Coqui Calderón, genio y figura del arte contemporáneo panameño

  • 03/01/2026 00:00
La artista dejó tras de sí una obra reflexiva y admirada por la escena cultural del país. Tanto sus amistades como curadores de arte resaltan no solo su talento, sino su sencillez ante los demás y su fortaleza para hacer frente a la vida

A las puertas del año 2026, la escena del arte contemporáneo panameño sufrió el pasado 26 de diciembre un duro golpe con la partida de la artista Coqui Calderón, ampliamente conocida por romper paradigmas en el panorama pictórico nacional, con sus pinturas y esculturas que abordaban diversos tópicos como la tensión política que se vivió durante el periodo en el que imperó el régimen militar, y la fuerza de la integración y la fuerza de la mujer ante la naturaleza.

Nacida en la ciudad de Panamá en 1937 y con sus estudios superiores finalizados en Rosemont College (Pennsylvania, Estados Unidos) – donde logró un Bachiller en Artes con especialización en historia del arte e historia- Calderón seguidamente acumula mucha más experiencia, reforzando su formación artística en lugares como la Grande Chumiére, la Academie Julian y La Sorbona en París (Francia). Así mismo, su vida transcurrió en diversas ciudades durante periodos fundamentales con los que entender la génesis de su obra: Nueva York (1961-1967) y Miami (durante los años 1980).

Caracterizada por un espíritu de tenacidad ante los obstáculos y la impronta inconfundible en su obra, la artista panameña se encontraba en un camino permanente de búsqueda, adentrándose en sí misma en una especie de continuidad en la que transita desde lo figurativo hacia lo abstracto, poniendo un especial énfasis en lo que se refiere al movimiento y el dominio de la composición.

La curadora de arte Mónica Kupfer – autora del libro ‘Coqui Calderón: una vida de artista’ (2018) – cuenta a La Estrella de Panamá la experiencia de publicar la biografía de una artista que marcó pautas en la escena artística del país

“Escribir el libro ‘Coqui Calderón: una vida de artista’, fue para mí un proceso profundamente enriquecedor. No solo porque Coqui desarrolló una obra amplia y diversa, sino porque su trayectoria estuvo marcada por una gran curiosidad y deseo de conocimientos que la llevó a vivir en distintos lugares del mundo y a enfrentarse con la vida de manera valiente y creativa. Disfruté nuestras largas conversaciones, escuchando sobre sus experiencias vitales y el desarrollo progresivo a lo largo de sus diversas etapas artísticas. Fue una mujer llena de energía y determinación, un ejemplo en muchos sentidos”, aseguró.

Kupfer también ahondó en cómo las estancias de Calderón en países como Francia y Estados Unidos aportaron a su visión artística.

“Entre muchas anécdotas, Coqui me contó sobre sus estudios en París y luego sus años en la ciudad de Nueva York, donde entró en contacto con algunas de las grandes figuras del arte en los años sesenta, como Andy Warhol y Jim Dine, así como la escultora venezolana Marisol Escobar y el pintor nicaragüense Armando Morales. En esa ciudad, presenció la “revolución pictórica” del momento en que el arte Pop y el arte Op estaban abriendo nuevos caminos, transformaciones que se verían reflejadas en su producción personal”, confió a este diario.

La autora de su biografía añadió que Calderón “no solo fue uno de los pocos artistas panameños, de cualquier género, que se enfocaron de manera deliberada en temas políticos, sino que también fue una de las primeras (y pocas) mujeres que logró forjar una exitosa e ininterrumpida carrera artística en Panamá en la segunda mitad del siglo XX”.

