Las afectaciones, provocadas por lluvias inusuales y fuertes vientos que impactaron principalmente el norte y el centro del país, han dejado daños considerables...
- 14/02/2026 00:00
Este es un tema profundo y necesario.
Vivir en una relación donde la otra persona carece de regulación emocional no es solo una carga mental; es una experiencia que redefine tu sistema nervioso. Muchas personas crecen o permanecen en entornos donde han aprendido, por supervivencia, que la estabilidad del hogar depende de su capacidad para “gestionar” el humor de alguien más.
Cuando estás cerca de alguien con baja regulación emocional, su estado de ánimo se convierte en tu problema inmediato. Te conviertes en un experto en monitoreo emocional, detectando el más mínimo cambio en el tono de voz, el brillo de los ojos o el silencio en una habitación.
Esta vigilancia constante tiene un nombre técnico: dominancia simpática. Tu cuerpo vive en un estado de “lucha o huida” permanente. No necesitas que haya un grito o una pelea para sentirte en peligro; la simple presencia de esa persona, o la incertidumbre de qué versión de “Jekyll y Hyde” recibirás hoy, es suficiente para disparar el cortisol en tu sangre.
Las Señales del “Exceso de Función”
Para evitar el conflicto, terminas asumiendo roles que no te corresponden.
Algunas de las conductas más comunes incluyen:
Este comportamiento nace de una herida profunda, generalmente desarrollada en la infancia. Si creciste monitoreando a un padre o madre emocionalmente inestable, aprendiste que los adultos no pueden calmarse solos y que tu rol es regularlos a ellos.
Olvidarnoa de nosotros.
El mayor peligro de este ciclo es que, con el tiempo, te pierdes a ti mismo. Al estar tan enfocado en las necesidades ajenas, tus propias emociones comienzan a parecer “inconvenientes” o “demasiado”.
Aprendes a silenciar tu voz para no mover el barco, y en ese proceso de sobre-funcionar para el otro, abandonas tu propia seguridad emocional y física.
Es fundamental entender una verdad liberadora: No eres responsable del sistema nervioso de otro adulto.
Construye tu refugio seguro.
Las personas sanas emocionalmente no requieren que camines sobre cáscaras de huevo. Una relación saludable es aquella donde te permiten sentirte a salvo incluso cuando hay frustración, decepción o estrés. El conflicto no debería significar el fin de tu paz mental.
Romper este ciclo requiere desaprender la idea de que la calma de los demás es tu responsabilidad. El primer paso es reconocer que mereces un entorno donde no tengas que vivir en alerta. Tu sistema nervioso merece descansar.
Un ejercicio muy bueno para generar este espacio es el “grounding”, puedes acceder a mi página web www.paulacabalen.com/meditaciones en la sección meditaciones y descargarlo, y practicarlo y por qué no enseñarlo!
¿Qué esperas?
¡Buen fin de semana!