Los integrantes del Grupo USAR Panamá relatan a ‘La Decana’ sobre las jornadas de búsqueda junto a sus canes en la zona cero del terremoto, las historias...
- 17/11/2019 00:00
Interioridades
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Agrega La Estrella en Google ↗️Las tripas son asquerosas. A ver, entiéndanme, no nos lo parecen cuando ya están limpitas y rellenas con la carne molida y adobada, con sus especias, atados los chorizos y colgadas las ristras para que se ahúmen. O cuando están el rumen, el retículo, el omaso y el abomaso ahí, bien cociditos y guisaditos, con su salsita picantosa y sus garbancitos, pues no, así no son asquerosas, son deliciosas, y hacen salivar.
Pero imagínenselas ustedes, humeantes, escurrirse como una catarata desde el tajo en el vientre, tripas resbaladizas y llenas de comida a medio digestir y de heces sin evacuar. El olor a muerte que llega, el velo en los ojos que deja la vida que se va.
Las tripas no son agradables. En realidad, para los seres bienpensantes y más que victorianos en los que nos estamos convirtiendo, todo lo que tenga que ver con procesos corporales internos, sobre todo los que se relacionan con el proceso digestivo, está mal visto: eructar, cagar, peer. Hasta los verbos provocan un estremecimiento de asquito. ¿Verdad?
Las tripas tienen que funcionar como relojes, pero no sonar. Y desde luego, no debemos verlas. Por lo menos no queremos ver las nuestras, porque las ajenas, sobre todo si las que se exponen son las del otro al que detestamos, si las vísceras al aire son las del enemigo, nos regocijan al caer, chapoteantes, sobre el suelo. Así como se alegraron los griegos cuando “(…) el divino Aquiles, ligero de pies, hundióle la lanza en medio de la espalda, (…) y la punta salió al otro lado cerca del ombligo; el joven cayó de rodillas dando lastimeros gritos; obscura nube lo envolvió; e inclinándose, procuraba sujetar con sus manos los intestinos que le salían por la herida”.
Las redes sociales son el circo. El Coliseo, donde miles de seres vociferantes se excitan cuando ven saltar la sangre. Y aunque al final los que mueren son pocos, (muchos menos de los que les gustaría ver escamochados a unos espectadores y a los otros), el espectáculo de gladiadores mantiene entretenido al populacho.
Nos gustan las tripas regadas por la arena, el gesto de estupor de aquel al que le han encontrado el espacio en la armadura y por allí metieron la espada certera. Pero, desde luego, nos rehusamos a que el mondongo expuesto sea el nuestro. Eso es injusto y no puede permitirse. Alguien tiene que hacer algo, los hijos avergonzados no pueden ser los míos, la tranquilidad expuesta no puede ser la mía. La del otro, sí.
El ser humano es cruel por naturaleza. Somos malos. Disfrutamos siéndolo. Nuestros instintos asesinos están cubiertos por una capa muy fina de educación, cultura, religión y miedo al castigo. Cuando esa capa se debilita, afloran los dientes de la fiera. Para aquellos que nieguen, cabeza bamboleante y chasquido de lengua, lo que están leyendo, recomiendo que busquen el video de la performance de Marina Abramovic "Rhythm O", quizá se den cuenta entonces de lo fácil que es dejarse llevar por los instintos. Pegarle al que no se defiende. Hacer leña del árbol caído. Pisotear las tripas del que ya solo usa las manos para tratar de sostenerlas dentro de su cuerpo.
El ser humano es una alimaña. No somos más que bestias tratando de salir del albañal mientras devoramos al que ha caído. Caníbales ahítos de vísceras clamando por nuestra propia integridad.
Revuelvo la mirada y no sé qué me da más asco, si las tripas llenas de mierda que se exponen en las redes, o los gochos hozando el chiquero buscando algún pedacito más para poder devorarlo.