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- 08/03/2015 01:01
Gabo, el periodista. Gabo, escritor. Gabo la figura mediática, cuya muerte estremeció a todo un continente. Tal como lo describe el periodista Darío Arizmendi, el desaparecido novelista: ‘era una personalidad de muchos contrastes’. Le tenía miedo a los aviones, pero se la pasaba viajando alrededor del planeta. Era descrito como tímido, sin embargo cuando entraba en confianza podía ser extrovertido, un verdadero ‘gocetas’, como lo describe Arizmendi, a quien le encantaba la ranchera, la salsa, el son cubano y, paradójicamente, la música clásica.
Otro de sus múltiples contrastes, como lo señala el autor, que el viernes pasado presentó su libro Gabo, no contado en un hotel de la localidad, era el de profesar el rigor en el periodismo y la imaginación en la literatura. ‘Solía decir: los hechos son los hechos y hay que presentarlos tal cual sucedieron, con rigurosidad y precisión, con una comunicación clara, con mucho reporterismo, ofreciendo las distintas caras que tiene cada acontecimiento; que sea un periodismo narrativo, pero preciso, que refleje realmente la realidad’, indicó.
Pero había casos en los que el periodismo se enriquecía con reverberaciones literarias, lo que podía suceder cuando ‘Gabo’ cultivaba otros géneros, como podían ser el reportaje en profundidad, la crónica y la investigación periodística. ‘El periodismo fue la base para que llegara a convertirse en un gran novelista. La formación suya fue de índole autodidacta. Era un gran lector, por lo que conocía a muchos escritores del mundo entero, y del ‘boom’ latinoamericano’, señaló el periodista.
Como ejemplo de la fusión entre periodismo y literatura, Arizmendi destaca Crónica de una muerte anunciada , que describe como un ‘libro periodístico que corresponde a hechos reales’. Comenta que los hechos narrados en la obra son reales, aunque ‘Gabo’ cambió el nombre de las personas que los protagonizaron. Añade que el Nobel colombiano también agregó elementos narrativos, descriptivos y literarios, cinéndose siempre a la realidad. ‘Es un libro periodístico y literario’, precisó.
Al momento de describir a García Márquez, con quien entabló amistad en 1982, Arizmendi lo recuerda como un ‘hombre fundamentalmente bueno, que tenía una curiosidad universal extraordinaria e inquisitiva, que se preciaba de saber de todo, porque era muy buen lector, porque se rodeaba en cada campo con los mejores, con los que más sabían’.
MEMORIAS VIVAS
Arizmendi destaca que a diferencia del escritor que el público conoció a través de entrevistas, artículos, comunicados y manifiestos, y a quien muchos consideraban arrogante por entablar amistad con los poderosos, a él le tocó tratar a un García Márquez ‘mamagallista’, alegre y simpático.
Fue una actitud que asegura que mantuvo hasta sus últimos años, a pesar de los estragos provocados por lo que Arizmendi cataloga como una ‘amnesia senil’ producto ‘de los años y el desgaste neurológico’.
Recuerda que se enteró del fallecimiento de García Márquez cuando se encontraba en una finca situada a dos horas de Bogotá. ‘Aunque vivía al tanto de la evolución de la salud de Gabo, la noticia del deceso final me tomó por sorpresa. Inmediatamente mi cabeza comenzó a rescatar cosas que tenía guardas en el disco duro. En ese momento sentí muy viva su memoria’, destacó.