“Mostró preferencia por pintar la figura femenina, tanto en sus primeros cuadros de patrones geométricos (recordemos pinturas como ‘Nalgarios fundamentales’), como en composiciones posteriores en las que lograba un dinámico cruce entre cuerpos desnudos, frutas y paisajes naturales, a menudo con largos caminos hacia el horizonte. Ella mostró una preocupación por la ecología y el mundo natural a lo largo de su carrera, especialmente en sus composiciones de seres humanos entrelazados entre los manglares, dos entes que requerían protección. Por otra parte, también le dio expresión al sufrimiento humano y la añoranza por la tranquilidad psíquica, en sus imágenes de mujeres jóvenes con bocas abiertas que insinúan gritos de dolor, o de ángeles que parecen elevarse hacia un plano espiritual”, describió Kupfer.

El impacto de su labor

Una de las características que se pueden destacar de la obra de Calderón es su marcada influencia social a lo largo de toda su carrera.

“En el proceso de estudiar su vida y su producción artística, descubrí que Coqui había mostrado una conciencia social a lo largo de toda su carrera, desde aquellos primeros años en Nueva York, cuando sus obras iniciales ya reflejaban actitudes contestatarias con relación a los problemas políticos de la época. Calderón volvió a Panamá en 1968, año que marcó el inicio del gobierno militar, sistema contra el que ella crearía series enteras de obras de crítica contra el sistema en los años venideros. Basta con recordar su exposición “Protesta ‘84” en Galería Etcétera o la serie ‘Vientos de furia: Serie Panamá 1987-1990’ que presentó en el Museo de Arte Contemporáneo”, destacó Kupfer.

En este punto coincide el curador artístico Reinier Rodríguez, quien resaltó que el legado de Calderón abarca tanto su obra como gestión.

“Ubicándonos en la contemporaneidad de fines del siglo XX —ese período que hoy llamamos postmodernidad—, su trabajo deja huellas del expresionismo abstracto, el arte óptico y cinético, y una nueva figuración cargada de profundo simbolismo. La carga epistemológica y conceptual de su obra manifiesta un activismo contundente: desde el feminismo, la preocupación por el ambiente y la crítica política, abrió espacios para conversaciones que hoy son fundamentales en la escena contemporánea. Pero lo hizo siempre desde una elegante discreción”, señaló el también arquitecto.

Rodríguez subrayó que, con su trabajo, Calderón reveló la manera en que han sido muchas veces ‘truncados’ los brazos de las mujeres, con una metáfora empleada para describir la restricción, la invisibilidad y la resistencia.

“Con la metáfora de las lianas habló de la pérdida con majestuosidad; con la alegoría del camino, nos regaló el aliento infinito que reside en la esperanza. Además, tuvo la valentía de realizar, en la década de 1980, una magnífica serie que cuestionaba el sistema totalitario imperante en el Panamá de aquel entonces. Pero su compromiso con la justicia no se detuvo allí: continuó hasta sus últimas obras —muchas aún inéditas—, vinculadas al drama migratorio en la selva del Darién”, describió.

Por otro lado, Rodríguez remarcó su participación activa en la defensa del arte contemporáneo panameño, con sus acciones en favor del fortalecimiento del Museo de Arte Contemporáneo (MAC), cuya junta directiva presidió durante muchos años. “Lo hizo asumiendo una misión que la oficialidad ha dejado pendiente: dar espacio a las manifestaciones más vanguardistas del arte panameño”, apuntó. Ese vínculo se traduciría además en la presentación de cinco exposiciones individuales y su participación en 42 muestras colectivas del museo. La colección del MAC también se vería enriquecida con muchas de sus obras.

La artista Alicia Viteri - con quien Calderón fundó en 1979 el Taller de Artes Gráficas, un pilar fundamental del MAC – narró a La Estrella de Panamá cómo fueron esos comienzos de ese proyecto, los cuales estarían caracterizados por un espíritu rompedor y enérgico.

“Coqui me acompañó en todo el proceso: desde capacitar a los impresores a montar el taller completo. Con ella lanzamos un primer proyecto de gráfica, que se llamó: ‘Once Grabados’. Fue una maravilla porque eso nos dio fondo para poder hacer el siguiente proyecto. (...) Las dos éramos muy trabajadoras. Para nosotras, era como continuar aquello que habíamos aprendido en la universidad, solo que lo hacíamos por nuestra propia iniciativa. Las dos tuvimos una amistad entrañable, que nos unió a través del trabajo y nuestras creencias”, narró Viteri a este medio.

