Entre 5,9 y más de 27 millones de niños y jóvenes de hasta 25 años de edad caerían en la pobreza para el 2030 a causa de la crisis climática en América...
El amor por nuestros bebés en el cielo: la transformación del duelo al servicio



- 30/08/2025 00:00
Marco Aurelio, Aura y Mauricio viven en el cielo. Sus madres los disfrutaron tanto como pudieron en la Tierra. Su partida les causó heridas profundas, pero las llevó a construir una comunidad dedicada a orientar a familias que también han sufrido la pérdida de un bebé.
Huellas de Ángel es el nombre de la fundación que brinda apoyo a las personas que experimentaron una pérdida perinatal (durante el embarazo), gestacional (justo después del nacimiento) e infantil (hasta los cuatro o cinco años). A través de esta organización sin fines de lucro, las familias pueden encontrar un lugar donde contar su historia y conocer a otras a través de reuniones presenciales o virtuales, a las que asisten familias incluso de otras partes del país. La atención psicológica también está disponible para quienes la necesiten.
Uno de los pilares fundamentales de la Fundación Huellas de Ángel es capacitar al personal médico de hospitales públicos y privados sobre temas de acompañamiento, empatía y apoyo emocional ante este tipo de pérdidas. Hasta la fecha, 3,000 profesionales de la salud han pasado por esta ONG.
Otra de las iniciativas es donar a los hospitales públicos y privados una “Cajita de recuerdos”. Dentro, las familias pueden encontrar una cunita para bebés de las 20 a 25 semanas, un espacio para colocar una fotografía del bebé o del ultrasonido, en caso de una pérdida gestacional; un envase para guardar un mechón de pelo y un dije de corazón partido a la mitad, destinado a repartirse entre el bebé y la familia. También incluye una tarjeta con información de contacto de la fundación, que ofrece acompañamiento personalizado.
“Si tú eres abuelita del bebé, te va a llegar un email de parte de una abuelita. Si tú eres tía de un bebé que falleció, te va a llegar un mensaje de una tía, te va a dar tips, te va a acompañar a ti como tía”, explicó Mariangelica Lasso, una de las diez socias fundadoras.
La cajita también contiene un papel para poner un sello con las manos y los pies del bebé, junto a una carta de la Fundación Huellas de Ángel. “No te voy a leer la carta para que no llores ahorita”, expresó Mariangelica con una sonrisa. “Por último y no menos importante, un certificado de vida, que aunque haya sido pequeñita, valió y le puedes poner su nombre si se tenía, también se puede colocar cuánto pesó o midió. Estos datos son importantes para nosotros, para hacer efectivo el proceso de cierre”, dijo Lasso, quien se formó en Tanatología —la ciencia del duelo y la muerte— después de perder a su bebé.
Marco Aurelio dejó la Tierra el 14 de septiembre de 2015. Mariangelica tenía siete meses y medio de embarazo. Esa mañana habían puesto la cuna y, en la noche, tuvieron que recogerla. Nunca se determinó la causa del fallecimiento, a pesar de que se realizaron todos los exámenes médicos. “No solo tenemos los hijos que se nos ven en la calle, contamos siempre a nuestro hijo en el cielo”, relató la madre, con una alegría que solo reflejaba fortaleza y esperanza.
Cuando el Blog Aguacate, con cautela, preguntó a las madres si deseaban contar su historia, Annalisa Ortega respondió con emoción y rapidez: “¡Mira, aquí todas queremos contar la historia, tranquila!”.
Aura nació el 1 de junio de 2016. En la semana 35 de embarazo, Analissa entró en labor de parto con contracciones. Algo estaba mal porque no sentía a Aura en la barriga. La madre fue al baño y botó el tapón cervical. Aquello no lo había hecho, pues Paz, su primera hija, había sido por cesárea. Analissa llamó a su doctor, pero él no estaba disponible. Le indicó que fuera a su clínica para ser atendida por otro médico. Ahí le realizaron un ultrasonido. Cuando Aura nació, le dijeron que todo estaba bien, que lo peor que podría pasar era que no la viera hasta después de 24 horas, pues la bebé no contaba con la inyección para los pulmones.
