma mujer”, puntualiza.

Y es que, sin saberlo, María Gabriela comenzaba a acumular varios de esos factores. El nacimiento de su hija tampoco ocurrió como lo había imaginado. Había preparado durante meses un parto natural, pero una emergencia obligó al equipo médico a practicarle una cesárea. “Yo lloraba porque no quería que me hicieran la cesárea. Cuando nació mi hija estaba feliz de verla, pero después el dolor era tan intenso que ni siquiera podía moverme”.

Pocas semanas después, una nueva preocupación comenzó a ocupar todos sus pensamientos. La bebé desarrolló un hemangioma severo en el lado derecho del rostro, una condición vascular que empezó a crecer rápidamente y a sangrar por la boca, la nariz, el párpado y el oído. “Ahí empezó mi verdadero choque. Dejé de disfrutar la maternidad porque toda mi energía estaba puesta en buscar respuestas. Había días en que no quería ver a nadie, no quería hablar con nadie. Lloraba todo el tiempo y hubo momentos en que ni siquiera quería comer”, señala.

Su rutina dejó de girar alrededor de conocer a su bebé y pasó a depender de medicamentos, especialistas y tratamientos. Mientras intentaba mantenerse fuerte por su hija, sentía que ella misma se iba apagando poco a poco. “Yo pensaba que tenía que seguir porque era mamá. Había que cuidar a la niña, atender la casa, estar pendiente del negocio, del esposo, del otro hijo... Sentía que no tenía permiso para detenerme”.

La ginecóloga obstetra explica que muchas mujeres viven ese mismo proceso sin reconocer que necesitan ayuda. “Si estos síntomas van escalando y ya interfieren con que la mamá no pueda cuidar al bebé, le incapacite o simplemente su rutina de vida esté alterada, de ‘yo no quiero comer, no me quiero bañar, siento que soy la peor mamá del mundo’, probablemente haya algún cuadro psicológico detrás de esto”, dice.

Por eso insiste en que no todas las madres experimentan la maternidad de la misma manera. “No existe una maternidad perfecta. Cada mujer tiene una historia distinta y circunstancias diferentes. Compararse con otras madres solo aumenta la culpa”.

Ese sentimiento también acompañó a María Gabriela. Mientras veía en redes sociales imágenes de madres sonriendo con sus recién nacidos, ella sentía que estaba viviendo una realidad completamente distinta. “Veía esas maternidades perfectas y me preguntaba por qué yo no podía sentir lo mismo. Pensaba que algo estaba mal conmigo”, dijo. “Mi mejor amiga dio a luz unos meses después. Cuando por fin nos sentamos a conversar, ella me confesó que había tenido pensamientos muy fuertes y que había necesitado atención psiquiátrica. Las dos terminamos llorando porque entendimos que ninguna estaba sola y que nunca nos habían hablado de estas cosas”.

Atención familiar

Fue precisamente esa necesidad de información y acompañamiento la que dio origen a Mentalidad Maternal Panamá. Su fundadora, Taylin Luzcado, explica que la iniciativa nació después de convertirse en madre de bebés prematuros y descubrir que muchas familias buscaban orientación mucho más allá de los cuidados físicos del recién nacido. “El propósito es, con ayuda de una psicóloga especialista en perinatal, dar herramientas prácticas y emocionales que refuerzan esa confianza para promover su salud mental, priorizarse como mujeres, y como hombres saber cómo apoyar a sus esposas, y también ver algunos indicios de posibles depresiones”, dice.

Para la fundadora de Mentalidad Maternal, ese es precisamente el propósito del proyecto: recordarles a las familias que pedir ayuda nunca debe verse como una muestra de debilidad. “Este tipo de programas realmente sí impactan directamente en la calidad de vida de las familias aquí en Panamá (...) esa parte de la salud mental es tan importante, porque siempre les decíamos a las mamás, si ustedes no se cuidan ustedes mismas, no van a poder cuidar a un tercero, a su bebé, y pues se crean esas grietas”, sostiene.

Detrás de cada nacimiento también nace una mujer que necesita aprender, adaptarse y reconstruirse. Y aunque las historias de estas dos madres fueron distintas, ambas llegaron a la misma conclusión: la maternidad no debería vivirse en silencio. Zurelys coincide. “Si no hubiera buscado ayuda, probablemente me hubiese yo misma hundido en mis pensamientos, hubiese agravado más la situación cuando en verdad al final no era tan grave”, dice.

Desde Mentalidad Maternal Panamá hacen el llamado. “Este tipo de grupos hace que esas mamás tengan un poco más de estabilidad y puedan compartir experiencias, porque a veces, con el simple hecho de escucharlas, ya se sienten tranquilas. Mentalidad Maternal Panamá es un espacio donde tú puedes hablar de lo que tú quisieras sin ese miedo al prejuicio”, concluye.

“Es tan importante tener una preparación emocional y mental para el camino que es afrontar la maternidad”
Dra. Diana Pittí
Ginecóloga obstetra
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