Panamá defiende ante China fallo sobre el Canal y la separación de poderes, exigiendo respeto a su soberanía y Constitución ante la OEA
- 26/05/2010 02:00
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Agrega La Estrella en Google ↗️Una reflexión a las cuestiones que le preocupan al escritor. Un canto a la tolerancia. Un manifiesto en contra del sectarismo. El libro Identidades asesinas , de Amin Maalouf, ofrece múltiples lecturas. La obra consta de cuatro ensayos: “Mi identidad, mis pertenencias”, “Cuando la modernidad viene del mundo del otro”, “La época de las tribus planetarias” y “Domesticar la pantera”.
Actualmente, Amin Maalouf se encuentra exiliado en Francia. El hecho de ser árabe y cristiano, melquita católico de nacimiento, francés y libanés, rebela su identidad: “vengo de una familia originaria de sur de Arabia que se estableció hace siglos en la montaña libanesa, que tiene el orgullo de haber sido siempre a la vez árabe y cristiana”, apunta el escritor.
Cuando concebimos nuestra identidad integrada por múltiples pertenencias, ligadas a una historia étnica o tradición religiosa, a diversos mestizajes e influencias sutiles y contradictorias, se establece una relación distinta con los demás y los miembros de nuestra propia tribu. Esto puede empujar a los seres humanos a las conductas más extremas: una amenaza a su etnia, religión o nación. Convencidos de que se trata de una medida para preservar la vida de los suyos, exhiben con ostentación los rasgos que los hacen diferentes. Todo lo contrario a cuando se siente respetados.
La religión es tolerancia y no odio. Cuando se hace algo condenable en nombre de una doctrina, cualquiera que sea, ésta no es la culpable. Los talibanes de Afganistán no tienen nada que ver con el Islam, así como la Inquisición no tuvo nada que ver con Cristo. Quien se sitúa dentro de un sistema religioso tiene pleno derecho de afirmarse en una determinada interpretación de esa doctrina y no en otra. Muchas sociedades han sabido encontrar las citas sagradas que justificaban sus prácticas del momento. A lo largo de la historia se ha perseguido, torturado y matado en nombre de la religión y las más altas autoridades de la iglesia aceptaron el comercio de los esclavos y el sometimiento de la mujer. Las peores calamidades en materia de despotismo, persecución, anulación de libertades y de la dignidad humana son imputables al fanatismo de doctrinas nacionalistas y religiosas.
Intentar comprender por qué en la historia humana la afirmación de uno ha significado la negación del otro es una empresa de evidente futilidad. Es posible ser fieles a nuestros propios valores sin vernos amenazados por los de los demás.
Somos depositarios de dos herencias: la de nuestros antepasados, tradiciones de nuestro pueblo; y el producto de nuestra época, de nuestros contemporáneos. Todos debemos asumir nuestra propia diversidad.