Mientras hacían los exámenes protocolarios, Analissa observaba las manecillas del reloj moverse. Se estaban tardando demasiado. Empezó a rezar, esperando un milagro. De repente, el médico pidió que sacaran al esposo. A los 15 minutos, le dijo que su bebé, Aura, ya no estaba. Con una calma que ella misma desconocía en ese momento, solicitó que trajeran a su esposo de vuelta y le pusieran a la bebé en el pecho. “Cuando él entró, hizo un sonido horrible”, describió ella. “No se me olvida”.
El pediatra sugirió que se tomaran una foto; el esposo rechazó la idea. Pero el médico insistió: “Yo les voy a tomar la foto y si en seis meses ustedes no me la han pedido, yo la borro”, dijo. Entonces, aceptaron. “Es el tesoro más grande que yo tengo, es la foto de nosotros tres juntos. Esa es una de las razones por las que nosotros hacemos la Cajita de Recuerdos y hablamos de las fotos, porque la gente piensa, ‘qué morbo tomarle una foto a un bebé muerto’. No. Es un recuerdo. Mi esposo después tomó otra, pero yo prefiero esa en la que ella está encima de mi pecho, con mi esposo abrazándome”, contó.
En el caso de Mauricio, Natalie Medina cuenta que cuando él tenía dos meses, se empezó a poner amarillo. Una amiga pediatra le sugirió realizarle un examen de bilirrubina, solo para estar seguros de que no era la bilirrubina roja, la mala. Pero los resultados apuntaron a que sí se trataba de eso. Mauricio pasó de ser atendido en un centro médico privado al Hospital del Niño, y luego, en Estados Unidos. “Nos salvamos, hemos llegado”, pensó con alivio la madre.
A Mauricio le hicieron pruebas genéticas que, por su complejidad, se estudiaban en Alemania. El bebé falleció antes de que llegaran los resultados, que más adelante, indicaron que padecía de una enfermedad rara que afectaba su hígado.
“Sentía un corte tan grande que pensé que mi vida se había acabado. Pero al llegar a Panamá y ver a las madres de Huellas de Ángel, noté esperanza. Yo sentía que ellas estaban bien, sus caras así bonitas, tenían blower y color en las mejillas. Otras habían tenido hijos después, unas tenían viajes planeados. Me dio mucho aliento ver a gente que sí siguió normal. Pensé que si ellas pudieron, yo también”, dijo Natalie, con voz entrecortada.
Las muertes de los bebés son un tema que se evita por temor. Son dolorosas como otras pérdidas, pero se prefiere no nombrarlas, y eso hace que las personas elaboren el duelo de una manera poco saludable. “Nosotras nos esforzamos tanto por hablar de eso como algo que es parte de la vida, eso va a suceder”, explicó Mariangelica, quien además de especializarse en Tanatología, lanzó un libro llamado “Marco Aurelio: Historia de una madre y su bebé en el cielo”, que relata su experiencia.
“Los humanos no estamos preparados para enterrar hacia abajo, sino hacia arriba. A nuestros padres, a la gente mayor o de nuestra misma edad, pero un hijo es algo impensable. Entonces, la gente no sabe cómo reaccionar y lo primero que hace es no querer hablar del tema. Es como: ‘no le menciones a su bebé porque se pone brava. No le preguntes cómo pasó porque la vas a poner triste’. Uno está triste siempre. Que tú me lo menciones, lo que haces es darme un regalo para permitirme a mí hablar de él o de ella, que es lo que más quiero hacer todos los días de mi vida”, explicó Analissa Ortega.
Para Natalie, el hecho de estar acompañada le brindó fortaleza y seguridad, fue un bastón importante en su vida. “Si uno puede utilizar su dolor y ponerlo al servicio del otro, esa es la manera de sanar más hermosa del mundo; cada vez que nosotras damos una entrevista, o hacemos un evento, estamos sanando nuestra propia herida y por eso siempre lo queremos hacer. Porque es un amor para nosotros”, manifestó.
La Fundación Huellas de Ángel, dirigida por 10 madres socias fundadoras, se encuentra celebrando una campaña en la que con una donación, puedes hacer que una familia reciba de forma gratuita una de estas cajitas en un hospital público o privado, para que puedan recordar y honrar a su bebé. Tu contribución también ayudará a financiar las consultas psicológicas.