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Fundación Rescate de Alimentos es la protagonista de la Gala de Bristol 2026
- 13/09/2026 00:00
Es momento de celebración. Hay música en vivo, los invitados se van acercando a las mesas dispuestas para la cena en el salón Gran Colonial del Hotel Bristol. En la terraza destacan obras del artista Daniel Thomas Baker, ‘Insano’, piezas que brindan homenaje a la vida marina y a nuestra relación con el océano, la naturaleza y el alimento. También se exhiben en diversas estaciones, bolsos, pulseras, carteras y otras piezas hechas a mano y confeccionadas con residuos textiles, de la marca Jumara Juwa.
Se trata de la II gala del Bristol Panamá, este año junto a la Fundación Rescate de Alimentos y el programa Hilos que vuelven a casa.
Antes de iniciar el servicio de la cena, Marcela Steffens gerente general del hotel dio la bienvenida a los asistentes. “Esta noche nos hemos reunido alrededor de una mesa extraordinaria. Una mesa creada con el talento de grandes chefs, con ingredientes seleccionados con dedicación, con amor por la gastronomía y con esa entrega y compromiso que identifica a todos los panameños”.
Steffens invitó a los asistentes a mirar más allá de platos deliciosos y preparados con mucho amor. A disfrutar la cena entendiendo “que esto es un privilegio que no todos tenemos, que hoy estamos reunidos disfrutando este momento, pero que para muchas familias tener un plato en la mesa significa todo un desafío”.
La Gala Bristol 2026 nace de una alianza con la Fundación Rescate de Alimentos en Panamá y de la admiración y la empatía que el Bristol siente por esta labor que transforma alimentos que normalmente se consideran mermas y no se aprovechan, en esperanza y en dignidad para aquellos que lo necesitan, expresó la gerente general.
“Durante años hemos hablado del lujo, un lujo que hace parte de nuestra esencia, pero para nosotros el verdadero lujo representa la conexión con los seres humanos. La conexión con nuestros huéspedes, la conexión con nuestros colaboradores, la conexión con la comunidad”, aseguró Steffens.
Y qué mejor momento para celebrar este evento que el décimo aniversario de la Fundación Rescate de Alimentos. El chef Hernán Correa Riesen, presidente de la fundación compartió con los presentes algunas estadísticas demoledoras: “400 000 panameños y panameñas solo tienen acceso a una comida al día. El 6% de nuestra población en Panamá no tiene garantizada su próxima comida. Comen ahora y no saben cuándo va a venir ese próximo plato de comida”. Estos datos se suman a otros que ante esta realidad se tornan desconcertantes: “Merca Panamá genera 30 toneladas de desperdicio diario. El mercado del Marisco unas 10 toneladas diarias y San Felipe Neri, 2.5 toneladas diarias”.
Fundación Rescate de Alimentos se enfoca en transformar esos alimentos que ya no tienen un valor comercial, pero aún tienen valor nutricional y pueden ofrecer esperanza a una población que la necesita.
Correa manifestó su complacencia en poder concretar este evento que visibiliza el trabajo de esta agrupación y agradeció al Hotel Bristol y a todo su equipo humano por el apoyo brindado.
“El día de hoy van a poder apreciar lo que se logra con un producto que en teoría perdió su valor comercial, como bien lo dijo Hernán, pero que realmente sigue siendo completamente útil”, dijo Helga Barría, miembro de la junta directiva de la fundación a la concurrencia. “Hoy no nada más vamos a ver qué se hace con los alimentos que considerados merma, sino que además vamos a ver lo que es la cocina de aprovechamiento, que es utilizar al máximo el producto en todas sus diferentes formas”, detalló.
La II Gala del Bristol combinó gastronomía, arte y moda, todo unido al propósito de aportar a proyectos con valor comunitario.
Durante la cena se llevó a cabo una subasta silenciosa de las obras del artista Insano, todo a beneficio de la Fundación Rescate de alimentos. Además, se ofrecieron a la venta los productos del proyecto “Hilos que vuelven a casa”, una iniciativa comunitaria y de economía circular de la comunidad Emberá de Ipetí, en el que 26 mujeres transforman uniformes que han cumplido su cuota de uso en carteras artesanales y productos utilitarios, a través de la marca la marca Jumara Juwa (Las manos de todas).