El artista contemporáneo multidisciplinar Aristides Ureña realizó para este diario una entrevista en diciembre de 2020, en la que abordó con Calderón diversos altibajos que influyeron en su vida y su obra.

“Coqui fue una luchadora, como se puede apreciar en la entrevista. Por otro lado, ella tenía una manera elegante y humilde de abordar las cosas. Ella proveyó una visión íntima con su punto de vista sobre la sociedad panameña. Todo ello con una humildad grandísima, por eso la defino en la entrevista como la first lady de la pintura panameña, por su estilo y personalidad. Coqui no muere, ella deja un legado profundo a través de sus pinceladas”, opinó.

Su don de gente

Si bien Coqui Calderón es reconocida por ser una figura destacada del arte contemporáneo panameño, también es recordada por su amabilidad con los demás y su resiliencia evidenciada en cómo enfrento contextos difíciles tales como el fallecimiento de su hija Marie-Christine y el diagnóstico de síndrome de down de su hija Vanessa, a la que siempre ha apoyado para que pudiera tener una vida plena.

Su sobrina Tessie Calderón – quien era muy cercana a su tía Coqui Calderón - pronunció durante la misa por su funeral un discurso en el que resume estos aspectos de su vida.

“La fortaleza de Tia Coqui se manifestó no solo en sus grandes logros artísticos, sino por sobre todo, en la manera en la que enfrentó el dolor. Vivió pérdidas y momentos muy duros, pero nunca se dejó vencer por ellos. Junto a [su esposo] Tío Jean-Claude, supo transformar el sufrimiento en una lección de vida, mostrando que el amor, la unión y la fe pueden sostenerse incluso cuando todo parece derrumbarse”, reseñó.

En tanto, Calderón siempre vio al Valle de Antón como un lugar especial por su naturaleza. Enamorada del sitio, colaboró con la comunidad en la creación de la Fundación Parroquia de San José así como en el mantenimiento de su biblioteca pública. También colaboró con la renovación de la Iglesia Parroquial, y emprendió el proyecto de una casa para adultos mayores y personas con severas discapacidades, demostrando una vez más su entrega al prójimo.

Viteri señaló, por otro lado, que Calderón nunca se quejaba de nada. “Era una luchadora impresionante y admirable, Coqui era una de las personas que nunca se quejaba. Ella era una persona increíble que trabajaba a pesar de todos sus achaques, ella nunca se quejaba. Jamás”, precisó.

En el aspecto artístico, Reinier Rodríguez rememoró que cuando él fungió como director del MAC, tuvo la oportunidad de trabajar de cerca con Coqui Calderón.

“Coqui era una mujer espléndida pero también firme. Como jefa era exigente pero absolutamente respetuosa. Siempre consciente del efecto que sus palabras podrían causar en otro. Luego, en la década de 2010, como compañeros de directiva del mismo museo, puedo decir que siempre validó las opiniones ajenas con sumo respeto. Pero como curador de sus últimas exhibiciones, un trabajo que te acerca mucho a la parte humana del artista, pude vivir de cerca su compromiso con su trabajo y con el arte. Observé la tenacidad con la que trabajaba, y su disciplina”, recordó.

A modo de conclusión, Rodríguez cree que este es el mensaje que deja Coqui Calderón a las nuevas generaciones, la importancia de la disciplina y la autocrítica: “Mucho pensar está bien, pero sino ejecutas lo que piensas, el trabajo quedó a medias. Y dejar las cosas a medias es algo que Coqui, como la gran artista que fue, nunca se permitió”.

Reinier Rodríguez
Curador de arte
Dejar las cosas a medias es algo que Coqui, como la gran artista que fue, nunca se permitió.”
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