Los integrantes del Grupo USAR Panamá relatan a ‘La Decana’ sobre las jornadas de búsqueda junto a sus canes en la zona cero del terremoto, las historias...
- 11/07/2026 00:00
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Agrega La Estrella en Google ↗️Son las 2:00 de la mañana y el motor del asegurado presiente un desayuno con bofe y pajarilla. Entre luces color naranja, la alarma del gallo, se pierde con el viento de julio. Un ruido que recuerda mi cita en el centro de salud. Es una ruleta rusa encontrar la llave de la buseta. Un canje con la secretaria del bus es el recorrido por las calles llenas de cárcavas. Un preámbulo que resienten los inyectores.
El olor de la lluvia; sobre el césped mojado, es mi idilio junto al seminario. Una bitácora que sueña en el número ganador para operarme. O caminar por trochas esculpidas con cebada y mijo. Una aventura que llena con monedas de plata el diablo rojo. De repente en un sueño repentino, se llena la mente de ideas caprichosas. Como el saborear, entre mis dientes, un palillo que delata mis caries.
El ruido de los coches, sobre la luna nueva, es intenso. Un minuto de copla franca es ver a una joven blanca que cobra el pasaje. En el sueño se observan curvas y luces al lado de la carretera. Una que evoca una visita a la farmacia. O un buen plato de frijoles con arroz para aguantar mis tormentos nocturnos. Es esta rutina un viaje a los cuentos de Rogelio Sinán.
La madrugada presiente una lluvia frente a la bahía de Panamá. Una que colorea prosas a la creación de nuestro progenitor. Son casi las 6:00 a.m. y el camino rumbo al puente centenario se realiza comiendo unos nachos. Entre un dolor en mi ingle, los nachos, se bajan con un poco de bebida fermentada. Es una semana que recuerda lo corto que es la vida. Y que en esta segunda vida, que camino, las victorias quedan en la carretera.
En ese diablo rojo una discípula sanchista, no me cobro el pasaje. Y esto dista mucho de ser grosera. Una oportunidad que el pobre narra, con las vivencias de una lucha en la calle. Al llegar a mi cita en el hospital el dolor en mi ingle es fuerte; sin embargo amablemente la secretaria regala un acetaminofén en el camino. Un regalo que es la paz.