“Me siento muy contenta de poder estar con ustedes esta noche porque cuando la voz de las mujeres indígenas se hace sentir, es un reconocimiento a nuestras luchas, a nuestra resistencia, a la reivindicación de nuestra identidad”, dijo Sara Omi, líder comunitaria de Emberá Ipetí al dirigirse al público.
Omi recalcó que “no queremos seguir estando en las estadísticas de la vulnerabilidad, porque cuando se habla de una mujer indígena o de los pueblos indígenas, solo se habla de esa cara vulnerable, de esa cara invisible de la pobreza”, mientras que como mujeres lo que buscan es “romper todas esas brechas de desigualdades, pero transformándolos desde nuestra propia visión, desde nuestros propios conocimientos tradicionales que queremos ofrecer a la sociedad en general y al mundo”.
Hilos que vuelven a casa ofrece la posibilidad a un grupo de mujeres indígenas de poder proveer a sus hogares sin la necesidad de salir de su comunidad. “[Las mujeres indígenas] quieren emprender desde el territorio, quieren mantener ese legado espiritual cosmogónico y de transformar también nuestros territorios, aprender también a seguir queriendo a nuestra madre tierra que está enferma y que necesita de nosotros para poder seguir reparándola, cuidándola”, destacó. Que su aporte al desarrollo de sus comunidades no represente abandonar su identidad.
La cena de la gala estuvo preparada por las manos de los chefs Patricia Miranda, Jennifer Vernice, Ligia Alvarado de Riesen, Krystal Villarreta, Iris Gonzalez, Javier Chávez, Alfonso De La Espriella, Enrique Hendricks, Roberto Stizzoli, Francisco Castro, Domingo De Obaldia y Hernán Correa. Aunque el menú se fue armando con una lluvia de ideas en la que todos aportaron, finalmente a cada plato se le asignó un responsable.
La cena inició con un amouse bouche: unas empanaditas de cáscara de plátano por el chef Domingo de Obaldía. Se acompañaron con sofrito de tomate ahumado. Hago la aclaración de que la cáscara de plátano es el relleno, las empanaditas son de maíz. Al cortarlas observamos un contenido que muchos confundieron con carne no solo por su aspecto sino incluso por su sabor. El sofrito ayuda a mojarlas y a dar un toquecito extra de sabor.
Seguimos con un primer tiempo, creación de la chef Patricia Miranda: una croqueta de pixbae y queso añejo con mermelada de tomate de árbol. La croqueta es delicada, el queso le da un toque de cremosidad. La mermelada de tomate de árbol tiene un toque picantito.
El segundo tiempo Open blue cobia con miso de frijol chiricano y ceviche de remolacha. El chef Alfonso De La Espriella preparó el ceviche con remolachas badger flame y chioggia, variedades que tienen un color y sabor más suave y dulce que las remolachas tradicionales, lo que hace que, en lugar de esconder a la cobia, la resalte. Unos platanitos con cáscara acompañaron el plato para dar un toque crocante.
Un sorbete de frutas tropicales preparados por el chef Hernán Correa marcó el cambio de sabores. El sorbete fue preparado con piña, melón, fresa, guineo, manzana, pera, mandarina, naranja, ciruela, mango y limón.
Siguieron los platos fuertes en el tercer tiempo: una pasta al ragú criollo de lomo y chorizo tableño preparada por el chef Roberto Stizzoli. Stizzoli trabajó con una buena cantidad de vegetales, el chorizo tableño lo utilizó en la proporción usual de carne de cerdo para el ragú. En palabras del chef, fue un ragú con técnicas tradicionales italianas pero con sabores completamente panameños. El spaghetti con lomo ha sido un plato recurrente en los restaurantes italianos panameños con más edad.
Continuamos con un dúo de res, con puré de rescate y hierbas del huerto Cerro Brujo.
Duo de res con emulsión de cebolla, puré de rescate zanahorias quemadas, hongos y pifias. Los chefs Enrique Hendricks y Francisco Castro estuvieron a cargo del plato que incluyó una porción de carnes con cocción larga y luego deshebradas acompañada de unas lascas de filete.
Finalizamos con el postre, una Mamallena preparada por Doña Ligia Alvarado de Riesen, abuela del chef Correa. De consistencia compacta, pero suave y con un sabor equilibrado (ni muy dulce ni con mucho sabor a pan). Se acompañó con un helado de especias y caramelo de papaya y tomate heirloom de la chef Jennifer Vernice.