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- 26/12/2013 01:00
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Agrega La Estrella en Google ↗️PANAMÁ. Mejor… ni me caso vuelve a confirmar que hace falta más que un elenco de lujo para lograr una película interesante. En este caso, no alcanza ni con cuatro veteranos ganadores de Oscars como Robert De Niro, Diane Keaton, Susan Sarandon y Robin Williams. Ni aún con la tropa de actores de renombre que los acompañan, entre los que están Ben Barnes, Amanda Seyfried y Katherine Heighl.
Lo que faltó esta vez tampoco fue una buena base narrativa. Mejor… ni me caso es la remake del filme Mon frère se Marie, de Jean-Stephane Bron, que tiene todo lo necesario para salir adelante. Y, aún así, esta nueva versión se queda en el camino, como si le hubieran quitado gran parte del humor hasta convertirla en una comedia liviana y anticuada, que no logra sacar carcajadas y que cae en lugares comunes la mayor parte del tiempo.
Sólo nos queda, entonces, centrarnos en el director de la película: Justin Zackham, quien sólo había dirigido Going Greek (2001), una película que pasó sin pena ni gloria y salió directamente en DVD hace más de una década. Fue él también el encargado de adaptar el guión al estilo de comedia hollywoodense.
La historia en sí es divertida, pero tiene tantos personajes secundarios que no aportan a la trama principal que por momentos se hace pesada. La narración se centra en Alejandro (Ben Barnes), un colombiano adoptado por los estadounidenses Don (Robert De Niro) y Ellie (Diane Keaton), que se está por casar con Missy (Amanda Seyfried).
Hasta ahí parece sencillo. Pero todo se complica, porque en realidad Don y Ellie se separaron hace más de diez años y ahora Don convive con Bebe (Susan Sarandon), que era la mejor amiga de su ex mujer, y como al casamiento está invitada la madre biológica de Alejandro (Patricia Rae), que es una católica devota que supuestamente no acepta el divorcio, a Alejandro no se le ocurre mejor idea que pedirles a sus padres adoptivos que aparenten seguir juntos y felizmente casados.
A ello se suman, además, las historias de los tres hermanos adoptivos y no adoptivos de Alejandro: un treinteañero virgen, una chica con problemas en su matrimonio, y una colombiana atractiva que parece no tener demasiados tapujos ni problemas con el sexo o con exhibir su cuerpo.
Eso es todo. De eso se trata la película. Y si les resultó tedioso leer sobre tantos personajes, es porque también resulta así en el filme. La cantidad de subtramas que intenta sacar adelante podrían haber funcionado en una telenovela semanal de un año de duración, pero en una película de una hora y media —y se agradece que sea corta— las historias no llegan a cerrar su ciclo y los procesos de cada una de ellas se hacen por momentos demasiado rápidos o bruscos.
Zackham hace lo que puede para sacar adelante la película de la forma más lineal posible e intentando levantar el ritmo de la comedia en forma constante. Pero las situaciones insalvables aparecen, y la mayoría de las veces son evidentes resultados de malas elecciones previas, como cuando el personaje de Alejandro, interpretado por el inglés Ben Barnes (aunque debería ser un colombiano), comienza a hablar un terrible español.
Es posible que Justin Zachman sea un genio, pero no del cine, sino del convencimiento. Es difícil imaginarse cómo habrá hecho para conseguir un elenco de lujo sin un buen guión ni una carrera como director más o menos meritoria. Es evidente que los nombres de sus actores hicieron todo lo que se podía hacer. Incluso darle a la película la posibilidad de llegar a las salas comerciales.