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“Panamá es reflejo de un planeta en transición a la sostenibilidad”
- 31/03/2026 00:00
Desde sus inicios como estudiante hasta su camino en la ciencia, su historia refleja perseverancia, pasión y compromiso con el ambiente. En esta edición de Mía Voces Activas, conversamos con Alexandra Guzmán Bloise, investigadora panameña que ha encontrado en el mar no solo su vocación, sino también su propósito.
Desde que estaba en la escuela yo sabía que quería hacer algo diferente al resto. Algo que pudiera disfrutar mientras trabajara y a la vez buscar soluciones a alguna problemática que ayudara al mundo. Escoger mi carrera como bióloga marina me llevó a explorar y descubrir cosas nuevas de mi propio país, pero también preocuparme de la falta de conciencia que tenemos. Inicié mi carrera en 2013, obtuve mi certificación de buceo y desde ahí supe todo lo que me faltaba por descubrir. He participado en proyectos con comunidades indígenas, sumergiéndome en sus culturas y tradiciones, especialmente en aquellas ligadas al mar. También he aprendido sobre agricultura y ganadería de Panamá, y trabajado en acuicultura, los cuales son campos distintos con muchas similitudes. He viajado y buceado en diferentes países, lo que me ha hecho valorar aún más a Panamá y reconocer que es un lugar verdaderamente único. He pasado días y noches navegando, visto amaneceres y atardeceres inolvidables, y también enfrentado tormentas eléctricas y ciclones. He vivido episodios de película que guardo en la memoria, especialmente en sitios que todavía quedan por explorar. Mi camino no ha sido una línea recta ni un salto gigante de un día para otro. Ha sido un proceso de perseverancia, constancia y disciplina, pero sobre todo de pasión por lo que hago y motivación por todo lo que aún quiero lograr. La ciencia deja de ser lejana cuando entiendes que no todo pertenece a un laboratorio y procesos complejos: pertenece a la gente que insiste en observar, en aprender y en no rendirse ante lo que no entiende todavía.
Mi madre. Durante toda mi niñez ella me recordaba sus momentos de embarazo, que veía documentales de Jacques Cousteau, que vivimos frente al mar, que desayunaba langosta y que lo primera comida sólida fueron almejas gracias a mi padrino. Ella siempre me mantuvo rodeada de mar siendo consciente de todo lo que podía ser la vida marina. Sin embargo, tengo que reconocer que a lo largo de mi carrera también estuvieron personas que me dijeron “sí se puede” en momentos clave. A veces no necesitas a alguien que te empuje, sino a alguien que te recuerde que tu lugar en ese espacio es válido.
Todavía lo veo desafiante, pero también formativo. No solo porque existan barreras visibles, sino porque muchas veces esas barreras son silenciosas. Cada vez que una mujer ocupa un espacio científico, no solo entra ella también está abriendo una puerta para otras. No se trata de competir con los hombres, sino de ampliar la mesa para que haya más voces. La ciencia mejora cuando es diversa.
Que estamos a tiempo, debemos actuar ya sin importar dónde estemos. No importa si es algo pequeño, pero cada movimiento tiene un impacto. Panamá tiene una posición estratégica, biodiversa y culturalmente rica. Eso significa que también tiene el potencial de ser ejemplo. Cuando entiendes la escala global, entiendes que cada acción local importa mucho más, no menos. Panamá es reflejo de un planeta en transición a la sostenibilidad. Nuestros retos ambientales son locales, pero sus causas y soluciones son globales.
Por que la investigación necesita incidencia ciudadana y ser vista por las nuevas generaciones. Yo puedo dedicar mi vida a investigar, pero si las personas no comprenden la importancia de ese trabajo, se vuelve frágil y desconectado de la sociedad. Educar crea puentes entre la ciencia y la gente. No se trata solo de generar conocimiento, sino de formar ciudadanos que entiendan por qué ese conocimiento importa. La educación es una inversión a largo plazo. Es, sin duda, una de las herramientas más poderosas para el desarrollo de un país que aspira a crecer de manera sostenible.
Hemos avanzado, pero todavía no es suficiente. La educación ambiental no debería ser un tema aislado o una semana temática; debería ser parte de cómo entendemos nuestra identidad como país. Panamá que significa abundancia de peces y mariposas, es agua, bosque, costa y biodiversidad. Educar sobre el ambiente no es un lujo académico, es educación cultural, económica y cívica . Cuando un niño entiende su entorno, entiende su responsabilidad con él.
Es un honor y también una responsabilidad. No represento solo un logro personal; represento una historia de mujeres que abrieron camino antes que yo. Llevar a Panamá a espacios internacionales significa mostrar que el talento científico no tiene acento único ni fronteras. Y para las niñas que observan desde lejos, significa que no importa de dónde vengan, eso no limita sus sueños.
Siento que es mi hábitat natural. Desde pequeña soñaba con vivir frente al mar, que mis mascotas fueran delfines que llegaran a la orilla y que la pesca fuera mi alimento. Cosa irónica, que hoy en día me encanta arponear, bucear a pulmón, meterme en cuevas y curiosear lo que puedo encontrar. El mar es mi lugar de sanacion, de paz, de diversión. Es mi recordatorio constante de por qué hago lo que hago y mi fuente de inspiración que me impulsa a actuar más por su conservación. Me atrevo a decir que sigue siendo trabajo, día a día. Sin embargo, cuando estoy buceando por trabajo, el ruido y la energía son otra cosa. Escuchar los peces, sentir los movimientos de animales tanto pequeños como grandes, y sobretodo sentirme parte de ellos. El océano me recuerda lo pequeño que somos, y lo grande que pueden ser nuestras acciones.
Que cuestionen, que aprendan, que se acerquen a la naturaleza sin miedo. La ciencia no es un privilegio de genios, sino una herramienta para aprender, construir y transformar. Y que somos temporales, no herederos de este planeta. Tenemos la responsabilidad de cuidarlo, protegerlo y conservarlo para cada generación que sigue. Proteger el océano no es salvar, es proteger donde vivimos y lo que nos da el aire para respirar.