Marie Claire González: la mujer que abrió caminos para otras y dejó una conversación pendiente

  • 14/07/2026 00:00
La empresaria panameña dejó un legado en innovación, liderazgo femenino y transformación digital que marcó a miles de personas dentro y fuera del país

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Hay personas cuya ausencia pesa desde el primer minuto. No solo porque ocupaban espacios de liderazgo o porque acumulaban reconocimientos, sino porque parecían tener una capacidad inusual para hacer que otros creyeran en sí mismos.

Así recuerdan hoy a Marie Claire González.

Empresaria, escritora, conferencista y CEO de Xplor Digital Experience, falleció este fin de semana a los 39 años, dejando un vacío que se extendió rápidamente por Panamá y Centroamérica. La causa de su muerte no ha sido confirmada oficialmente.

Durante años construyó una carrera dedicada a la innovación, la tecnología y el liderazgo femenino. Pero también convirtió sus plataformas en espacios donde hablaba de salud mental, resiliencia y de las heridas emocionales que muchas veces permanecen ocultas detrás del éxito.

Su última publicación en Instagram llevaba un título que hoy resuena con especial fuerza: “Hay golpes que no se ven”.

No era un mensaje de emprendimiento ni de negocios.

Era una invitación a reconocer el abuso psicológico, a escuchar a quienes sufren en silencio y a recordar que nadie debería enfrentar ese dolor en soledad.

Quienes la seguían conocían a la mujer de los escenarios, de las conferencias internacionales y de las ideas innovadoras. Quienes compartieron con ella también recuerdan a alguien cercana, espontánea y generosa con su tiempo.

“Ella era de escribirte de repente para decirte que almorzáramos”, recuerda un conocido que prefirió mantener su identidad en reserva.

Su relación nunca fue la de dos amigos inseparables. Se encontraban de manera esporádica, coincidían en eventos, intercambiaban consejos profesionales y, de vez en cuando, compartían una conversación alrededor de una mesa.

“Había una afinidad. Pasaban meses sin hablarnos y de repente nos escribíamos otra vez”, cuenta.

Hace apenas unos días, Marie Claire volvió a enviarle un mensaje.

Quería ir a conocer un restaurante nuevo.

Él estaba ocupado. Revisó el horario del lugar, le respondió y quedaron en coordinar.

Ese encuentro nunca ocurrió.

Poco después recibió otro mensaje.

“Me dijo que tenía tanto que contarme.”

En ese momento pensó que hablaba de proyectos profesionales. Habían conversado anteriormente sobre cambios laborales y creyó que quería compartir alguna buena noticia.

“Nunca imaginé otra cosa”, recuerda hoy.

Con la noticia de su muerte, aquellas palabras adquirieron un significado completamente distinto.

“La impotencia es horrible”, dice con la voz quebrada.

No porque crea que hubiera podido cambiar lo ocurrido, sino porque, como tantas otras personas, quedó con la sensación de una conversación inconclusa.

Ese sentimiento parece repetirse entre quienes la conocieron.

Mensajes que quedaron sin responder.

Almuerzos pospuestos.

Llamadas pendientes.

Palabras que ya no alcanzaron a decirse.

Pero reducir la historia de Marie Claire González a sus últimos días sería ignorar una trayectoria que abrió puertas para miles de personas.

Como directora ejecutiva de Xplor Digital Experience lideró el desarrollo del primer sistema de autogestión con biometría y prueba de vida avalado por el Tribunal Electoral, una innovación que ha beneficiado a más de tres millones de personas.

También fue una de las impulsoras de la Ley 56 de 2017, que estableció una cuota mínima del 30 % de mujeres en las juntas directivas de Panamá, convencida de que el liderazgo debía construirse con más oportunidades para ellas.

Su nombre apareció entre las Mujeres Poderosas de Forbes Centroamérica, un reconocimiento reservado para líderes que han transformado sus sectores mediante innovación, visión y capacidad de impacto.

Sin embargo, quienes trabajaron con ella coinciden en que los premios nunca fueron el centro de su identidad.

Su verdadera obsesión era inspirar.

Lo hacía desde los auditorios, desde sus libros, desde las mentorías y también desde las conversaciones privadas con personas que buscaban orientación para emprender o reinventarse.

Creía que el conocimiento solo tenía sentido cuando era compartido.

Por eso hablaba de tecnología con el mismo entusiasmo con el que hablaba de autoestima.

De liderazgo con la misma pasión con la que hablaba de autenticidad.

Y de innovación sin olvidar nunca que detrás de cada proyecto había personas.

En las últimas semanas, sus publicaciones comenzaron a mostrar una faceta mucho más íntima.

Habló públicamente del impacto que, según su propio testimonio, tuvo el abuso psicológico en su vida. Lo hizo para advertir que existen heridas invisibles y para animar a quienes atravesaban situaciones similares a buscar apoyo en sus seres queridos y no enfrentar solos ese proceso. Sus publicaciones reflejan su experiencia personal y no constituyen una determinación judicial sobre responsabilidades individuales.

Hoy, esas palabras vuelven a circular con una fuerza distinta.

No como una explicación.

Tampoco como una respuesta definitiva.

Sino como el último gran tema que decidió visibilizar.

La conversación sobre la salud mental.

Sobre el peso de las violencias que no dejan marcas visibles.

Y sobre la importancia de escuchar cuando alguien decide hablar.

Quizá ese sea también parte de su legado.

Porque Marie Claire González no solo impulsó leyes, empresas o proyectos tecnológicos.

Impulsó conversaciones.

Convirtió experiencias difíciles en mensajes para otras mujeres.

Abrió espacios donde antes había silencio.

Y recordó, una y otra vez, que el éxito profesional nunca debería impedirnos mirar la dimensión humana de quienes tenemos al lado.

Su historia termina demasiado pronto.

Pero las causas que defendió —la innovación, el liderazgo femenino, la participación de las mujeres y la necesidad de hablar abiertamente sobre la salud mental— seguirán siendo parte de la conversación que ayudó a construir.

A veces el verdadero legado no está únicamente en lo que una persona creó.

Está, sobre todo, en las vidas que tocó mientras lo hacía.

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