Panamá defiende ante China fallo sobre el Canal y la separación de poderes, exigiendo respeto a su soberanía y Constitución ante la OEA
- 28/03/2010 01:00
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Agrega La Estrella en Google ↗️T enemos todavía en nuestros días algunas reminiscencias de un tiempo pasado donde se vivía por decreto, donde se creía por decreto, donde controlaban lo que debía ser por decreto. Los decretos que deciden cuando se puede beber o no, nos retrotraen a tiempos donde el qué dirán es más importante que tu propia conciencia.
Llega la Semana Santa, tiempo de recogimiento, oración y reflexión para muchos, tiempo de fiesta y esparcimiento para muchos otros. Todos están en lo correcto, todos tienen derecho a hacer de su capa un sayo. ¿Los que gobiernan año tras año aún no han caído en cuenta de la variedad de creencias que existe en Panamá? La libertad de cultos está recogida en la constitución y, a pesar de que los cristianos son la mayoria de la población, en Panamá hay budistas, hinduistas, judíos, musulmanes, paganos, ateos, agnósticos y muchos más, muchos otros que no creen en lo que hay que creer para celebrar la Semana Santa.
¿Por qué tienen que castigarlos sin beber alcohol por un día? Lo que para los cristianos debe ser un símbolo de duelo personal se ha convertido, a golpe de decreto, en una farsa mantenida desde el gobierno. Sí señores, dejen la hipocresía: una farsa. Eleven sus voces al aire y protesten todo lo que quieran, por cada uno de los que realmente mantienen ese ayuno alcohólico con piedad hay diez que beben en su casa, que digo diez, veinte. Todos lo sabemos, es un secreto a voces. Las ventas de bebidas alcohólicas se disparan el día anterior en los chinitos y supermercados. Y el Sábado de Gloria es uno de los días en el año con más cantidad de borracheras per cápita. Entonces, ¿de qué estamos hablando? ¿Estamos hablando de que lo del decreto de no beber es solamente de la puerta de la calle para afuera? Eso se llama hipocresía, y la hipocresía es una forma de mentira, y la mentira es un pecado, señores, y ustedes deberían confesarse de todos sus pecados en Semana Santa, ¿no? Arrepentirse, confesarse y no volver a pecar.
Es una hipocresía que en los restaurantes, el turista que no está acostumbrado a esas tonterías no se pueda tomar una cerveza con su comida, mientras que ustedes, en sus casas de playa, se están sirviendo de su bien surtido bar. Es una hipocresía multar a las cantinas que venden licor y no controlar a los minisuper que te venden las cervezas bajo cuerda. Son todos ustedes unos hipócritas. Y ocurre lo mismo en todo el resto de las fechas en las que se decreta ley seca, que en teoría es por respeto, ¿respeto a qué?, ¿respeto a quién?, ¿por qué no respetan mi deseo de tomarme una cerveza? El respeto al derecho de todos es la paz, como bien dijo la semana pasada uno de mis lectores. Yo respeto a aquellos que desean hacer el sacrificio, pero no a los que quieren hacer creer que lo hacen. Falsos piadosos que se golpean el pecho delante del altar y que por dentro están llenos de mentira. Yo respeto a los que creen, pero no a los que fingen creer.
Pero si realmente lo deseas, si estás convencido que de que en determinado día no debes beber, no necesitas que el gobierno te ayude. Si tu fe y tu recogimiento son suficientes no debería importarte que enfrente haya gente celebrando. La fe no se crea por decretos. Y el mismo derecho tienes tu de rezar al dios que quieras como tiene el otro de no creer en ese dios.
No seamos hipócritas señores, no continuemos manteniendo una farsa, movámonos hacia delante, hacia la libertad y el respeto. Pero el respeto real, el que surge de la conciencia personal, el que se aprende en casa, el que se muestra no solo un día al año sino todos y cada uno. El día que eso ocurra no se necesitarán más decretos de ley seca. Y los gobiernos ya no necesitarán tratarnos como si fuéramos niños imbéciles.